Delegaciones gastan más en dádivas que en programas sociales

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La política mexicana en general es incomprensible sin las dádivas, de hecho las expectativas de la sociedad están acopladas a ese tipo de prácticas. Esto quiere decir que implícitamente los políticos saben que un grueso de la ciudadanía espera regalos de parte de un candidato a cargo público a cambio de un voto en tiempos electorales, o bien de un gobierno como muestra de su trabajo; de hecho, podríamos decir que para muchos mexicanos un buen gobierno es aquel que ofrece mayor cantidad de dádivas a la población.

Estas prácticas por supuesto distorsionan el sistema político ya que los gobiernos en realidad se vuelven una especie de campañas permanentes cuyo objetivo es posicionar al partido en el gobierno para la continuidad.

Es decir, la entrega de resultados no son necesariamente el elemento central para la continuación de un proyecto político, ya que ese tipo de expectativas han generado un círculo vicioso en donde los programas sociales son sustituidos por programas de dádivas que acaban en fondo perdido.

Ejemplo de esto son las delegaciones de CDMX: Coyoacán, Cuajimalpa, Iztapalapa, Tláhuac y Venustiano Carranza, las cuales gastan lo mismo o incluso mucho más en dádivas y regalos que en programas sociales.

Coyoacán por ejemplo, ha reportado un gasto en programas sociales de 55 millones de pesos en este año, sin embargo, también gastó 289 millones de pesos en tabletas, juguetes, vajillas y útiles escolares para la población.

Estos gastos a fondo perdido son reportados por las delegaciones como “gastos institucionales”, por lo que no es necesario demostrar impacto social, tal y como sucede con los programas sociales. De tal manera, el gobierno delegacional solo reporta la cantidad de artículos y el precio de estos a la Gaceta Oficial del Gobierno de Ciudad de México.

Asimismo la validación de estas dádivas son realizadas solo mediante encuestas de opinión, mientras que los programas sociales deben de ser evaluados de forma externa por el Comité de Planeación del Desarrollo (Coplade). En ese sentido, la permanencia de un programa social depende de la efectividad y el impacto que tenga en la población a corto mediano y largo plazo, a diferencia de los regalos que solo satisfacen una necesidad inmediata a cambio de intereses políticos.

En total, los jefes delegacionales han repartido dádivas cuyo valor es de aproximadamente 533 millones de pesos. Este gasto desproporcional no es casual ya que nos encontramos a un año de renovar los gobiernos delegacionales de la ciudad, por lo tanto, la política social está enfocada en dilapidar recursos en cosas que no tienen otra función que la de cooptar el voto, ya que por sí mismas no resuelven ningún problema.

Para darnos una idea de la proporción de este gasto, el total de recursos aprobados para los 101 programas sociales activos para este año son de 687 millones 991 mil pesos. Si la tendencia sigue así, para fin de año las delegaciones habrán erogado más recursos en “gastos institucionales” que en programas sociales; parece ser que el funcionamiento del sistema político depende completamente de mantener el status quo. (Vía: Reforma)

 

 

 

 

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