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La inédita trinidad en el funeral de José José

La despedida de José José juntó expresiones políticas, religiosas y populares en un funeral al estilo de un pueblo, solo que en uno de 9 millones de habitantes
Así despidieron al príncipe de la canción. Imagen: (Plumas Atómicas)

Un buen amigo mío de Matías Romero, Oaxaca, me cuenta que allá los funerales se viven como una fiesta, funesta, pero fiesta al fin. Que el pueblo sale a las calles a despedir al muerto, lo mismo llorando que bailando y riendo. Para los que vivimos en la Ciudad de México la escena es ajena, sin embargo, la despedida de José José de ayer fue algo parecido, solo que en un pueblo de 9 millones de habitantes.

Desde los ojos de un capitalino de 31 años para el que José José es algo anecdótico, lo de ayer fue un evento extraordinario. De niño recuerdo multitudes saliendo a saludar al papa Juan Pablo II, y más recientemente, algo similar pero con Andrés Manuel López Obrador la noche del domingo 1 de julio. Es decir, el mismo acto por lo religioso y lo político. Ayer la trinidad se completó con lo artístico: multitudes detrás del cortejo fúnebre de José José. 

Miles de vecinos se reunieron en el Parque de la China en la alcaldía Clavería. (Imagen: Plumas Atómicas)

También resultó curioso que en este juego de trinidades la muerte de José José se juntó lo político y lo religioso con lo popular. Me atrevo a decirlo, algo inédito. Primero, porque el Gobierno mexicano destrabó el conflicto familiar alrededor de la muerte de El Príncipe y hasta un avión militar facilitó. Segundo, la Basílica de Guadalupe fue escenario de un último rito religioso. Y tercero, en la colonia Clavería miles de personas se congregaron para dar un último adiós a José José.

Y fue precisamente en esta colonia una de las pocas bonitas de Azcapotzalco en donde la despedida se sintió más como un baño de masas que un acto protocolario del poder político o el religioso. Tratar de acercarse a la estatua a José José desde la Avenida Clavería era imposible y los accesos desde Allende también estaban copados por vecinos y curiosos.

Fanáticos de José José lucieron discos de vinilo de El Príncipe. (Imagen: Plumas Atómicas)

Crecí en Azcapotzalco y aunque eso del orgullo chintololo me genera más dudas que certezas, entendí que la fiesta de ayer era por el regreso del hijo pródigo. Los vecinos con fotos a lado de su ídolo lo hicieron sentir así.

“Nunca lo vamos a olvidar, siempre lo vamos a tener presente porque vivió aquí”, me dijo una vecina que mostraba una pañoleta con el rostro sublimado de José José, las vendían a 20 pesos. En la Ciudad de México cualquier evento también es una oportunidad económica.

Así despiden a José José. Imágenes: (Plumas Atómicas)

En fin, que la jornada de ayer transcurrió entre karaokes improvisados en Bellas Artes, la Basílica de Guadalupe y el Parque de la China. Entre fotografías amarillentas por los irremediables hongos que trae el tiempo, copias inmaculadas que se vendían a 10 pesos y muchos gritos de ¡sí se pudo, sí se pudo!, porque la despedida de ayer fue entendida como una victoria ante la mezquindad de Sarita y Sara Salazar. En las cantinas seguro también hubo sentidos homenajes.

La música de José José será anacrónica, tanto como las imágenes de señores y señoras mostrando discos de vinilo notablemente marcados por el tiempo. Este país está despidiendo a sus ídolos uno a uno y la falta de idolatrías de la generación millennial asegura que escenas como las de ayer no se repetirán. Sí lo harán sus canciones, muchas de ellas una especie de consuelo ante el fracaso. Porque los tropiezos, del tipo que sean, seguirán siendo motivo de dolor y búsqueda de consuelo en esta y cualquier otra generación.