El nuevo esclavismo norteamericano

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No, no es el regreso de la Confederación de Estados del Sur, es algo mucho más sutil que ese esclavismo legalizado e institucionalizado de las plantaciones algodoneras del sur de Estados Unidos en el siglo XIX. Se trata de las prisiones, esos sistemas de exclusión social de los que ya nos había hablado el gran filósofo Michel Foucault, esas estructuras materiales e inmateriales de poder encargadas de disciplinar, castigar,  clasificar y de excluir a los desadaptados, a esas personas, a esos cuerpos que no supieron o no pudieron cumplir con los ordenamientos de la normalidad social.

Es en este espacio dedicado al cumplimiento de penas y al pago a la sociedad por las faltas, en donde los indeseados, los invisibilizados y  los excluidos por la sociedad son además explotados laboralmente en condiciones de esclavismo. Pero no nos confundamos, no se trata de defender a ultranza a los criminales, se trata de exhibir otro problema, el de las instituciones penitenciarias del Estado norteamericano, las cuales supuestamente operan bajo principios jurídicos racionales, es decir con apego a los derechos humanos y a la dignidad de los presos.

Hay que recordar que en Estados Unidos hay una relación muy cercana entre el sistema penitenciario y las empresas privadas, muchas compañías tienen manufacturas y talleres dentro de las prisiones en donde los reos trabajan con salarios paupérrimos o peor aún sin algún salario, generando grandes utilidades para dichas empresas. Asimismo, hay otros prisioneros que trabajan en distintas áreas de la prisión, tales como la cocina o la lavandería, ahí también trabajan bajo condiciones deplorables; en síntesis, los niveles de explotación y de esclavitud provienen tanto del estado, como de la iniciativa privada.

Por ejemplo, se han documentado casos en donde reos reciben dos dólares por trabajar jornadas completas, esa suma es el equivalente a un jabón a una llamada telefónica. Por otro lado, se han registrado también abusos físicos por parte de los custodios; el pasado septiembre, en Alabama  se registró la muerte de un reo por el uso excesivo de la fuerza de las autoridades de seguridad.

Este tipo de condiciones infrahumanas ha generado un movimiento de protesta en gran parte de las prisiones norteramericanas, entre las medidas   encontramos que van desde la huelga laboral, hasta huelgas de hambre, todo con la finalidad de que se mejoren las condiciones laborales en las que se ven envueltos. Dichas medidas, según las autoridades han sido pacíficas y  se han llevado a cabo en estados como Texas, California , Alabama, Carolina del Sur, Michigan, Ohio, Florida, entre otros.

Ante todo esto, el gobierno de Alabama reconoció que la entidad se encuentra en una crisis penitenciaria, pero sus soluciones no apuntan hacia la resolución del grave problema de derechos humanos, sino hacia un problema meramente logístico en términos de la falta de prisiones, por lo que se comprometieron a buscar financiamiento para construir más. Por su parte, el Departamento de Justicia señaló que iniciará investigaciones relacionadas a los Derechos Civiles por todas las correccionales del estado de Alabama con el fin de establecer los niveles de violencia física y sexual perpetrada, tanto entre los propios presos, como la ejercida por los custodios y las autoridades hacia los presos.

Asimismo, estas huelgas han sido apoyadas por diversas organizaciones civiles de defensa de los derechos humanos, quienes han traído de vuelta el viejo debate sobre los derechos de los prisioneros. Estas organizaciones están impulsando reformas para que el Estado garantice el respeto a los derechos humanos, civiles y laborales dentro del sistema penitenciario, es decir, no buscan abolir el trabajo en las prisiones, sino que se mejoren las condiciones, además de que el trabajo funciones como un mecanismo de readaptación social (Vía: Los Angeles Times).