¿De qué sirve que niños y niñas ‘voten’?

Desde 1997, se llevan a cabo consultas infantiles de forma paralela a las elecciones. Se trata de un ejercicio en el que los niños de 6 a 17 años ‘votan’ y, así, empiezan a conocer la importancia de la participación ciudadana, con temas como derechos humanos o acciones para mejorar su entorno.

Sin embargo, y aunque las consultas infantiles pretenden dar voz a niños y niñas, llegan a parecerse demasiado a las verdaderas elecciones: al final, con toda esa información recabada sobre lo que los niños quieren y necesitan, su opinión rara vez es tomada en cuenta.

Gerardo Sauri, Director Ejecutivo de Apoyo a la Niñez y Desarrollo Comunitario, escribió en 2010 sobre las consultas infantiles y los procesos de participación infantil:

… Ejercicios cívicos como las Consultas suelen reducir el alcance de la participación infantil al mero acto de expresión o, en el mejor de los casos, la posibilidad de que niñas, niños y adolescentes sean escuchados. Sin embargo, omiten varios aspectos que son condiciones de una participación efectiva: que las opiniones sean tomadas en cuenta incluso en las políticas públicas.

Sauri menciona el ejemplo de la consulta realizada junto con las elecciones federales de 1997: aunque la gran mayoría de los niños señaló la educación como su principal derecho, el gasto público destinado a la educación se redujo drásticamente al año siguiente.

Entonces, ¿para qué sirven?

La Convención para los Derechos del Niño, en su artículo 12, establece que debe garantizarse el derecho de niños y niñas a expresar su punto de vista. Las consultas infantiles son una forma de asegurar que la opinión de los menores es tomada en cuenta y que, además, son parte importante del proceso electoral.

El artículo 29, además, establece que el Estado tiene la responsabilidad de preparar a niños y niñas para los procesos democráticos. De ahí que el formato de las consultas infantiles sea tan parecido al de las boletas que usan los mayores de 18 años para ejercer su voto.

 

Sin embargo, hasta ahora, poco se ha hecho por escuchar de verdad las voces de los niños. Esto es especialmente grave en un país donde la gran mayoría de muertos y desaparecidos son jóvenes.

Las consultas para niños, niñas y adolescentes no deben ser una simple simulación de las ‘verdaderas’ elecciones, sino su primer y genuino ejercicio de expresión. Ellos tienen derecho no solo a opinar, sino a ver sus observaciones reflejadas en políticas públicas que realmente los beneficien a ellos y a su comunidad.

Este año de elecciones, la opinión de niños, niñas y adolescentes deberá esperar hasta el mes de noviembre. Casi cinco meses después de las elecciones para presidente de la República, casi al finalizar un año crítico en la historia de nuestro país.