Disculpa, te equivocaste de baño

La ira le recorrió el cuerpo cuando se supo espiada. Se asomó al baño de al lado y observó que a través de un agujero —en el divisor de excusados— un hombre la miraba y se masturbaba frenético mientras ella orinaba. Ikbal, estudiante de la facultad donde se encuentra ese baño, salió del cubículo y golpeó con todas sus fuerzas la puerta del “depravado”. Este salió y la encaró, aún con el pene fuera. Ikbal corrió lejos, hasta perderse entre los pasillos de la universidad.

“En el baño de hombres me enseñaban el pene, me mostraban erecciones, me acosaban. Entendí que al mostrar una imagen femenina me ponía en riesgo. El siguiente paso era que me violaran.”

Días después, Ikbal buscó a la abogada de la FES Iztacala, una de las cinco facultades externas que tiene la UNAM y en la que cursa sexto semestre de Biología, le contó lo sucedido aquella noche y que usaba el baño masculino porque algunas compañeras se quejaban de que ocupara el de las mujeres. La solución más próxima por parte de la escuela fue darle la llave del sanitario para personas discapacitadas.

Baño Trans Mixto UNAM FES Iztacalco

Acepté, era la única solución en ese momento. Después me di cuenta que no estaba chido, porque yo no tengo una discapacidad de género.”

A los quince años Ikbal no se pintaba los labios. Tampoco le encantaba usar aretes ni vestidos. Recuerda una niñez feliz, la pasaba jugando futbol, básquetbol, nadaba, corría y andaba en bici. Su gusto por el deporte siempre le hizo encajar en el estereotipo de un niño activo. Años después, entendió que algo dentro de ella le impedía sentirse completa.

“El género es social y el sexo biológico.”

Me explica. Atrás quedó su etapa masculina y ahora es una mujer transgénero de ojos pequeños y negros, cabello castaño hasta el pecho, labios delgados y nariz refinada. Sus brazos están marcados, pero no musculosos. Es fuerte. Usa un vestido rojo con rombos azules, un pañuelo morado en la muñeca y tenis para correr. Se transporta en bicicleta. Diario recorre 24 kilómetros de su casa, en el centro de la ciudad, a Iztacala.

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Baño Trans Mixto UNAM FES Iztacalco

Son las tres, pero parecen las siete de la tarde. El cielo gris truena y la lluvia aparece. Primero en pequeñas gotas, luego, el viento arremete y el agua hace charcos sobre el suelo de la FES Iztacala, la primera universidad pública en implementar un baño binario, una estructura cuadrada bajo dos fresnos y una jacaranda, con paredes escuetas, de las que cuelga un letrero: “Sanitarios Mixtos”.

A estos baños puede entrar quien sea. “Cualquier persona, sin distinción por identidad de género, puede hacer uso de ellos, evitando así la discriminación”, está escrito en el boletín informativo de la FES. Se inauguraron en enero de 2018. Antes, el sanitario estaba dividido: izquierda para hombres y derecha para mujeres. Tiene cuatro mingitorios, diez excusados y una rampa para discapacitados. Cada cubículo tiene puertas y dentro una calcomanía con frases como: “El baño es público, pero el momento es privado”, “¡A lo que vienes!” y “Si te incomodan, alza la voz”.

“La gente los sigue usando como antes. Cada quien para su lado”, dice Esmeralda, estudiante de Enfermería, mientras se amarra el cabello frente al espejo.

“Es algo estúpido. Los mexicanos siempre queremos copiar las ideas de países primermundistas”, añade irritada Claudia mientras se lava las manos. Estudia el tercer semestre de Biología.

Esto es una manifestación de inclusión, un respeto a la comunidad independientemente de su género”, me dirá después Eduardo Méndez, responsable de Comunicación Social del campus. Según Méndez, los baños no fueron implementados por algún caso de acoso, sino por una petición del sector transgénero y transexual de la comunidad estudiantil.

En noviembre de 2017 la Ibero inauguró los primeros baños mixtos en una universidad mexicana, le siguió la FES Iztacala y la FES Aragón, en esta última ya se hizo viral un video en el que supuestamente dos alumnos tienen relaciones dentro de uno de los cubículos.

“Lo hemos pensado, pero la verdad no se me antoja, huele a pescado, a orines estancados”, me cuenta Mariana, que estudia psicología. Estamos sentados frente a los baños, toma la mano de Erick, su novio, que sonríe inquieto imaginándose la escena.

