Fidel ha muerto: ¿cómo leer su historia?

TORONTO, ON: Fidel Castro. Photo taken by Boris Spremo/Toronto Star Feb. 1, 1976. (Boris Spremo/Toronto Star via Getty Images)

Antes de Fidel, ya había movimientos populares en América Latina, los hubo durante toda su vida, y también después de su muerte los habrá. Eso no para. Pero la revolución de la que él fue parte, de la que él fue líder, sí fue excepcional: tanto porque le hizo ver al mundo, y a los propios latinoamericanos, que América Latina podía construir su propio proyecto y su propia autonomía, tanto porque ha servido de experiencia madre de otras revoluciones y de otros intentos por transformar la realidad. Fidel y Cuba se han convertido en un eterno referente de que es posible hacer, de que es posible transformar, aunque esa posibilidad conlleve también fracasos, derrotas y errores.

Ninguna revolución es perfecta, porque tampoco las personas lo somos. Pero quizás hoy más que nunca, cuando podría ser fácil hacer críticas mordaces a Fidel y a la Revolución Cubana, es más importante recordar aquellas promesas que dieron fuerza y esperanza a ese movimiento. Las lecturas agrias, que solamente ven en Cuba la concreción del fracaso de uno de los sueños más radicales que se han soñado, olvidan que los procesos sociales no son perfectos, ni lineales. Todo proyecto deja tareas pendientes.

Quizás haya que empezar a leer nuestros fracasos y derrotas en otra clave, en clave de promesa:

En cierto modo, el valor de la posibilidad, de lo potencial y de lo latente, hace que la obra incompleta transmita más, o al menos algo muy diferente, que aquello que está terminado. En ocasiones, el deseo es más importante que su cumplimiento. (…) Así vista, la incompletud de una obra puede ser síntoma, más que de un fracaso total, de una promesa latente (…) (Vía: Grecia Monroy, El fracaso como promesa…)

Esto no es una defensa tajante de Fidel y de sus errores, que cometió muchos, sino una defensa de los intentos por transformar el mundo. Las narrativas del fracaso y de la derrota, que también son muchas, suelen llevarse con ellas la esperanza, esa fuerza base de toda revolución, de todo proceso transformador.

Tampoco es una defensa acrítica. No se trata de olvidar aquello que la Revolución Cubana hizo mal. Pero creo que en años donde comienzan a morir figuras que se convirtieron en referente de algunos de los intentos más potentes de transformar al mundo, hace falta recuperar la historia no sólo de los acontecimientos o de las políticas, sino la historia de los afectos, de los deseos, de las esperanzas y de las voluntades.