Batallan restaurantes de Narvarte por sobrevivir a 10 meses de pandemia por COVID-19

Varios negocios de la colonia señalan que los apoyos del gobierno son insuficientes y la burocracia hace que sea difícil acceder a ellos
(Imagen: Valentina Áviles/ Plumas Atómicas)

Percy Abuadili lleva 10 años atendiendo Don Anuar, el restaurante que su abuelo, un refugiado libanés, abrió en la Narvarte, una de las colonias más icónicas de la Ciudad de México por su oferta culinaria. Sin embargo, tras décadas de tener este negocio familiar, hoy enfrenta la pandemia que ha azotado a toda la sociedad mexicana.

Como él, a 10 meses de la emergencia sanitaria por COVID-19, los negocios restauranteros de la Narvarte, en la Benito Juárez, batallan por un nuevo semáforo rojo que se declaró en la capital mexicana y se extendió al menos una semana más para prevenir mayores contagios.

Percy Abuadili, dueño de Don Anuar y Pollos Harbanos. (Imagen: Esteban González/ Plumas Atómicas)

“Las ventas han bajado un 60% y, desafortunadamente, la cuestión es que el giro específico que yo tengo, que es comida libanesa, no es una comida de primera necesidad”, explicó Abuadili a Plumas Atómicas. “Y si escuchas a la gente que nos dice: ‘Es que ya no puedo gastar como antes en algo de este tipo’”.

Desde que comenzó la pandemia, en marzo del 2020, millones de trabajos se han perdido en todo el país y muchos más se han visto en riesgo. Justamente ante esta emergencia, los negocios en la Narvarte han tenido que esquivar una situación donde constantemente tienen que tronarse los dedos para mantener a su planta laboral intacta.

Jorge Lasso atiende su café. (Imagen: Esteban González/ Plumas Atómicas)

Narvarte ante la pandemia

Jorge Lasso, dueño y gerente de la Pastelería del Bistro Jorge, señaló en entrevista que cuenta con una planta de dos empleadas. Sin embargo, ante una caída de también el 60% de sus ventas, ha tenido que vender bienes propios para solventar los gastos de su café, el cual abrió con su esposa hace 7 años.

“A las dos les mantuve el sueldo. La renta se siguió pagando”, agregó. “Afortunadamente tenía una camioneta y la vendí. De ahí mantuve el mes y con eso volví a reinvertir y con eso me mantuve en estos meses”.

Abuadili explica que su negocio, donde trabaja con su madre, su hija y su cuñado, tampoco ha visto una reducción de su personal porque no le parece justo despedir gente ante la emergencia. Una situación similar es a la que se enfrentan en negocios como El Vilsito o Malportaco, dos taquerías –la segunda, vegana– icónicas en la colonia.

Un trabajador de Don Anuar durante la emergencia sanitaria. (Imagen: Esteban González/ Plumas Atómicas)

“La plantilla original se mantiene intacta por lo que ha sido un trabajo en conjunto con todos los miembros del equipo para minimizar los riesgos sanitarios”, señaló Selene Montero, cocinera en jefe de Malportaco.

Ismael Ortegosa, trabajador de El Vilsito, también señaló que nadie ha sido despedido de la taquería y todos los días trabaja el equipo para reducir el impacto económico entre los empleados. Estos dos negocios también han visto una reducción de más de la mitad de sus ventas.

El gel antibacterial nuevamente se hizo protagonista en los negocios como El Vilsito ante la emergencia sanitaria. (Imagen: Esteban González/ Plumas Atómicas)

Sin ayuda del gobierno

Si bien estos negocios siguen laborando para sobrevivir a la pandemia, Abuadili, Lasso y Montero señalan que no han recibido ningún apoyo del gobierno de la Ciudad de México ni de la alcaldía Benito Juárez. Y no es que no existan, en diciembre, la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum, anunció créditos de 10 mil pesos para negocios como los restaurantes. El problema, elaboran Montero y Abuadili, es que no son suficientes y la burocracia dificulta mucho el acceso a estos.

“Entre el trámite, que es eterno para solicitarlo, el tiempo de respuesta y la cantidad del ‘subsidio’, lo vuelven imposible”, señaló Montero. “En nuestro caso lo que alcanzábamos no era ni una semana de nómina”.

