Explosión en Chilchotla, Pue., deja 14 muertos y 22 heridos

La noche del lunes, un almacén donde se fabricaban y almacenaban explosivos para las festividades patronales de San Isidro Chilchotla, Pue., explotó, ocasionando la muerte de (hasta el momento) 14 personas e hiriendo a 22. (Vía: El Universal)

No ha pasado ni medio año de las explosiones masivas de los polvorines de San Pablito Tultepec, cuando murieron 36 personas, se destruyó el mercado de pirotecnia y Eruviel Ávila hizo el ridículo al hacer un livestream desde la sala de terapia intensiva donde varios heridos se recuperaban.

Un grupo de personas se encontraba en la bodega trabajando en los fuegos artificiales para las fiestas patronales de San Isidro, mientras que en el exterior, otro grupo revisaba y prendía otros, según la Dirección de Protección Civil del estado de Puebla, el incidente ocurrió cuando uno de esos cohetes entró al edificio, lo que desencadenó la explosión que derrumbó las instalaciones, en las que murieron, en el acto, nueve personas. (Vía: El Financiero)

Puebla, en estas semanas, se enfrenta a una crisis profunda que el conflicto con los “huachicoleros” (ordeñadores de combustible) ha hecho evidente, después de seis años de un gobierno que no dejaba de insistir que “todo estaba bien”. Si bien lo ocurrido en Chilchotla no es producto directo de un conflicto soterrado (por conflictos de interés o personalidad mediática, quién sabría), sí es, cuanto menos, evidencia de un Estado débil frente la seguridad laboral y personal de sus gobernados.

Como ocurre en estos casos, el equipo de medios y redes del gobernador ya envió un tuit para demostrar su preocupación y el interés que tiene en “simpatizar” con los heridos, los deudos y el pueblo de San Isidro Chilchotla. (Vía: Proceso)

Si, como sabemos, la prohibición de sustancias o de actividades laborales no es un camino para garantizar nada: ni la seguridad, ni el control ni nada, ¿hay alguna forma para que este tipo de noticias no sean una constante?