Por cada nuevo centro comercial de CDMX, cierran 8 en EE.UU.

En la Ciudad de México se inaugurarán, al menos, cuatro centros comerciales (‘malls’, para los payasos) en el 2018. Alrededor de 217 mil metros cuadrados de tiendas se sumarán a decenas de centros comerciales, calles “comerciales” y “andadores culturales” que han conformado la apuesta urbanística de una ciudad que, pareciera, no puede seguir creciendo más que hacinándose.

Miles de millones… ¿para comprar?

Cuatro desarrolladoras (Fibra Danhos, el grupo Sordo Madaleno, Planigrupo y Gigante Grupo Inmobiliario) sumarán a su portafolio de inversiones espacios que fueron públicos, habitacionales o que forman parte de proyectos amplios para “mejorar la calidad de vida” de zonas completas (un eufemismo nada sutil para “gentrificación“). (Vía: El Financiero)

Estos proyectos millonarios se suman a otros, surgidos directamente del gobierno de la Ciudad de México, en los que se apuesta por una inversión compartida: dinero público y privado que, en papel, buscan “mejorar” espacios 100% públicos: Centros de Transferencia Modal (Cetrams), glorietas y plazas (que fueron) públicas.

México es el país de América Latina con más centros comerciales, cerca de 650, y se estima que ese número siga creciendo: para 2025, según el Centro Internacional de Centros Comerciales (un think-tank estadounidense enfocado al desarrollo de los mismos), ese número podría llegar a los 760. (Vía: BBC)

Estos centros comerciales no son ya simples galerones repletos de tiendas: se desarrollan a partir de “experiencias”, venden “estilo de vida” y su apuesta es, principalmente, crear un vínculo emocional y vivencial con sus visitantes. Espacios abiertos, fuentes, parques de diversiones, restaurantes exclusivos, tiendas electrónicas, boliche, museos, cines… Cada uno de estos nuevos centros comerciales están diseñados hasta el más mínimo detalle para convertir espacios e intereses privados en “experiencias” públicas.

Los cuatro centros comerciales que se abrirán en 2018 en la Ciudad de México, en conjunto, significan una inversión de alrededor de once mil millones de pesos: más del que el gobierno de la capital está invirtiendo en reconstrucción tras el sismo del 19S, más que el dedicado a infraestructura para evitar inundaciones y un cuarto de todo el presupuesto federal para atender las consecuencias de los sismos de septiembre del año pasado. (Vía: El Financiero)

Abandono comercial

Mientras, en Estados Unidos los centros comerciales están pasando por una verdadera crisis. A lo largo y ancho de su territorio se construyeron alrededor de mil 200, pero la explosión en el desarrollo y construcción de éstos ocurrió en la década de 1980, cuando se convirtieron no sólo en un espacio comercial, sino en verdaderos centros cívico y de socialización ciudadana.

Dentro de ellos, la mayoría de los adolescentes obtenían su primer empleo, se tenían primeras cita y primeros besos; se grababan películas alrededor de ellos (algunos,  incluso, gastaban fuertes sumas para aparecer en éxitos de taquilla). (Vía: Business Insider)

Desde 2006, no se ha construido un solo centro comercial y varios estudios señalan que entre el 25% y la mitad de esos 1, 200 aún existentes serán demolidos, reutilizados o abandonados en lo siguientes cinco años. Los que ya han sido abandonados (antes faros de la vida suburbana de los Estados Unidos) se han convertido en curiosidades documentales y hasta turísticas.

Y es que toda la industria del “retail” (de ventas) en Estados Unidos está enfrentando una crisis grave: grandes cadenas como Sears, JC Penny’s, Macy’s y Toys R Us han tenido que cerrar cientos de tiendas e,  incluso, declararse en bancarrota. Esas tiendas eran “anclas” para muchos centros comerciales: los clientes y consumidores iban al mall por esas tiendas departamentales y, ya ahí, la mayoría hacía pequeños gastos en los demás establecimientos. (Vía: Time)

Aunque se tiende a explicar esta crisis por las ventas en líneas (lideradas por el gigante Amazon), también han sido los cambios sociales y culturales los que han golpeado tan fuertemente esta industria que era de las principales en los Estados Unidos: una clase media, media alta que se muda de vuelta a las ciudades, abandonando los suburbios, consumo “crítico” y “verde” y el mercado de “experiencias” han sido elementos también responsables para que la industria de la que dependen millones de trabajos esté al borde de la crisis generalizada. (Vía: The Guardian)

Pequeñas muestras de esto también empiezan a ocurrir en México. Según datos de la Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y de Departamentales (ANTAD), el crecimiento en el consumo se desaceleró e, incluso, sus miembros vieron una reducción en sus ventas del 1.5%, no visto en México desde el 2014, cuando cerraron el año con una caída de 3%. (Vía: ANTAD)

El mercado y los consumidores mexicanos y estadounidenses son muy diferentes entre ellos. No sólo respecto a su poder adquisitivo, sino, también, sus lógicas de consumo y sus intereses particulares. Sin embargo, tal como ocurre con el crecimiento demográfico, muchos de estos datos forman parte de tendencias que no pueden (o no deberían de) ser ignoradas tanto por la iniciativa privada como por las autoridades.

En Estados Unidos, la industria del consumo llegó a ser tan grande como para permitírsele quebrar (aunque esté todavía en caída libre). Cuando el trabajo de cientos de miles depende de una industria, cuando el desarrollo y planeación urbanas dependen de una sola industria, ¿no estaremos cancelando cualquier otro camino que no pase por una ‘food court’?

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