Tala ilegal en el Edomex: indígenas asesinados, encarcelados y perseguidos

Mientras que la tala ilegal está acabando con los bosques en el Estado de México, su Fiscalía persigue a quienes los protegen
Persiguen a defensores de los bosques de Estado de México (Fotografía: Sofía Salcedo / Plumas Atómicas)

Entramos a la zona más devastada del Gran Bosque de Agua, un lugar que alberga casi el 2 por ciento de la biodiversidad mundial y que al día pierde una superficie equivalente a nueve canchas de fútbol. Aquí los talamontes son los amos y señores, mientras los ambientalistas son asesinados y perseguidos por la justicia.

Este zona boscosa de 120 mil hectáreas se ubica entre el poniente del Estado de México, el norte de Morelos y el sur de la capital del país; abarca lugares como La Marquesa, el Desierto de los Leones, las Lagunas de Zempoala y El Tepozteco. Pero es quizá en el municipio mexiquense de Ocuilan, donde la situación es más crítica.

Desde hace años pobladores y organizaciones protectoras del medio ambiente y defensa de los derechos humanos han denunciado la tala ilegal que está matando al bosque. Aunque eso no ha detenido a los talamontes.

El hogar de venados, halcones, zorros, conejos, ardillas, búhos, y ajolotes, se ve amenazado diariamente por el filo de las motosierras y las hachas de los talamontes que durante años han cercenado su belleza.

(Fotografía: Sofía Salcedo / Plumas Atómicas)

En este bosque mutilado, viven los Zamora, una familia indígena tlahuica que se niega a perder el bosque porque es parte de su esencia. Misael es uno de sus integrantes. Desde que era niño, su padre, Don Ildefonso, le enseñó a cuidar a los árboles.

Un día, durante la primavera del 2007, fue emboscado por talamontes armados mientras vigilaba la zona con Aldo, su hermano mayor. Ambos fueron rafageados. Aldo, de 21 años, murió; Misael, con un pulmón perforado por una bala, logró sobrevivir. 

Misael Zamora, perseguido por proteger el bosque en Estado de México (Fotografía: Sofía Salcedo / Plumas Atómicas)

Ocho años después del asesinato de su hermano, su padre fue detenido. Los cargos: allanamiento de morada y robo. Organizaciones como Amnistía Internacional, Greenpeace y el Centro Pro señalaron que su detención era una represalia por su labor en defensa del bosque. Nueve meses después, fue liberado cuando un juez reconoció que no había pruebas en su contra.

Ahora la Fiscalía General de Justicia del Estado de México busca a Misael. Irónicamente, lo acusan de tala ilegal. Un delito que se castiga hasta con 20 años de prisión.

Luis Tapia, abogado de Misael, señala que las autoridades “fabricaron una historia: dijeron que 32 personas, incluyendo 15 militares habrían detenido de manera flagrante a Misael cometiendo un delito. Pero en realidad estos hechos nunca ocurrieron así, sino que él fue atacado mientras estaba con su primo recogiendo leña con el fin de atacar a su papá. Le ejecutaron una orden de aprehensión y lo presentaron a un juez de control”.

(Fotografía: Sofía Salcedo / Plumas Atómicas)

Lo que se busca, dice su abogado, es desacreditar el trabajo y tomar represalias, ni siquiera por lo que se está haciendo, por lo que se hizo de parte de la familia Zamora en contra de los talamontes.

Pero mientras el proceso de Misael continúa, este lugar, que abastece tres cuartas partes del agua que consume la Ciudad de México, sigue muriendo. Greenpeace asegura que si la tala ilegal no se detiene, en 50 años no quedará nada del Gran Bosque de Agua.

Para entrar a la zona más devastada fue necesario entrar acompañados por militares porque los pobladores nos advirtieron que los talamontes no dialogan, disparan. Ser ambientalista es una actividad de alto riesgo. Tan solo en la última década fueron asesinados 128 defensores del medio ambiente en México, 83 de ellos eran indígenas.

Por ello, Misael y los demás defensores del bosque en Ocuilan buscan no caer en provocaciones. Reforestan en lugares que han sido dañados por los incendios forestales, lejos de las balas de los talamontes. Saben que su labor es importante y solo pueden realizarla si están vivos. 

“Sembramos vida para el planeta. Seguiremos participando en jornadas de reforestación, en combate a incendios forestales, pero definitivamente a la denuncia yo ya no le entro porque son problemas muy fuertes. Es muy peligroso”, dice Misael.

por Roger Vela