Eruviel Ávila, o la supuesta cercanía por Facebook

Si algo ha dejado claro la campaña de Donald Trump es que, más allá de hechos, números, estadísticas y simple decencia, lo que gana miradas, lo que logra la atención de los medios es el tremendismo, es aprovecharse de una tragedia, de un atentado, de una explosión, para llegar a un público más amplio: lo importante de la explosión, del atentado no son las víctimas ni las fallas estatales que llevaron a tales, sino los comentarios del actor político. Eruviel Ávila, junto con otros políticos como Miguel Ángel Mancera o “El Bronco”, aprendieron muy bien la lección y parece que diseñan sus políticas públicas de acuerdo a los Trending Topics de la semana.

 

La catástrofe de Tultepec que, hasta el momento registra 33 muertes, 37 heridos y un número indefinido de desaparecidos, fue utilizada por el gobernador del Estado de México para “presumir” las instalaciones médicas del hospital de Zumpango, donde fueron recibidos varios heridos de la explosión. A través de su cuenta de Facebook, el mandatario hizo un livefeed en el que, al comenzar, avisó que “por respeto” no mostraría los rostros de los hospitalizados, presentó al secretario de Salud y a otros funcionarios y fue visitando, en la zona de terapia intensiva, heridos. Aunque a veces preguntaba por la condición de los enfermos, lo importante para él no era el peligro de muerte, el dolor de los familiares que, a veces, aparecían a cuadro, sino “presumir” el equipo médico, los “aparatos”, lo “primer mundo” que es ese hospital. (Vía: Animal Político)

Más allá de los conflictos éticos de utilizar el dolor de las víctimas para promocionar sus acciones de gobierno; más allá del poco tacto y la nula empatía que demuestra un funcionario público al que se le pide, insistentemente, que desalojara un área que está reservada para los doctores y enfermeros; más allá de todo eso, la utilización de las redes sociales del gobernador, en cuanto el impacto que marca en la agenda periodística, es algo que es necesario revisar.

Además del presupuesto que destina a medios, la idea de “hacer política” que está detrás de este uso de redes sociales no es la misma que la de sus compañeros de partido, la del presidente o la del jefe de gobierno de la Ciudad de México (con todo y que los dos constantemente hacen política a partir de lo que esté en el Trending Topic): como en el caso de la cuenta de Twitter de Trump, estas “ocurrencias” de Eruviel -que fácilmente podrían pensarse como improvisadas-, en realidad develan una forma de pensar que el contacto “directo” con sus gobernados (vía las redes sociales) es más necesario que el desarrollo de políticas públicas, que la “tradicional” comunicación por medio de ruedas de prensa, comunicados y voceros.

Incluso “subirse” a las modas más banales de las redes sociales, como los XV años de Rubí, no es un “descuido” de la política, sino la forma misma como el gobernador está haciendo política: está hablando desde su posición de autoridad de lo que miles hablan en la comida, con los compañeros de trabajo, con la familia y, justo por el tono “familiar” que tiene una red como Facebook (familiaridad construida a partir de algoritmos que hacen que lo veamos a través de ella sea sólo con lo que “concordamos”), esa misma autoridad se “horizontaliza”, es decir, da la apariencia de ser cercana, de no ser autoridad, sino alguien más, un vecino, un amigo, quien está en el puesto de gobernador.

Este juego de espejos no ha pasado desapercibido para quienes interactúan con el perfil del gobernador: contrario a lo que ocurre con las cuentas autentificadas del presidente de la República, del jefe de gobierno de la Ciudad de México o cualquier otro político mexicano, no son ni mentadas de madre ni celebraciones casi formuláicas: los usuarios interactúan con el gobernador, le piden ayuda con problemas específicos de sus colonias y municipios, con autoridades o, incluso, problemas legales.

En uno de los estados del país que tiene una marca clara de clientelismo, esta interacción “personalizada” no sólo resulta nueva en cuanto a comunicación política, sino, también en el plano nacional sobre cómo pensamos el fenómeno político: ¿Eruviel Ávila está “saltándose” la relación con los medios de comunicación, o está marcando agenda a partir, justamente, de los pequeños escándalos que estas interacciones provocan?, ¿estamos ante una forma nueva de relacionarse con la población que no depende de la gran movilización de “acarreados”?

Cuando en México poco más de la mitad de la población no tiene acceso a internet, el que la clase política, el que políticos particulares como Ávila, Mancera y “El Bronco” construyan su agenda política a partir de las redes sociales, ¿no incrementa la desigualdad?, ¿no aísla a una población ya aislada?, ¿no cancela el diálogo pues lo confunde con difusión?