¿De verdad existió ‘El Pípila’ o fue una mentira de la SEP?

¿Existió 'El Pípila' y, de no haber sido real, ¿su nombredebería de borrarse de libros de historia aunque tenga un valor para muchos?
¿De verdad existió 'El Pípila' o fue una mentira de la SEP?

El historiador Alfredo Ávila explica por qué durante casi 200 años se nos habló del Pípila, una losa sobre su espalda y una proeza legendaria.

No fue un Pípila, sino muchos

Los libros de historia de educación primaria lo insertaron en el imaginario colectivo de los mexicanos, pero su existencia es solo una leyenda. Juan José de los Reyes Martínez, mejor conocido como El Pípila, “es una metáfora para designar a todos los trabajadores mineros que participaron en la toma de la Alhóndiga, explica a Plumas Atómicas el historiador Alfredo Ávila.

El Pípila no existió, pero sí que existieron los pípilas. Fueron trabajadores mineros que, a la llegada de los insurgentes a la hoy capital de Guanajuato, se unieron a las fuerzas de Hidalgo y Allende luego de que el intendente José Antonio de Riaño se atrincherara en la Alhóndiga junto a la élite de la ciudad.

Esto fue visto como un agravio por parte de los trabajadores mineros. Ellos no estaban naturalmente apoyando a los insurgentes, no simpatizaban de inicio, pero de pronto sienten que el intendente, el hombre que debía defender la ciudad, los dejó a su suerte”, explica Ávila.

Alfredo Ávila Rueda en entrevista con Plumas Atómicas.

La toma de la Alhóndiga de Granaditas ocurrida el 28 de septiembre de 1810 es recordada como la primera victoria insurgente en la lucha por la Independencia de México. Aunque romantizada en la historia oficial, aquella batalla fue una especie de masacre: 600 españoles atrincherados con poca pólvora contra 10 mil indígenas, criollos y mineros furiosos.

En este descontrol, destaca el historiador, las mujeres esposas de los mineros fueron cruciales. “Hay una relación extraña: alrededor de la Alhóndiga hay familias ricas, familias que eran patrones de muchos de los que estaban allí, incluso tienen vínculos de amistad. Muchas de las mujeres que servían como empleadas en estas casas fueron intermediarias para evitar un daño excesivo a la ciudad”.

La Alhóndiga, granero y símbolo de la especulación agrícola.

La mediación evitó daños excesivos a la ciudad, pero provocó que la ira tuviera un solo objetivo: la Alhóndiga.

Y entonces ocurre el episodio legendario. El Pípila, quien supuestamente se abrió camino entre una lluvia de piedras y balas, llegó hasta la puerta de la Alhóndiga para incendiarla usando una vara de ocote encendida. Un “infundio”, según la conclusión del prominente historiador guanajuatense Isuauro Rionda Arreguín.

Leyendas para construir una nación

Fue el historiador Carlos María de Bustamente quien describió la existencia de El Pípila en su obra Cuadro histórico de la Revolución Mexicana, publicada en 1843. Con este fragmento inició la leyenda del Pípila:

“El general Hidalgo, convencido de la necesidad de penetrar en el interior de Granaditas, nada omitía para conseguirlo. Rodeado de un torbellino de plebe, dirigió la voz a un hombre que la regenteaba, y le dijo… ‘Pípila… la Patria necesita de tu valor… ¿te atreves a prender fuego a la puerta de la alhóndiga?…’ La empresa era arriesgada, pues era necesario poner el cuerpo a descubierto a una lluvia de balas; Pípila, este lépero comparable con el carbonero que atacó la Bastilla (sic) en Francia, dirigiendo la operación que en breve redujo a escombros aquel apoyo de la tiranía, sin titubear dijo que sí”.

Cuadro Histórico de la Revolución Mexicana, primera edición

De acuerdo con el historiador Alfredo Ávila, la intención de este romántico episodio narrado por Bustamente era crear una leyenda que sirviera como elemento unificador de la nación:

“A veces se nos olvida, pero los historiadores fueron muy importantes para crear la nación, tradiciones heróicas como la del Pípila crearon la idea de que la gente estaba peleando por la Independencia de México, cuando en realidad sabemos que la mayoría de la gente de Hidalgo planeaba por cosas más inmediatas, su propia supervivencia incluso”.

¿Y pesada losa que llevó en su espalda? Romancear la historia, según Ávila: “Hay que quitarse la idea de la losa, eso no es muy verosímil. Lo que sí es cierto es que los mineros llevaban cueros, cosas que usaban para evitar accidentes en las minas”.

Hoy, aunque la proeza de El Pípila ya no está en los libros de historia, parece que su imagen no desaparecerá del imaginario mexicano. La estatua en su honor que reposa sobre uno de los cerros que flanquean la ciudad de Guanajuato es un concurrido sitio donde mexicanos y turistas gringos se toman selfies.