Una familia entera fue torturada por la PF; el papá fue forzado a firmar confesión

El 6 de noviembre del 2015, una mujer llegaba a su casa en el Municipio de Centro, Tabasco, con su esposo y tres hijas, cuando nueve agentes de la Policía Federal y la Ministerial Federal los detuvieron a todos sin una orden de aprehensión aparente, informó la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) a partir de una recomendación. Para el día siguiente, la familia habría sido víctima de tortura.

La mujer vio cómo subieron a su esposo a un carro blanco. A ella y sus hijas –de 1, 6 y 8 años– las regresaron a su propio vehículo y ahí, una persona sin uniforme, vestida de civil se metió.

Lo vieron de frente (dos de las hijas), argumentándole esta persona que no lo vieran y manifestándonos (…) que bajáramos la mirada, que no lo viéramos y fue entonces que me vendaron los ojos. Así nos pasamos en el interior de mi vehículo, alrededor de una hora aproximadamente, de nueva cuenta nos detuvimos. Momentos después llegó un hombre quien me bajo a punta de empujones“, relató la mujer sobre el levantón que le hicieron los agentes.

Municipio de Centro, Tabasco.

Antes de irse, relata la Comisión, los agentes se metieron a la casa de la familia y se robaron cosas de ahí, incluyendo 30 mil pesos que había en efectivo.

La mujer, quien denunció los acontecimientos ante la CNDH el 9 de noviembre del mismo año, señaló que fueron trasladados a un lugar desconocido “sobre la carretera”. Cuando llegaron al sitio, ella, con los ojos vendados, y sus hijas, con “gorras” en la cabeza, comenzaron a escuchar los gritos del marido.

Empezamos a escuchar gritos de desesperación y de dolor, demasiado angustiantes, reconociendo que el que estaba lamentándose de dolor era (mi esposo), por obvias razones mis hijas (de 6 y 8 años), se alteraron, comenzando inmediatamente a llorar y gritaban desesperadamente que era su papá“, señaló la mujer.

Ante los gritos y reclamos de las niñas, los agentes comenzaron a amenazarlas con que les “pegarían un tiro” si seguían haciendo ruido. Por las horas y el tiempo que pasaba, la denunciante relata que le pidió a una agente que los dejaran ir a todos, pues no había razón para tenerlos detenidos.

Los dejaron ir, pero hasta las 13:00 horas del día siguiente. Las niñas, señala la Comisión, pasaron hambre y como no las dejaron ir al baño, tuvieron que hacer sus necesidades en su ropa. Según la recomendación, testigos verificaron el levantón el día anterior, en el lugar que denunció la mujer y donde se veían involucrados también el mismo número de agentes de la Federal.

La mujer regresó a casa con sus tres hijas, pero su marido fue enviado a la Ciudad de México y presentado ante la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada (SEIDO), así como a un compañero con el que trabajaba en la Fiscalía General del Estado.

Ambos fueron acusados de delincuencia organizada con la finalidad de cometer ilícitos en materia de hidrocarburos, así como delitos contra la salud en la modalidad de posesión de estupefacientes con finalidad de venta. Permanecen encerrados en el Cefereso 12, también conocido como “Almoloya”.

Almoloya.

La CNDH, tras dos años de investigación, determinó que todas las personas que fueron levantadas ese día fueron torturadas. La práctica del Protocolo de Estambúl en la mujer, así como en sus tres hijas, “determinó que las secuelas psicológicas que presentó son concordantes con tortura”.

Además, su marido, señala la CNDH, fue víctima de tortura –incluyendo violencia física– en frente de toda su familia con el objetivo de que firmara una confesión.

La recomendación de la CNDH apuntó que se violentó la seguridad jurídica del esposo, la “integridad personal por actos de tortura cometidos en contra de” la familia entera, así como el derecho a la justicia “por inadecuada procuración” de la misma. La CNDH también apunta que se violó el derecho de las hijas a una vida libre de violencia y el interés superior de la niñez.