¿Quieres recibir notificaciones de nuestro sitio web?

Así es el Partenón de El Negro Durazo por dentro

Visitamos la mansión de un exjefe de la policía de CDMX
Partenón que perteneció a Arturo 'El Negro' Durazo. Imagen: Sofia Salcedo / Plumas Atómicas

Al sur del país hay una propiedad que podría resumir la degradación de la política mexicana. No es un castillo, no es un palacio, no es una residencia; el término más correcto para nombrarla es Partenón, sí como el templo que adorna la Acrópolis de Atenas. Esta mansión perteneció a quien fue, quizá, el peor jefe de la policía de la CDMX. 

Arturo Durazo Moreno, mejor conocido como “El Negro” Durazo, fue el mandamás de la policía chilanga durante el sexenio de López Portillo, entre 1976 y 1982.  Al dejar su puesto, se convirtió en el enemigo número uno del país por la cadena de abusos que cometió. Entre otras cosas, se le acusó de asesinato, tortura, tráfico de drogas, acopio de armas, fraude y de cobrar extorsiones, a los policías que trabajaban para él. “El Negro” fue la cara más visible de la prepotencia y el descaro del sistema político en aquella época. 

Su inexplicable riqueza sobrepasaba el cinismo. Para hacer sus fiestas, mandó a construir en Zihuatanejo, Guerrero, una mansión parecida al Partenón griego. El jefe de la policía capitalina no era un dios, pero tenía su propio templo. La propiedad está abandonada desde mediados de los años 80, por eso decidimos visitarla. 

Partenón que perteneció a Arturo ‘El Negro’ Durazo. Imagen: Sofia Salcedo / Plumas Atómicas

Al llegar, lo primero que sorprende es el tamaño de la reja de entrada, mide 10 metros de altura y es bastante parecida a la reja principal del Bosque de Chapultepec. Al cruzarla, nos encontramos con estatuas de los dioses del olimpo: Zeus, Hades y Poseidón. 

Luego se accede al área del comedor. Una construcción adornada por 42 columnas dóricas —sólo seis menos que el Partenón original— en las que se encuentra una mesa para más de 20 invitados hecha con mármol. En medio de las columnas hay una especie de fuente que, seguramente, amenizaba las comidas de “El Negro” Durazo y sus amigos. 

Partenón que perteneció a Arturo ‘El Negro’ Durazo. Imagen: Roger Vela / Plumas Atómicas

La fuente da pie a unas escaleras que bajan hasta un alberca. Ahora ya está llena de alga y lama, pero cuando funcionaba brindaba a los visitantes una vista increíble del Océano Pacífico. A unos metros, se encuentra el jacuzzi, que aunque está zafado y sucio es el elemento menos desgastado del lugar. 

La mansión mide 20 mil metros cuadrados y costó 700 millones de pesos, de acuerdo con Proceso. Aunque está abandonada no está vandalizada, más allá de algunas pintas en las paredes. Algunas habitaciones aún conservan sus espejos sobre los muros y los techos. Sí: en los techos. 

Partenón que perteneció a Arturo ‘El Negro’ Durazo. Imagen: Sofia Salcedo / Plumas Atómicas

Al principio pensamos que los únicos inquilinos del Partenón eran los murciélagos, escondidos en las gavetas y los closets, que no estaban a gusto con nuestra visita, pero luego vimos cartones de cerveza vacíos, un camastro para descansar y hasta una hamaca: alguien se la sigue pasando bien aquí. 

Enfrente se encuentra las pista de baile. Aún se pueden ver los huecos donde antes había luces para iluminar las fiestas. También, en el interior de El Partenón, sobresale una cantina acompañada con una barra de madera y un mural con motivos griegos, como los que adornan toda la casa. 

Partenón que perteneció a Arturo ‘El Negro’ Durazo. Imagen: Sofia Salcedo / Plumas Atómicas

La fiesta para “El Negro” Durazo terminó en 1984 cuando fue detenido. La justicia lo acusó de acopio de armas y de abuso de autoridad. Pasó 8 años en la cárcel, una condena que muchos consideraron como insuficiente comparada con sus crímenes. Al salir ya no pudo regresar al Partenón: había sido confiscado junto con otras de sus propiedades. 

“El Negro” Durazo murió en el año 2000, luego de darse una vida de magnate con el dinero del erario. El inmueble le pertenece ahora al gobierno de Guerrero, después de ganarle un litigio a la familia Durazo. 

Esta mansión, no solo nos muestra la cara más oscura de la autoridad. Los 42 pilares que la sostienen parecen una metáfora de lo difícil que es derrumbar el viejo sistema. El Partenón de “El Negro” Durazo es el monumento perfecto a la corrupción en México.