CDMX: 16 años construyendo una ciudad sólo para algunos

¿Quién tiene derecho a construir en una ciudad y lo que en ella se construye? ¿A decidir quitar un árbol o ponerlo?

Para el teórico David Harvey, el derecho a la ciudad es un significante vacío:

“todo depende de quién lo llene y con qué significado. Los financieros y promotores pueden reclamarlo y tienen todo el derecho a hacerlo; pero también pueden hacerlo los sin techo y sin papeles. Inevitablemente tenemos que afrontar la cuestión de qué derechos deben prevalecer, al tiempo que reconocemos, como decía Marx en El Capital que «entre derechos iguales lo que decide es Ia fuerza».”

En todo caso, la ciudad ya no es el lugar que se imaginó hace algunos cientos de años: aquel donde se concretarían los sueños más hermosos de la civilización. Para Harvey, las urbes han sido víctimas del desarrollo capitalista desenfrendo, aquel que tiene una necesidad insaciable de disponer de capital sobreacumulado, ávido de inversión sin importarle las consecuencias sociales, medioambientales o políticas.

Y precisamente por eso es necesario construir prácticas que permitan integrar los deseos, ideas y proyectos de ciudad de aquellos que usualmente no participan en las decisiones que dirigen su rumbo. 

De Distrito Federal a CDMX

Desde hace 16 años, cuando Andrés Manuel López Obrador (AMLO) tomó posesión como jefe de gobierno en el entonces Distrito Federal, la situación urbana comenzó a cambiar de forma acelerada. 

Si algo es seguro es que desde entonces la pregunta por qué proyecto de ciudad quieren los capitalinos no ha sido socializada. Políticas aisladas que benefician a un sector muy pequeño de los mexicanos parecen ser la constante.

Un artículo de Alejandra Padilla y Daniela Barragán publicado en SinEmbargo recupera algunos de los cambios en las leyes y el marco normativo de la ciudad para permitir que edificios altos y viviendas con precios millonarios comenzaran a ser cosa cotidiana en esta ciudad. 

En dicho artículo, muestran cómo el proceso no ha sido homogéneo: en lo único que parecen haberse puesto de acuerdo los últimos tres jefes de gobierno, López Obrador, Marcelo Ebrard y Miguel Ángel Mancera, es en privilegiar las grandes obras de las grandes constructoras y en no atender cientos de quejas ciudadanas respecto a los permisos de construcción (en tan solo el periodo de 2015 a 2016 se acumulan 2 mil 847 sin resolver). Pero a esta historia de explotación urbana se le suman los parches y las ocurrencias de tres mandatarios, de tres ideas de ciudad que no compaginan entre sí.

1. “La ciudad de la esperanza”

Durante el mandato de Andrés Manuel López Obrador, dicen Padilla y Barragán, comenzó el proyecto de desarrollo urbano, pues fue él quien ordenó publicar el Bando Informativo Número Dos:

una norma cuyo objetivo era revertir el crecimiento de la ciudad e impedir que la mancha urbana creciera hacia las zonas de recarga de mantos acuíferos en donde además, se producía el mayor porcentaje de oxígeno. De modo que fue prohibida la construcción de unidades habitacionales y desarrollos comerciales en las delegaciones Álvaro Obregón, Coyoacán, Cuajimalpa, Iztapalapa, Magdalena Contreras, Milpa Alta, Tláhuac, Tlalpan y Xochimilco. (Vía: SinEmbargo)

Pero en las zonas centrales de la ciudad, como en las delegaciones Benito Juárez, Cuauhtémoc, Miguel Hidalgo y Venustiano Carranza, se impulsó la construcción. Este proyecto se sustentaba en el hecho de que la densidad poblacional de estas demarcaciones había disminuido en 1.2 millones de habitantes desde 1970.

Según el artículo citado, lo que ocurrió fue lo contrario: la población decreció en el centro y aumentó en la periferia debido a que empresarios no permitieron una oferta razonable en el centro. Por lo tanto, sólo en Cuauhtémoc y Miguel Hidalgo hubo un incremento poblacional.

2. Donde se lee “vivienda social” colóquese “complejos de lujo”

En 2006, cuando Ebrard tomó posesión, sustituyó el Bando de AMLO con la Norma 26 para permitir la construcción de vivienda social en todas las delegaciones. Sin embargo, algo distinto ocurrió: curiosamente, los inversionistas decidieron construir edificios que no eran vivienda social, sino departamentos de lujo.

