Esta ilustración panorámica establece el escenario. Muestra el Valle de México bajo una densa nube de contaminación. En primer plano, el tráfico con vehículos viejos y microbuses saturados, y en el fondo, la refinería y la termoeléctrica expulsando humo, representando las fuentes del problema que mencionas.

En pleno 2026, la contingencia ambiental sigue siendo nuestra única política pública constante. ¿Por qué el gobierno insiste en castigar a los autos mientras la industria y la corrupción en los verificentros siguen intactas?

Bienvenidos al Valle de México, esa hermosa cuenca donde el cielo es color “gris rata”, los ojos te arden como si tuvieras conjuntivitis crónica y respirar profundo es un acto de valentía (o de suicidio lento). Estamos en febrero de 2026 y, como cada año, nos preparamos para la famosa temporada de ozono, ese eufemismo que usan las autoridades para decirnos que el aire se va a convertir en una sopa tóxica y que su única solución será, otra vez, prohibirte usar tu coche.

La contingencia ambiental en la Ciudad de México ha dejado de ser una emergencia para convertirse en un estilo de vida. Pero detrás de las alertas de la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAMe) y los tuits pidiendo que no hagas ejercicio al aire libre, se esconde una realidad mucho más turbia: la falta absoluta de un plan real, la obsolescencia de un programa que no sirve y una simulación gubernamental que nos está costando la salud.

efectos contaminacio?n cdmx
¿Penalizar autos es efectivo contra la containación o solo es una medida paliativa?

1. El Cadáver Viviente: Por qué el “Hoy No Circula” es una estafa

Hablemos del elefante en la habitación (que probablemente también tiene tos): el programa Hoy No Circula. Implementado hace más de tres décadas como una medida “temporal” de emergencia, se ha convertido en el paracetamol que el gobierno le receta a un paciente con cáncer de pulmón.

La premisa es simple: si quitamos coches de la calle, baja la contaminación. Suena lógico, ¿no? Pues la realidad tiene otros datos. Estudios del Centro Mario Molina y de la UNAM han demostrado repetidamente que el programa no solo ha fallado en reducir los contaminantes a largo plazo, sino que ha generado un efecto rebote perverso.

Al restringir la circulación, la gente no dejó de moverse ni se subió masivamente al transporte público (que sigue siendo inseguro, insuficiente e indigno). Lo que hizo la clase media fue comprar un segundo coche. Y no compraron un Tesla; compraron una “carcacha” barata, vieja y más contaminante para poder circular los días que su auto principal descansaba. El resultado: el parque vehicular creció, la edad promedio de la flota envejeció y la contaminación se mantuvo o empeoró.

Sin embargo, el gobierno de la CDMX sigue aferrado a este dogma. ¿Por qué? Porque es más fácil (y rentable) multar ciudadanos y vender hologramas que enfrentar el problema real.

2. El Negocio de la “Verificación”: El “Brinco” Institucional

Si el Hoy No Circula es inútil, los verificentros son el templo a la corrupción. En teoría, estos lugares aseguran que solo los autos limpios circulen. En la práctica, son ventanillas de cobro donde, por la cantidad correcta (el famoso “brinco”), hasta una chimenea con ruedas puede obtener el holograma Cero.

La corrupción en el sistema de verificación vehicular es un secreto a voces que ninguna administración ha querido desmantelar. Mientras tú sufres para pasar la prueba con tu auto de 2018, ves salir camionetas de carga de 1995 con calcomanía de “exento”. Es una burla. El sistema no mide emisiones reales en condiciones de tráfico; mide quién puede pagar la mordida. Y mientras tanto, las partículas PM2.5 (las que entran al torrente sanguíneo y te matan) siguen flotando libres.

3. La Industria Intocable y la Refinería de Tula

Aquí es donde la hipocresía gubernamental alcanza niveles estratosféricos. Cada vez que hay contingencia, la culpa es tuya por querer ir a trabajar en coche. Pero nadie habla del verdadero monstruo que escupe veneno al norte de la ciudad: la Refinería de Tula y la termoeléctrica de la CFE.

Diversas investigaciones han señalado que esta zona industrial es responsable de una gran parte del dióxido de azufre (SO2) y las partículas finas que respiramos en el Valle de México. Sin embargo, cuando se decreta contingencia, se reduce la movilidad de los ciudadanos, pero rara vez se toca a la industria pesada con la misma severidad.

¿Por qué? Porque Pemex y CFE son sagrados en la narrativa oficial. Es más fácil culpar al conductor de un Sentra que exigirle a la paraestatal que deje de quemar combustóleo sucio. La termoeléctrica de Tula nos envenena diariamente, pero el gobierno prefiere mirar hacia otro lado y pedirte que compartas el auto.

planta contaminante en el fondo, un auto es detenido por un policía por el programa hoy no circula en méxico
Los agentes contaminantes que hay que regular y legislar están lejos de las calles

4. ProAire y otros cuentos de hadas

Las autoridades presumen programas como el ProAire, documentos llenos de buenas intenciones, gráficas coloridas y promesas de “electromovilidad”. Pero en la calle, la realidad es distinta. La renovación del transporte público es lenta y desigual. Seguimos viendo microbuses que parecen sacados de Mad Max circulando impunemente, echando humo negro, mientras el Metrobús colapsa por saturación.

No hay protocolos claros. Cuando llega la contingencia, la reacción es siempre reactiva, nunca preventiva. Se anuncia el “Doble Hoy No Circula” un día antes por la tarde, jodiendo la logística de millones de familias, sin ofrecer alternativas reales de movilidad.

Conclusión: Nos están gaseando lentamente

La contaminación en la Ciudad de México no es un fenómeno meteorológico; es un fracaso político. Es la evidencia de décadas de planeación urbana fallida, de un sistema de transporte público que no dignifica al usuario y de una cobardía institucional para regular a los grandes contaminadores.

Seguir apostando al Hoy No Circula en 2026 es querer curar una gangrena con curitas. Necesitamos una expansión agresiva del Metro (que no se caiga, por favor), regulación real a la industria y el fin de la corrupción en la verificación. Mientras eso no pase, la única política pública efectiva será rezar para que llueva o haga viento.

Así que, querido chilango, ponte tu cubrebocas. No por el virus, sino porque el aire que respiras es la prueba fehaciente de que a tu gobierno le importa más la simulación que tus pulmones.

Fuentes y Lecturas Recomendadas

  • Centro Mario Molina. Evaluación del Programa Hoy No Circula. Ver estudio.
  • Gaceta UNAM. (2024). El Hoy No Circula no resuelve el problema de contaminación. Leer nota.
  • IMCO. La refinería de Tula y la contaminación en el Valle de México. Ver análisis.


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