Dulceida: influencers y su corta visión del mundo a cambio de likes

Aida Domenech, conocida también por el mote de Dulceida, comenzó a ganarse el repudio de Internet por su reciente viaje a Ciudad del Cabo, una región en Sudáfrica que está por quedarse sin agua potable, aunque en las fotos de sus redes parecía seguir siendo el paraíso.

Claro, no podemos comenzar a juzgar solo porque ella va de viaje y nosotros no, eso sería caer en la misma cortedad que se muestra en sus publicaciones. El problema es más grande y evidencia, en gran medida, el doble discurso que encierra cualquier foto y lo complejo que es el mundo que no se puede modificar (no de verdad) con filtros de fotografías.

La comunidad twittera se volcó contra ella, pues era evidente que la limosna moral que se estaba dando. En una de las stories de su Instagram (esas publicaciones que se eliminan automáticamente tras 24 horas) dejó una foto en la que mostraba a tres niños africanos con gafas de marca que les regaló para… mejorar su vida (?). (Vía: El Mundo)

https://twitter.com/hostiaunmapache/status/980549525935984640

Nuevamente, el problema no está propiamente en la foto, o en el regalo que le hizo a los tres niños. Es, en realidad, la falta de empatía con la situación general que atraviesa Cape Town, porque aún con esos anteojos en mano, esos niños regresarán a sus casas a tener que vivir con una veda de máximo 25 litros de agua diaria, mientras ella estará en la comodidad de un hotel aprovechando los recursos que no sobran ahí. Pero eso sí, ya hizo su buena acción del día.

Los influencers son una nueva estirpe social que ostentan el micrófono masivo de Internet. No porque tenga preponderancia, sino porque tienen un público extenso y eso vale para que sus palabras repercutan, tengan mucho o poco qué decir.

El caso de Dulceida es simple, lo que ha hecho es ignorar por completo que estaba en una región que atraviesa su peor momento y que está evidenciando la necesidad de modificar el consumo humano de recursos, como el agua, antes de que las ciudades colapsen por falta de éstos.

Sin embargo, existen otros en la misma posición de privilegio que Dulceida que han hecho uso de sus plataformas, por lo mismo de sus audiencias, para fines más extraños u oscuros. Como en el caso de Juanpa Zurita, influencia mexicano que recaudó fondos para los damnificados del sismo del 19 de septiembre a través de un fondeo en Internet llamado Love Army y, hasta la fecha, no se sabe el destino de todo lo recaudado, que superó el millón de dólares. (vía: El Universal)

También está la experiencia de Logan Paul, un youtuber que decidió que era gran idea grabar el hallazgo del cuerpo de un suicida en un bosque de japón. El caso de Pew Die Pie, que siendo el video blogger con más audiencia del mundo echó su discurso racista en uno de sus videos trivializando el uso de la palabra nigger.

El de Dulceida es uno más, pero es de resaltar el cómo se busca presentar la vida y el mundo a través de las redes sociales. El enmascarar la vida real tras el marco mínimo de un post de instagram con una foto que no representa salvo un modelo aspiracional de vida, que ignora que el mundo está más allá de un filtro o un tweet que se pierde en ese mismo instante.

La práctica fotográfica conforma una suerte de doble muerte, en la que se eterniza un instante, congelado en una imagen, mientras que también asesina el tiempo en el que fue tomada. La situación de Ciudad del Cabo continuará su marcha, llegando, posiblemente, al desabastecimiento de agua, aunque las gafas que recibieron esos niños durarán algunos meses.

Por otro lado, la foto quedará ahí, con la limosna moral que recibió en forma likes. La corta visión de una foto es también la de cada influencer, que ve en su plataforma y su número de seguidores una oportunidad de mostrarse en primer plano en cualquier situación, ignorando el entorno y lo que le sucede; o también aprovechar ese espacio para, ignorando nuevamente, beneficiarse de cada like, como limosna y lisonja del desperdicio de Internet.