Además, durante este mandato, denuncia el artículo, también se hizo un uso indebido del artículo 41 el cual permite el cambio de uso de suelo en cualquier zona de la ciudad con el simple mecanismo de la petición. 

El desmantelamiento de leyes que protegían los intereses vecinales también ocurrió durante estos años. 

3. El beneficio a particulares como política urbana

A partir de 2012, con Miguel Ángel Mancera, el gobierno ha beneficiado a las grandes constructoras. Según Padilla y Barragán:

“dos formas legales (…) permiten construir en grandes extensiones a través de fideicomisos en los que participa el Gobierno y las constructoras(,) (a) los que los ciudadanos no pueden tener acceso pues su información se encuentra clasificada. Los Sistemas de Actuación por Cooperación (SACs) y las Zonas de Desarrollo Económico y Sociales (Zodes)”. (Vía: SinEmbargo)

El día de hoy, Mancera presentó su propuesta de Ley de Desarrollo Urbano de CDMX y las organizaciones vecinales que se han tenido que formar y fortalecer en los últimos años para hacer frente al huracán de las políticas y permisos gubernamentales ya encendieron sus señales de alerta, pues:

Perciben que las modificaciones sugeridas por Mancera darán más facultades a los intereses inmobiliarios que mediante coacción o corrupción podrán, con el nuevo artículo 41, modificar a su gusto todo tipo de planes parciales o delegacionales de desarrollo. En pocas palabras, los ciudadanos denuncian que los llamados Comités Técnicos de Modificaciones a los Programas de Desarrollo Urbano podrán modificar usos de suelo cuando los nuevos Comités Vecinales así lo aprueben. (Vía: El Financiero)

Incluso miembros del PRI, el PAN y Morena han presentado quejas por la falta de planeación urbana e irregularidades en los procesos de construcción de la ciudad, como en el caso de violaciones a la Norma 26 en la rehabilitación del Cetram Chapultepec. En sesiones de la Comisión de Desarrollo e Infraestructura Urbana se han hecho este tipo de declaraciones:

“Todos los días, en las redes, en los medios, en cientos de audiencias públicas ciudadanas, recibo a vecinos molestos por la violación al uso de suelo. El Gobierno no ha podido explicar cómo está tomando decisiones fundadas en la normatividad vigente.” Margarita Martínez Fisher, presidenta de la Comisión de Desarrollo e Infraestructura Urbana. (Vía: Reforma)

“Sería pertinente saber qué está haciendo para no expulsar a las y los vecinos de esas zonas, considerando que se están construyendo vivienda con un costo promedio fuera del alcance de la mayoría de esa población.” Dunia Ludlow, presidenta de la Comisión de Vivienda. (Vía: Reforma)

4. ¿Cuál es el futuro de CDMX?

Habitar la ciudad es un derecho, pero lo es también poder decidir qué tipo de ciudad queremos, si queremos calles hechas para los autos o para los peatones, selvas de concreto o ciudades verdes, espacios que nos permitan reconocernos entre nosotros o estrechas banquetas peatonales.

Como mencionan Padilla y Barragán, si algo bueno surgió de estas políticas es que los vecinos conformaron organizaciones:

El Desarrollo Urbano generó la formación de comités ciudadanos desde Tlalpan, la Cuauhtémoc hasta la Miguel Hidalgo. Hoy son decenas repartidos en toda la ciudad que algunas veces se unen. Uno de ellos, la red Suma Urbana considera que, desde 2011, la ciudadanía es un núcleo que se mantiene informado ante cada una de las construcciones que el Gobierno trae en bolsa. Los habitantes de la capital conocen hoy del sector inmobiliario y ese es, acaso, el fenómeno positivo de este proceso.

Como dice también Harvey, vivimos en una época donde los derechos humanos se han situado en primer plano como modelo político y ético. Pero suelen formularse en términos individualistas y basados en la propiedad. Sin embargo, hay momentos en las que se asumen de forma colectiva:

“la cuestión de que tipo de ciudad queremos no puede separarse del tipo de personas que queremos ser, el tipo de relaciones sociales que pretendemos, las relaciones con la naturaleza que apreciamos, el estilo de vida que deseamos y los valores estéticos que respetamos. El derecho a la ciudad es por tanto mucho mas que un derecho de acceso individual o colectivo a los recursos que esta almacena o protege; es un derecho a cambiar y reinventar la ciudad de acuerdo con nuestros deseos.” (Vía: David Harvey, El derecho a la ciudad)

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