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Baño Trans Mixto UNAM FES Iztacalco

“Oye, te equivocaste de baño”. Era lo que casi siempre escuchaba Mia cuando cruzaba la puerta del baño para caballeros. Estudia Enfermería en la FES Iztacala. Hace menos de un año se llamaba David y usaba el casquete corto, como lo requiere el reglamento de su carrera: “cabello recogido para las mujeres y corto para los varones”, dice el documento.

— La jefa de carrera fue la que de plano me dijo que no podía llevar el cabello largo, supongo que para evitarse problemas.

— ¿Qué hiciste para poder llevarlo largo?

— Cambiarme el nombre legalmente, luego solicitar una nueva credencial en CU que dijera Mia. Me gustó ese nombre, significa “la elegida”, me cuenta mientras el cielo se cae en forma de agua. Varios esperan que pase la lluvia en los lavamanos del sanitario mixto. Para ella, un documento no debería imponer que te traten, o no, como mujer. Hoy, si se lo piden, muestra orgullosa un INE con su nuevo nombre.

— Esto no llegará muy lejos. El acoso existe en cualquier lugar. Las personas que tienen ganas de chingar lo van a hacer, no importa dónde.

La elegida se mira en el espejo y se acomoda el peinado que apenas alcanza sus hombros. Tiene el cuerpo breve y cuadrado, sus piernas están cubiertas por un par de medias negras que se mueven entre una falda azul marino. Sus brazos son fornidos y su mirada tímida. Hace más de un año comenzó su transición, luego, con la enfermería, descubrió su fascinación por el cuerpo humano.

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“‘Ik’ es viento y ‘Bal’ significa jaguar. O sea, jaguar del viento. En Turquía es un nombre masculino y más abajo, por Israel, es femenino”, relata Ikbal. Está cruzada de piernas intentando que la lluvia no moje su vestido largo y rojo como sus labios. Enmudece de golpe, el silencio se convierte en recuerdos, sus ojos regresan a la noche en que un profesor de medicina la encaró después de usar el baño de mujeres. Le gritó “pervertido”, “morboso”, todo en masculino.

Baño Trans Mixto UNAM FES Iztacalco

Sus amigas escucharon el drama y salieron a defenderla, dijeron que a ellas no les molestaba que usara ese baño. Cuando el profe entendió su error, lo intentó corregir: “Perdóneme, señorita”, le dijo.

“En una universidad los profesores deberían entender lo que significa diversidad de género. El ejemplo más obvio es la separación del metro, funciona pero esa no es la solución. Lo es la Educación y no la segregación.”

Ikbal entendió que la discriminación y el acoso provienen de la ignorancia. Por eso quiso que los maestros también tomaran clase. Platicó con la directora de Psicología de la Facultad y organizaron conferencias en el auditorio para los profesores sobre la diversidad de género, la sexualidad y el movimiento LGBTTTI.

Pronto me decepcioné. Al principio fueron cuatro profes de Biología, seis de Psicología y ninguno de Medicina. Luego se cancelaron porque ya nadie iba. Pienso que les daba pena entrar.”

En la puerta del auditorio estaba pegado un cartel con una bandera de arcoíris.

Baño Trans Mixto UNAM FES Iztacalco

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Cuando la humanidad se estableció en un territorio y dejó de ser nómada, surgió una necesidad: cagar tan lejos como lo exigiera su nariz, pero tan cerca como se lo permitieran sus intestinos. Ahí nació el excusado. En el siglo I los romanos defecaban en letrinas públicas. Bancas larguísimas instaladas en la calle, pegadas a la pared, hechas de piedra y con decenas de agujeros por donde los desechos caían a un canal que se llevaba todo hasta los ríos más cercanos. Lo usaban mujeres y hombres, señoras y niños, todos juntos. Los sanitarios mixtos ya existían hace más de 2,000 años.

“No me parece tan novedoso. En casa entra tu mamá, tu papá, tus hermanos, al mismo baño”, dice Jaqueline, estudia Psicología y solo pasa al lado de los mingitorios para mirarse en el espejo, porque ese es más grande.

Ikbal está sentada en una de las jardineras que rodean los baños binarios. Ya no llueve. Me cuenta que casi todas las flores son hermafroditas, que las hienas hembras tienen tanta testosterona y algo parecido a un pene que entre ellas se penetran, son una sociedad matriarcal.

Ahora estoy en un dilema. No sé si hacer investigación sobre hormonas y conducta, enfocada al tema trans, quedándome en una segura burbuja académica, o ayudar a alguna comunidad a conocer mejor sus recursos, para lo que tendría que regresar a mi muy segura masculinidad.”

Por Miguel J. Crespo

Agradecemos al autor y a Fusión el permiso para reproducir este texto

Por: Redacción PA.