Boko Haram: fundamentalismo y globalización

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Los llamados fundamentalismos son unos de los grandes retos a los que actualmente se enfrentan las sociedades modernas, para teóricos de las ciencias sociales como Anthony Giddens o David Lehmann, estos no son otra cosa que un efecto de reacción o resistencia cultural, política y social  frente a las pretensiones de globalización imperantes en el sistema económico actual. Estas formas globalizadoras con pretensiones de universalidad responden a la complejización de los sistemas económicos, científicos y tecnológicos los cuales han generado diferenciaciones operativas,  funcionales, estructurales y comunicativas que han transformado radicalmente los procesos productivos, comerciales y de consumo a nivel global.

Dicha globalización operada desde los sistemas económicos, científicos y tecnológicos invariablemente llevan consigo elementos culturales que, ya sea de manera consciente o inconsciente,  pretende homogeneizar ciertas prácticas políticas, jurídicas, lingüísticas, sociales e incluso axiológicas, éticas y morales dentro de los intercambios culturales inminentes por dicha transformación económica. Dicho de otra forma, la globalización económica no puede evitar ser también globalización de la cultura, esto debido a que el sistema económico capitalista, constituido a partir de elementos culturales típicos de la racionalidad de las sociedades occidentales, como la noción de individuo -en un sentido liberal- que desemboca en elementos como la racionalidad científica y la racionalidad instrumental, en consecuencia, las nociones de capitalismo, ciencia y tecnología tal y como las concebimos tienen una relación indisociable con elementos de nuestra propia forma de vida (Peter Winch) o cultura, de ahí diríamos que no hay manera de instituir un sistema económico global, sin forzosamente instaurar elementos propios de la cultura de la que proviene dicho sistema de intercambio.

En ese sentido, los movimientos fundamentalistas pueden explicarse a partir de la tensión generada por las pretensiones de universalización cultural que llevan consigo los procesos económicos y políticos de la liberalización y mundialización de los mercados. Esto quiere decir que se radicalizan las tensiones culturales, ya de por sí existentes entre las distintas sociedades, y surgen movimientos políticos que optan, no por el entendimiento intercultural, sino por el hermetismo basado por una parte, en un retorno a las estructuras del pasado en términos de la generación de reinterpretaciones ortodoxas de sí mismos, de sus propias prácticas culturales y de su religión en el sentido de la autoproclamación de ser los únicos caracterizados para interpretar las escrituras. Por otra parte a la generación de programas políticos que buscan, no solo resistir, sino combatir los embates de los procesos de globalización; en relación al fundamentalismo señala Giddens que:

“Uno puede pensar que el fundamentalismo siempre ha existido. No es así: ha surgido en respuestas a las influencias globalizadoras que vemos a nuestro alrededor. El mismo término data de comienzos de siglo XX, cuando se empleaba para referirse a las creencias de algunas sectas protestantes en Estados Unidos, particularmente aquellas que rechazaban a Darwin. Pero, incluso a finales de la década de los cincuenta, no existía entrada para el término fundamentalismo en el Oxford English Dictionary. Hasta los años sesenta no se acuñò como palabra corriente. Fundamentalismo no es igual a fanatismo ni a autoritarismo. Los fundamentalistas piden una vuelta a las escrituras o textos básicos, que deben ser leídos de manera literal, y proponen que las doctrinas derivadas de tales lecturas sean aplicadas a la vida social, económica o política. El fundamentalismo da nueva vitalidad e importancia a los guardianes de la tradición. Sólo ellos tienen acceso al significado exacto de los textos.”

Ahora veamos lo que señala Lehmann respecto al mismo objeto:

“Los rasgos comunes a estos fundamentalismos pueden dividirse en tres amplias categorías: sociológica, doctrinal e imaginaria. La primera comprende la capacidad de trasladar el mensaje y las formas de organización a través de las fronteras culturales; la obsesión con el establecimiento de límites entre los creyentes y el resto, uno de cuyos aspectos es el control de las mujeres, así como de la sexualidad masculina y femenina; la utilización de modernas técnicas de organización y comunicación; y el planteamiento proselitista y de expansión organizativa «de base»33 . En lo doctrinal, defienden la infabilidad de las escrituras, su imposibilidad de error, con su consiguiente corolario anti-intelectual de hostilidad hacia las modernas formas de análisis de la Biblia o de la historia religiosa. Pero es la dimensión imaginaria la que distingue los movimientos carismáticos y fundamentalistas contemporáneos de sus formas primitivas: convencidos de estar recapturando rituales y símbolos desenterrados, los «enjaulan», utilizando mecanismos de aprobación y desaprobación social e institucional, con una clara conciencia de estar realizando dicho desenterramiento. Se crea, por tanto, un sistema de reglas que es acorde con nociones contemporáneas de lo que constituye la institucionalidad religiosa. […]”

Al interior de la religión del Islam han surgido en los últimos años movimientos fundamentalistas radicales que han buscado confrontar directamente al mundo occidental, encarnado no solo por las potencias occidentales, sino también por los gobiernos de los países de donde surgen dichos movimientos. Ejemplos hay muchos, pero podemos tomar a Boko Haram e ISIS como dos de los ejemplos paradigmáticos de este fenómeno. Ambos movimientos fundamentalistas buscan instaurar un califato islámico que derrote a los estados occidentales cristianos y capitalistas que actualmente tienen el dominio del mundo.

Ambos casos resultan ser brutales y radicales, pero hablemos de Boko Haram, el cual es un referente en el África subsahariana, dicho movimiento fundamentalista y terrorista opera activamente en países como Nigeria, Camerún, Chad, Niger y Malí. El objetivo es volver esos territorios un califato islámico, actualmente se declararon abiertamente aliados del autonombrado Estado Islámico (ISIS)y declararon que los territorios controlados por ellos son una provincia africana del ya mencionado Estado Islámico.

Boko Haram se ha caracterizado por operar de manera brutal contra los que ellos denominan sus enemigos, los cuales van desde mismos musulmanes que no comparten su forma de ver y practicar el Islam, hasta población cristiana que habita sobre todo el sur de Nigeria. Dicho grupo ha cometido crímenes contra la humanidad que van desde el secuestro y ejecución de cientos de hombres, mujeres y niños, hasta prácticas terroristas en distintas ciudades africanas; asimismo se han caracterizado por cometer crímenes brutales contra las mujeres de la región que incluyen tanto a niñas como a adolescentes secuestradas, en donde no solo son ejecutadas sino aceptan su forma de vida, sino que también son sujetas a crímenes sexuales y retenidas indefinidamente por el grupo terrorista. Finalmente, los gobiernos de los países donde opera Boko Haram han ido poco a poco conteniendo al movimiento a través de bombardeos multinacionales e intervenciones militares, incluso se acaba de negociar la liberación de 21 niñas secuestradas, a través de negociaciones llevadas por la Cruz Roja Internacional.