Salas de consumo en México: la agridulce experiencia de Mexicali

Mexicali fue sede del primer espacio de consumo seguro en Latinoamérica, pero el desinterés del gobierno derivó en su cierre.
"La Estación", la primera sala de consumo en México

Todos en Mexicali conocen a Janet como “La Cuata”. Es estadounidense pero vive en México, donde ha hecho vida a lado de la heroína. La han violado un par de veces. “Estando en la calle usando drogas, como mujer corres mucho peligro, nos hacen cosas que no merecemos pero que pasan, dice entre lágrimas.

Mexicali es una especie de círculo vicioso para el consumo de drogas inyectables. Las dosis cuestan 50 pesos y de alguna forma el consumo está tolerado, a menos que el gobierno quiera dar buena cara y, entonces, inicie redadas; para drogarse hay yongos o picaderos por toda la ciudad; para dejarla, clínicas privadas con tratamientos de metadona.

Consumir droga invisibiliza. El Estado criminaliza a los consumidores y la sociedad los margina. Pero hay un sitio, también en Mexicali, en donde esto no ocurre.

La Cuata y muchos otros consumidores lo conocen. Le llaman “La Estación” y es un centro comunitario donde se ofrecen servicios de salud a consumidores, trabajadores sexuales y personas de la diversidad sexual.

“La Estación”, la primera sala de consumo en México (Imagen: Integración Social Verter)

“La Estación” es el brazo operativo de Integración Social Verter, una asociación civil que trabaja con estas poblaciones desde hace diez años. A finales de 2018 abrieron la primera sala de consumo supervisado de drogas de toda América Latina. La Cuata fue una de las primeras en usarla.

Estas salas son una estrategia para la reducción de daños. En la política de drogas, este enfoque busca reducir las muertes por sobredosis, controlar los contagios de VIH y hepatitis C y mejorar el espacio público retirando consumidores de las calles. Se trata de consumir drogas bajo supervisión médica y en un espacio limpio.

Para Lourdes Angulo, directora de Integración Social Verter, La Sala era un sueño, uno que no duró mucho. Luego de unas semanas en operación, el 23 de noviembre La Sala fue clausurada por el alcalde panista Gustavo Sánchez. Para el funcionario, la clausura procedió por un problema de uso de suelo, ya que La Estación carecía de permisos de Protección Civil.

“No lo teníamos porque previamente no hubo una visita de supervisión”, señala Angulo haciendo énfasis en los cerca de diez años de trabajo previo de La Estación, en los que no hubo ningún problema administrativo. Para ella la clausura fue “pánico social”, pues fue con la prensa nacional e internacional que se supo que Mexicali tenía la primera sala de consumo en toda Latinoamérica.

Una discusión superada en el primer mundo

Las primeras salas de consumo de drogas surgieron en Europa a finales de los años 80 y principios de los 90. Suiza, Alemania y los Países Bajos fueron los primeros en experimentar con este modelo. En ese entonces, las salas de consumo no estaban oficialmente incluidas en las legislaciones locales.

Inicialmente, estos espacios también llamados narcosalas fueron promovidos por usuarios de drogas y proveedores de servicios de reducción de daños. Pero eventualmente, el gobierno apoyó estas iniciativas por ser medidas efectivas para reducir los riesgos de salud y disminuir la alteración del orden público.

En México, ni la Ley General de Salud ni el Reglamento de la Comisión Federal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios contempla la existencia de espacios de consumo supervisado.

Lourdes Angulo, directora de Verter, dentro de La Sala (Fotografía: Elizabeth Jiménez)

“Inclusive instituciones con las que hemos trabajado y tenían conocimiento del espacio, como Censida, nos decían bueno, es que no hay nada que se los impida, o sea no es ilegal”, comenta Lourdes Angulo.

Nada, a excepción de un permiso de uso de suelo. Luego de la clausura, Verter buscó obtener los permisos requeridos.

Nos detuvieron por mucho tiempo, muchos meses sin darnos una respuesta hasta enero, que nos dan la negativa. Pusimos una queja ante la Comisión Estatal de Derechos Humanos. Fue hasta abril de este año que nos autorizan, pero no lo dan [el permiso de uso de suelo] temporal hasta el 31 de diciembre. A partir de esa fecha no sabemos qué vaya a pasar”, denuncia Angulo.

Un problema desbordado

Cuestionado sobre la oportunidad de su administración para sentar un precedente histórico en la política mexicana de drogas -en toda América Canadá es el único país con estos espacios-, el alcalde Gustavo Sánchez sale al paso con una contradicción:

“En el caso particular de Mexicali debo decir que somos una de las ciudades con los índices más altos de consumo de drogas inyectables, entonces, si bien es cierto y reconozco que estos espacios tienen una circunstancia de orden directo en la salud, por otra parte tenemos que cuidar que no se nos desborde la circunstancia en sus consumos”.

Según Lourdes Angulo, el problema comenzó a desbordarse en los 60, cuando se generaron los primeros informes sobre consumo de drogas inyectables en la franja fronteriza.

Los datos en torno al consumo de drogas en México son difusos. De acuerdo con la última edición de la Encuesta Nacional de Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco (2016-2017) de la Secretaría de Salud, el 9.9 por ciento de la población ha consumido al menos una vez alguna droga ilegal. La encuesta consideró cerca de 57 mil entrevistas.

Consumidores en las calles de Mexicali (Fotografía: Elizabeth Jiménez)

“Son encuestas hechas con la metodología de censos del INEGI, tocan a la puerta y preguntan a un señor en frente de su esposa y sus hijos si se pica o tiene relaciones con otros hombres, están sesgadas”, dice Said Slim, coordinador de proyectos de Integración Social Verter. “La Conadic estima 100 mil consumidores de drogas inyectables, pero esa cifra me parece altísima”, acota.

Junto con Lourdes, Said realizó grupos focales para implementar la sala de consumo a finales de 2018.

“Desde el principio el programa de la sala tuvo un perfil de investigación, la intención era generar evidencia y construir el ABC de cómo implementar las salas de consumo supervisado en México”, destaca.

La evidencia se generó, pero la experiencia mexicana con las narcosalas fue agridulce. Sin una discusión legislativa local o federal ni la voluntad del ayuntamiento, parece difícil que La Sala vuelva a abrir sus puertas. “Realmente es como muy lamentable tener la infraestructura para ofrecer el servicio y no poder darlo”, señala Lourdes Angulo.

Para La Cuata, una de las usuarias que usó La Sala, la diferencia a drogarse en las calles de Mexicali y dentro del espacio es clara: “Era como ir al doctor”, dice tras una risa tímida.