Si el mundo se acaba por una guerra nuclear, ella será la última voz que escuchemos

Si el mundo llega a terminar en medio de explosiones nucleares, lo más seguro es que lo último que escuchemos (además de las alarmas) sea la voz de Ri Chun-hee, una presentadora de noticias norcoreana.

Después de que el domingo el régimen de Kim Yong-un realizara una sexta prueba nuclear y se desatara toda una gama de respuestas de Japón, Corea del Sur y el gobierno estadounidense (pues Pyongyang está cada vez más cerca de ser capaz de lanzar bombas nucleares a los Estados Unidos), quizá lo que sea más oportuno es conocer qué ocurre dentro de las fronteras de uno de los países más aislados del mundo. (Vía: Washington Post)

Irónicamente, buena parte de lo que conocemos de Corea del Norte parecen más datos de trivia o propaganda anti comunista que datos reales. Muchas de esas “exageraciones” forman parte del mito de los tres Kim que han gobernado el país; pero muchas han sido casi historias de ficción construidas sin fuentes, sin forma de verificarse ni otra información más que hacer de Corea del Norte un país de chiste (porque tendemos a reírnos nerviosamente de lo que no conocemos).

Ri Chun-hee fue, hasta el 2012, la principal voz de la agenda “noticiosa” NKCT, la única cadena de televisión del país y principal vía de comunicación de Kim Yung-un con la población general. Generalmente vestida con un hanbok rosa (el nombre del vestido tradicional de la cultura coreana), pero también, a veces, con trajes militares o conjuntos más “occidentales” también en rosa, Ri regresó a las cámaras luego de que incrementaran las tensiones entre las dos Coreas en 2006 tras su primera prueba nuclear exitosa.

Desde entonces, Ri es la voz oficial de las pruebas balísticas y nucleares exitosas; ha sido a través de ella que los demás países se han enterado de sus pruebas (incluso aquellas que, aunque fracasaron, fueron anunciadas como éxitos), y es su tono belicoso y casi a gritos lo que le ganó un espacio en la mente de los Kim.

La tensión entre Seúl, Tokio y Washington nunca había estado tan alta y, en buena medida, es gracias a la actitud y al lenguaje general de Donald Trump, que entre amenazas e idioteces ha generado una bola de nieve que podría tener consecuencias terribles para todo el mundo.

La única “buena” noticia que podemos sacar de todo esto es que alguien, aaaalguien, va a estar feliz de que el mundo termine… aunque no seremos nosotros.