La actitud del presidente Donald Trump es la de una bestia acorralada, cada día que pasa se debilita más políticamente, el partido republicano lo ha abandonado, la opinión pública cada vez es más adversa, su gurú ideológico, Steve Bannon está fuera del juego y el respaldo popular del que hace unos meses se jactaba cada vez es menor, solo hay que ver como se ha desplomado su nivel de popularidad. De hecho, podemos decir que la gota que derramó el vaso fueron sus actitudes y declaraciones ante los hechos sucedidos en Charlottesville, las cuales justificaron los actos de odio de los supremacistas blancos.
Su gobierno pierde, cada vez más, capacidad para operar, lo que significa que independientemente de su discurso, Trump está imposibilitado para traducir sus dichos en acciones concretas, dicho de otra forma, el presidente se ha gastado su poder (piénsese el concepto de poder desde una analogía con el dinero).
Ante esta situación y dando muestra de su fuerte vocación populista, el día de ayer se refugió en un mitin en la ciudad de Phoenix, Arizona, el cual parecía más un acto de campaña, que un evento oficial protagonizado por un jefe de estado.
En el evento, Trump volvió a su discurso incendiario y demagógico lleno de amenazas y promesas sin sentido; se lanzó contra medios de comunicación y contra sus críticos dentro del sistema político; pero también volvió a hablar de construir el dichoso muro en la frontera y volvió a amenazar a México y Canadá con sacar a Estados Unidos del TLCAN; de nuevo, la retórica de campaña.
¿Deben preocuparnos estas amenazas en plena renegociación del TLCAN? Se ha insistido mucho en que las observaciones, más que concentrarse en lo que diga o no Trump, deben enfocarse en dos aspectos muy simples: el primero y más importante tiene que ver con dar cuenta de las acciones que tome su gobierno en los hechos, esto quiere decir que se deben tomar en cuenta las condiciones de posibilidad de que sus dichos puedan materializarse en acciones concretas, tomando en cuenta, siempre, los entramados operativos del sistema político estadounidense.
En segundo lugar, es posible medir los riesgos de concreción de los dichos de Trump a través de la reacción de los mercados al respecto, recordemos que estos toman en cuenta la posibilidad de que se presenten distintos escenarios. En ese sentido, vimos que los mercados cambiarios, a pesar de que reaccionaron negativamente contra el peso, su respuesta en realidad fue muy escueta y la tendencia cambió muy rápido; durante los discursos de Trump el peso perdió solo 5 centavos frente al dólar, ubicándose a las 22: 50, a 17.72.
En ese sentido, tenemos por un lado, que los mercados reaccionaron muy moderadamente ante las declaraciones de Trump y, por otro lado las mesas de negociación dedicadas a la reconfiguración del acuerdo comercial de América del Norte siguieron llevándose a cabo con absoluta normalidad. De tal forma, la observación debe enfocarse en las acciones concretas del gobierno, por lo que las declaraciones de Trump deben mantenerse en el entorno de la observación. (Vía: El Financiero)


