Los vecinos de por lo menos seis colonias de las delegaciones Tláhuac e Iztapalapa han cerrado varias calles a la circulación de vehículos pesados y de transporte público por miedo a que su paso agrave la situación de decenas de edificios en riesgo de derrumbe.
Desde el 19 de septiembre, varias calles cercanas a Avenida Tláhuac y al barrio San Lorenzo fueron cerradas por los vecinos: una grieta de varios kilómetros atraviesa seis colonias de tres delegaciones: Tláhuac, Iztapalapa y Xochimilco. (Vía: Milenio)
A causa del sismo del 19 de septiembre del 2017 algunas calles fueron afectadas por lo cual se enecuentran cerradas hasta la fecha @Del_Iztapalapa @DfClaudia pic.twitter.com/mcfC9tQ0al
— jocelin mar (@Jmjm02Mar) October 18, 2017
La grieta corresponde directamente a una de las que el Instituto de Geofísica de la UNAM detectó en el suelo de la Ciudad de México. Mientras que la ayuda y apoyos gubernamentales se han quedado en la zona centro (en las colonias Condesa, Roma y Del Valle, principalmente), los vecinos acusan que sus colonias han sido olvidadas, por lo que ha dependido de su organización el salir adelante.
“Perjudicamos, pero es la seguridad. Si estamos en una zona de riesgo y estamos en peligro, no queremos que pueda ocurrir otro derrumbe. A los de transporte público les dijimos que no podían pasar aquí”. (Vía: Reforma)
Las grietas que ampliaron los sismos de septiembre ya estaban ahí, de hecho, desde hace más de diez años, los colonos habían insistido con las autoridades delegacionales que la presencia de aberturas en el pavimento y el desnivel en el suelo sólo podían ser malas noticias. Fueron sistemáticamente ignorados.
Con #JefedeGob @ManceraMiguelMX cumplimos el compromiso, 212 familias del #CampamentoTelecomunicaciones, hoy tendrán una vivienda digna. pic.twitter.com/i5OemVnepq
— Dione Anguiano (@DioneAnguianoF) October 30, 2017
A un mes del sismo, Iztapalapa fue una de las delegaciones más golpeada pero, al mismo tiempo, una de las que menos recibieron ayuda.
Delegados han ido y venido, sismos e inundaciones han ido y venido, pero lo que subsiste (aún entre polines y paredes fracturadas) es la organización comunitaria, la participación comunal y el esfuerzo de muchos que no tendrán nombre para defender lo que tienen y cómo viven.
