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Temacapulín: el pueblo que quieren inundar los gobernadores de Jalisco y Guanajuato

Varias ciudades del Bajío dependen de una presa que pone en riesgo la existencia de al menos tres pueblos. Esta es la historia de su resistencia
Temacapulín resiste construcción de presa El Zapotillo (Foto: Alejandro Echevarría / Plumas Atómicas)

Desde Aguascalientes hasta Guadalajara, el río Verde hidrata al ganado y riega los cultivos de la región de los Altos de Jalisco, donde se producen uno de cada cinco kilos de carne y ocho de cada 10 huevos de los que se consumen en México.

En esa región se encuentra Temacapulín, un pueblo que data del siglo VI. Allí viven alrededor de 500 personas que se dedican principalmente a la agricultura y que suelen pasar temporadas de trabajo en Monterrey y Estados Unidos.

Desde hace nueve años, Temaca celebra la Feria Regional del Chile de Árbol -también conocido como chile Yahualica- para dar a conocer su cultura y ganar simpatizantes contra la presa El Zapotillo.

 

Feria del Chile de Árbol, en Temacapulín (Foto: Alejandro Echevarría / Plumas Atómicas)

La presa El Zapotillo consiste en una cortina de concreto de entre 80 y 105 metros que detendría el cauce del río Verde con la intención de mandar agua a las ciudades de León, Guadalajara y la región de los Altos. Con ambas alternativas, el agua retenida inundaría tres poblados: Acasico, Palmarejo y Temacapulín.

Desde 2005, cuando se anunció el proyecto, los entonces gobernadores de Jalisco y Guanajuato, respectivamente, Francisco Ramírez Acuña y Juan Carlos Romero Hicks, respaldados por el también panista presidente Vicente Fox, señalaron que de la presa dependía el futuro de sus megalópolis. Sin embargo, las poblaciones que tendrían que ser desplazadas nunca fueron consultadas.

Hasta el día de hoy, la postura de Temacapulín y algunos pobladores de Acasico y Palmarejo es firme: no a la presa.

Para Gabriel Espinoza, vocero del comité “Salvemos Temaca, Acasico y Palmarejo”, Temacapulín es el ombligo del mundo y ninguna propuesta de indemnización los haría abandonar su terruño:

nuestras tierras, nuestras casa, nuestra cultura, nuestra vida no tiene precio. Aquí vamos a resistir, como dice la Biblia ‘por los siglos de los siglos’”.

La postura de los habitantes de Temaca va más allá de no querer abandonar sus casas; se centra en que Guadalajara y León deben hacer un uso más responsable del agua, lo que los especialistas llaman “gestión integral del agua”.

“La gestión integral del agua en primer lugar es que los mismos pueblos tengan el dominio social del agua; que no se hagan proyectos de infraestructura en donde a unos los dejas sin agua por favorecer a otros. La gestión integral del agua significa evitar fugas; si pudiéramos, hacer baños ecológicos; captación de agua de lluvias; plantas tratadoras pero que de verdaderamente traten el agua”, abunda Espinoza.


Para el especialista en hidrología de la Universidad de Guadalajara, Arturo Gleason, la gestión integral del agua en las megalópolis de Jalisco y Guanajuato no es una utopía sino una urgencia que, además, evitaría la inundación de los tres pueblos.

“La gestión integral dice: primero maneja bien tu recurso, mide lo que te está entrando, no permitas que el agua de lluvia se vaya a los drenajes, cáptala, infíltrala, métela a los árboles; bájale a los consumos, estás consumiendo demasiada agua desde tus ciudadanos, tu industria. Ahorra.

Todo esto necesita una transformación del modelo actual que se basa nada más en encontrar una fuente que pueda resolver el problema de abastecimiento. La presa es la solución más cómoda y pronta y beneficia nada más a unos cuántos”.

El acuífero de León tiene un déficit de 53 millones de metros cúbicos, el equivalente a 53 estadios Azteca llenos de agua, según el último estudio de disponibilidad realizado por la CONAGUA.

Para el activista Gustavo Lozano, en la región de el Bajío hay cuatro industrias a la espera del agua de El Zapotillo: la curtidora, la inmobiliaria, la automotriz y la agroindustrial.

“Estos cuatro sectores son quienes están abrevando el agua de todos y los costes de que estén tomando más agua de la que podrían tomar, nos lo están trasladando al conjunto de la sociedad y desde luego a la gente de los Altos de Jalisco”.

Además de esos clusters en el Bajío, está documentado periodísticamente que los magnates Carlos Slim y Jorge Hank Rhon poseen acciones en las empresas FCC y La Peninsular, respectivamente, empresas a las que se les concesionó la construcción y operación de la presa El Zapotillo.

Según la CONAGUA, hasta el momento, la construcción de la presa tiene un avance del 86% y se han invertido casi cinco mil millones de pesos.

El 12 de agosto, los gobernadores de Jalisco y Guanajuato, Enrique Alfaro y Diego Sinhue, se reunieron con el presidente Andrés Manuel López Obrador para definir el futuro de la presa. Al finalizar, ambos mandatarios estatales aseguraron que la presa “no se detiene”.

Por su parte, aunque antes de ser presidente asistió a Temaca cuatro veces pasa solidarizarse con el pueblo -como aseguran los habitantes-, hoy como presidente, AMLO no ha definido el futuro de El Zapotillo y descartó derribar la cortina, como sugirió el secretario de medio ambiente, Víctor Toledo.

No podemos destruir lo que se hizo porque hay una inversión. Y tampoco vamos a imponer nada. Nada por la fuerza, todo por la razón y el derecho y yo espero que se llegue a un acuerdo”, dijo en la conferencia matutina del 22 de agosto pasado.

Los habitantes de Temaca, científicos y activistas sostienen que este es un momento histórico para que ciudades como Guadalajara y León replanteen su manera de consumir agua.

La propuesta es: ya dejemos de migrar a las ciudades. Es un momento histórico en donde Temacapulín propone: vamos migrando hacia los pueblos pequeños. Que las fuentes de empleo emigren hacia el campo”, declaró Gabriel Torres.

Para la defensora de derechos humanos del Instituto Mexicano para el Desarrollo Comunitario, María González, el debate que los habitantes de Temaca han puesto sobre la mesa no es la altura de la cortina de El Zapotillo o la indemnización sino “un cambio en el paradigma del manejo del agua”.

Arturo Gleason aseguró que Guadalajara y León no necesitan de la presa El Zapotillo, en cambio, dijo,necesitamos una sociedad mexicana más informada, más involucrada en los procesos para que también los políticos vean que no tienen cartera libre para andar gastando en obras que al final de cuentas dañan a unos mexicanos y no resuelven el problema de fondo”.

¿El destino de Temacapulín será decidido por personas sentadas en escritorios a cientos de kilómetros de distancia?, ¿gente que ni siquiera ha venido aquí?