Malportaco durante el semáforo rojo. (Imagen: Esteban González/ Plumas Atómicas)

Para Abuadili es la misma situación. El dueño de Don Anuar elaboró que solo de la renta del local son 23 mil pesos y los 10 mil pesos del crédito apenas cubrirían una semana de nómina de sus cuatro empleados.

“No es que no sirvan, pero no me resuelven nada”, precisó. “La tarifa de luz: cóbramela a la mitad. No me la regales, cóbramela a la mitad. Hazme un descuento en los impuestos”.

Abuadili no es el único que considera que otras alternativas también ayudarían. Lasso señaló que justamente sería bueno que se mantengan los créditos, pero que las autoridades no sean tan exigentes en los procesos burocráticos. Lasso explica que justamente no pudo acceder a apoyos del IMSS porque no estaba dado de alta previamente como patrón.

“Yo creo que los créditos están bien a bajo interés, (…), [pero] no tener tanto papeleo porque a veces no los completas”, declaró. “Ahorita, como está la situación, ser un poquito más flexibles”.

El negocio de Lasso es conocido en la colonia por su pan y repostería. (Imagen: Esteban González/ Plumas Atómicas)

No ven todavía el final del túnel

Si bien el inicio del final de la pandemia se anunció con el comienzo de la distribución de la vacuna, todavía faltan meses para que la Ciudad de México libre la situación. En medio de un semáforo rojo y un incremento de hospitalizaciones a nivel nacional, personas como Lasso no ven todavía el final del túnel.

“No vamos a seguir vendiendo como antes y va a estar más complicada la situación” dijo. “La implicación sí va a ser que no vamos a vender y, bueno, yo sé que las medidas están bien, [pero] no puedo hacer más”.

Montero explicó que tanto ella como el equipo de Malportaco temen que el negocio no pueda salir adelante ante la situación y pierdan su trabajo, además de enfermarse y poner en riesgo a su familia.

La jefa de gobierno de la Ciudad de México permitió que los restaurantes sirvieran en mesas al exterior. Así luce el espacio de Malportaco. (Imagen: Esteban González/ Plumas Atómicas)

“El nuevo semáforo rojo, sin duda, ha acentuado esta incertidumbre. Si parecía que estábamos saliendo bien librados de la primera parte de la pandemia, este nuevo cierre de actividades nos hace percibir todo avance más lejano. Cada que tenemos que volver a restringir los servicios es volver a empezar de nuevo de cero”, puntualizó.

Malportaco tuvo que reducir sus platillos justamente por la pandemia. Solían tener comida regional una vez por semana y eso se acabó con la emergencia. Lo mismo para Abuadili, quien explica que mucha de su comida –justamente por su preparación– requiere servirse directo de la parrilla. En su lugar, diversificó su comida y, ahora, a través de un nuevo negocio que añadió a su local, Pollos Harbanos, también vende pollo. Aún así, Abuadili explica que no es suficiente.

“¿Con qué subimos sueldos o con qué sostenemos, si no hay ventas?”, añadió.

El Vilsito solía ser frecuentado por comensales durante la noche como un lugar principalmente para cenar. (Imagen: Esteban González/ Plumas Atómicas)

Añoran los días sin pandemia

Mientras negocios como estos tienen que esquivar los obstáculos que han surgido por el coronavirus, añoran no solo la estabilidad antes de la pandemia, sino toda la convivencia que iba de la mano con las actividades restauranteras. Aunque ahora pueden servir al exterior de los establecimientos, señalan que no es lo mismo.

“Antes era el ambiente que todos los clientes, al mismo tiempo, echaban relajo entre los mismos clientes. Ahora es más distanciado, entonces es lo que se extraña del ambiente del lugar”, señaló Ortegosa.

Los cafés y el pan de Lasso ya no se consumen por las tardes como antes. En Don Anuar ya no pueden acercar su cultura a los comensales, algo que Abuadili y su familia disfrutaba mucho. En Malportaco echan de menos el ambiente hogareño y las amistades que hacían a través de sus platillos. Solo queda esperar a cuando se termine esta emergencia que ha golpeado a todos los mexicanos y todo regrese a la “normalidad”.

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