¿Debe preocuparnos el aumento en las importaciones de combustibles?

Sabemos que a raíz de su ignorancia en temas económicos, una de las cuestiones que más le preocupan a Donald Trump es el déficit que tiene Estados Unidos con más de 100 países en su balanza comercial. El desconocimiento sobre estos temas lo han llevado a afirmar cosas como que el déficit de su país con México es muestra del fracaso que ha sido Tratado del Libre Comercio de América del Norte.

Sin embargo el déficit comercial de Estados Unidos poco tiene que ver con sus acuerdos comerciales sino con su política económica que privilegia el gasto sobre el ahorro. Me explico: la política monetaria estadounidense busca impulsar el consumo, de hecho, de 2008 a la fecha la Reserva Federal manejó tasas de referencia muy cercanas a cero, esto se traduce como medidas que impulsan el gasto y que tienen como consecuencia que la demanda de bienes y servicios aumente.

Si a esto le agregamos además la transición de la economía estadounidense a los sectores terciario (servicios)  y cuaternario (tecnología), vemos que el déficit comercial en bienes manufacturados y agropecuarios con otros países se explica. Estados Unidos produce cada vez menos bienes relacionados a la industria de la transformación en su territorio, debido a que las empresas se han mudado a otros países donde la mano de obra es más barata, como México o China, dichos bienes después regresan al mercado estadounidense como importaciones.

La relación comercial con México es un ejemplo de este fenómeno, vemos que Estados Unidos tiene un déficit comercial con nuestro país de 64 mil millones de dólares. El grueso de esa suma se concentra en bienes del sector primario y secundario; por ejemplo, los productos mexicanos más demandados en el mercado estadounidense son: aguacate, jitomate, pimiento, tequila y cerveza; todos bienes del sector primario.

En México también hay quienes les preocupa mucho la balanza comercial, sobre todo en los sectores relacionados a los energéticos, en donde nuestro país ha aumentado en los últimos años la importación de combustibles como gasolina, diesel y gas. Esa preocupación evidentemente está anclada a un principio ideológico que tiene que ver con la idea de que el estado mexicano debería tener el control total de ese sector productivo.

Así lo ha manifestado por ejemplo Enrique Galván Ochoa en su columna “Dinero” publicada en el diario La Jornada en donde afirma que: “[…] si el gobierno mexicano continúa asfixiando a Pemex e importando gasolina, gas y hasta petróleo crudo, con el paso del tiempo el déficit se convertirá en superávit.” La cuestión aquí es que Galván Ochoa no explica porqué esto sería un problema para la economía mexicana, ni tampoco muestra datos que prueben que el superávit comercial de México con Estados Unidos se explique solo por el sector energético.

Parece ser que este articulista desconoce que nuestro sistema económico se ha diversificado lo suficiente como para que un solo sector determine su desempeño. Lo que tenemos aquí es un argumento directamente proporcional al de Trump respecto a la balanza comercial, el cual es de orden propagandístico más que analítico.

Los argumentos de este tipo apelan a que el aumento de las importaciones de combustible se deben a que México, en específico Pemex, no cuenta con la infraestructura suficiente para abastecer la demanda interna de combustible, lo cual es verdadero. Sin embargo, la solución que proponen tiene que ver con que el gobierno debe invertir dinero público para construir nuevas refinerías que produzcan aquí las gasolinas.

¿Pero esa solución es viable? Se estima que el costo de una sola refinería asciende a unos 10 mil millones de dólares, es decir, para llevar a cabo ese proyecto el gobierno necesitaría agregar esa suma al presupuesto, claro, pensando en que este se llevaría a cabo sin endeudamiento público. De lo contrario, el gobierno tendría que recurrir al crédito para financiar esos proyectos, que por su costo generarían niveles peligrosos de endeudamiento público en relación al PIB.

Una solución de este tipo tampoco reducirá los precios de los combustibles, a menos que se vuelvan a subsidiar, lo que implicaría aumentar aún más el gasto público y el endeudamiento. Tal vez lo más viable sería que fueran los particulares quienes emprendieran este tipo de proyectos que incluyen también mejoramiento de infraestructura y logística.

Finalmente, el aumento de las importaciones ha ido de la mano de un crecimiento de la producción interna, tenemos que aunque en el primer trimestre del año, crecieron 16.7% las importaciones de gasolina, también aumentó la producción 21% respecto a diciembre de 2016, que tiene el mínimo histórico. En ese periodo de tiempo la producción llegó a 930,433 barriles de petrolíferos diarios. (Vía: Expansión)

Como podemos ver, lo que ha aumentado en realidad es la demanda de estos derivados del petróleo en el mercado mexicano. El déficit comercial con Estados Unidos en los combustibles no es nuevo, de hecho México no ha sido nunca un exportador de derivados de petróleo, ya que el negocio siempre ha sido el crudo que es donde están las verdaderas utilidades; de tal manera que siempre hemos tenido un déficit en ese rubro (importamos más de lo que exportamos).

Como podemos ver, nada tiene que ver el déficit comercial con un desempeño positivo o negativo de la economía, más bien responde al desempeño que tiene nuestro mercado en términos de la diferencia entre gasto o ahorro.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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