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El fotógrafo mexicano que retrató las sonrisas que sobrevivieron a una guerra en África

Alberto Ibáñez, mejor conocido como 'El Negro', retrató a los huérfanos que sobrevivieron el genocidio de Ruanda
Niños en Ruanda juegan frente a la cámara de Alberto Ibáñez. Imagen: Alberto Ibáñez

Es súper importante contar la violencia y cómo oprimen en estos lugares, cómo viven esta tragedia, nos dice Alberto Ibáñez, mejor conocido como “El Negro”. Pero también está la humanidad, agrega, no siempre van a estar tristes, no siempre van a estar agresivos o siempre sufriendo. También juegan, también hacen el amor, también ríen, bailan, ¿y por qué no retratar eso?

El Negro nos explica la naturaleza de su trabajo mientras sujeta el retrato de un niño ruandés en los años 90. Es parte de su trabajo como fotógrafo en zonas azotadas por conflictos. En este caso, la imagen es parte de su serie sobre huérfanos del genocidio de Ruanda de 1994.

Con 58 años de edad, toda su vida la ha dedicado a la fotografía. Su carrera la comenzó como fotoperiodista, pero hoy vive de retratar diferentes temas alrededor del mundo, desde las comunidades afro en México hasta las tribus y etnias en Oceanía, Asia y África.

Fue como entre el transcurso en el momento de estudiar Antropología, trabajaba también en el INAH, y ahí me encontré con la foto… Después de este comienzo, tengo un accidente en el que salgo de circulación dos años. Me… Y regreso en el 88, justo cuando está el movimiento del 88, el movimiento cardenista. Me acuerdo que habíamos muchos, como jóvenes, todavía en ese momento que nos hicimos ahí y de ahí ya decido empezar a freelancear”, nos relató Ibáñez.

El subcomandante Marcos, durante el levantamiento del EZLN en 1994. Imagen: Alberto Ibáñez

Este amor por la imagen lo llevó a recorrer distintos lugares, desde Chiapas, en pleno conflicto del EZLN, hasta el Congo y Etiopía. En sí no fue a las guerras, pero su trabajo se enfocó en retratar las tensiones que permanecían tras episodios de violencia.

Lo que más me gusta es ese tipo de fotografía, la fotografía de movimiento social. O siempre me ha interesado la cultura afro, y no porque me digan El Negro, sino porque su interés que me nace por muchas cosas: todo por lo que sabes que pasó con ellos, por todo el rollo de la segregación racial, por todo lo que representa el movimiento de los negros, su música, su cultura…”, apuntó.

Así fue como llegó a Ruanda. El Negro se enteró que ocurrió una violación a los derechos humanos muy fuerte contra los huérfanos del genocidio de Ruanda, pero primero revisemos brevemente la historia de esta nación africana.

Un niño en Ruanda hace muecas para la cámara. Imagen: Alberto Ibáñez

Retratando las sonrisas que sobrevivieron

Esta ex colonia europea se independizó y fue reconocida como nación en 1962. Desde su formación, vio décadas de tensiones y conflictos entre sus dos pueblos, los tutsi y los hutu. Sin embargo, la violencia se salió de control en 1994, cuando el entonces presidente, Juvénal Habyarimana, fue asesinado.

Ropa ensangrentada en Ruanda. Imagen: Alberto Ibáñez

La muerte de Habyarimana detonó una cacería de los tutsi y hutus moderados. Promovida por el gobierno y los medios de comunicación, la gente y fuerzas de seguridad salieron a las calles y en 100 días asesinaron asesinaron a 800 mil personas, aproximadamente el 10% de la población.

Muchos de los huérfanos del genocidio de Ruanda fueron adoptados por organizaciones católicas en Europa y un día fueron invitados a su país, nos explicó Ibáñez. Cuando regresaron los niños, el gobierno ruandés les arrebató sus pasaportes y no pudieron salir del país.

Niños huérfanos del genocidio en Ruanda juegan. Imagen: Alberto Ibáñez

Ibáñez llegó a Ruanda en diciembre de 1999. Así fue como, en medio de toda esta situación, comenzó a retratar más de lo que los medios habían retratado en ese país desde 1994: las sonrisas, los juegos, las muecas pueriles, la dicha que sobrevivía de estos niños marcados por un genocidio.

“Yo creo que la violencia te la pide el periódico, te la pide la agencia y vas y buscas siempre esa manera de captar porque es la foto un poco alarmante e impactante y que jala y vende. Cuando tú no tienes ese alguien que te está pidiendo qué hacer, buscas otra manera de hacerlo, por eso esta serie de sonrisas, explicó El Negro sobre su trabajo.

Han pasado 20 años desde que realizó esta serie. Hoy, El Negro se encuentra en la capital de Oaxaca, donde sigue ejerciendo su labor enfocado en muchas comunidades que no suelen ser vistas: los nagas –en India–, la vida en Etiopía, o incluso retratos sobre la cotidianidad en París, todo, siempre documentando un lado más amable de la vida.