Aprendí de la brecha de género porque tengo un hermano

La brecha de género empieza desde el hogar
(Imagen: Plumas Atómicas / @esepe1)

Cuando escuchamos el término de brecha de género, muchos de nosotros de inmediato nos remitimos al aspecto laboral. Pero este concepto no sólo se refiere a ello. Es algo a lo que muchas de nosotras nos enfrentamos, aun sin tener conciencia de que estos se trata. En este caso, yo me enfrenté desde muy joven a la brecha de género porque tengo un hermano.

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¿Qué es la brecha de género?

De acuerdo con la CEPAL, la brecha de género: “es una medida que muestra la distancia entre mujeres y hombres respecto a un mismo indicador. Refleja la brecha existente entre los sexos respecto a las oportunidades de acceso y control de recursos económicos, sociales, culturales y políticos, entre otros.”

Es decir, es la disparidad que existe en cualquier área entre las mujeres y los hombres en cuanto a su nivel de participación, el acceso a los recursos, los derechos, su poder e influencia, la remuneración y las ganancias.

En mi caso, lo viví desde muy corta edad. Sin saberlo, toda mi vida he luchado contra la brecha de género, en primera instancia en el acceso de recursos ya fueran afectivos o económicos. Porque mientras mi hermano le abrían las puertas, a mí me las cerraban. Y todo porque él era hombre y yo mujer.

A la sombra de mi hermano

Ricardo nació dos años antes que yo. El primogénito, el anhelado varón que continuaría con el linaje y las “glorias” de los ancestros. El tan esperado retoño que llevaba el nombre de su abuelo, como dictaba la tradición familiar, en sí fue todo un acontecimiento su llegada al mundo.

Tres años después llegué yo. Por lo que se me ha contado, ser la primera niña también causó algarabía y emoción en mi madre y en mis tías. En mi padre, no tanto. Criado en un ambiente ultra machista, para él las mujeres sólo venían al mundo a crecer hasta que tienen la edad para casarse, tener hijos y ser la que se encarga de las labores del hogar. Cualquier otra ambición no era permitida. El rol femenino dentro de la sociedad era ese.

Así que no es de extrañar que la predilección fuera por Ricardo. Claro, yo no no me di cuenta de esto sino hasta muchos años después. Nuestros primeros años fueron divertidos, jugábamos juntos, compartíamos aventuras y aficiones. Si bien nuestro padre siempre prefería que Ricardo lo acompañara a todas partes, no noté la  diferencia de trato hasta que entramos a la escuela. Ahí fue cuando todo se hizo claro y tuve mi primer contacto con la  brecha de género. 

Un simple diploma

Eso me parece ahora, pero en los años de la primaria eran la máxima aspiración. Cuando Ricardo llegaba con un reconocimiento de esa naturaleza y veía el pecho henchido de orgullo de mi padre, me propuse obtener todos los diplomas que pudiera para ver esa misma mirada en su ojos enfocados en mí. Pero no pasó así.

Cuando yo sacaba diplomas y llegaba a casa, con una mezcla de ansiosa satisfacción, el golpe de la brecha llegaba directo al corazón. “Ese es tu deber”, me decía mi padre. La mirada no  era igual para mí. Aunque mi madre trataba de no hacer diferencia, esa siempre estaba ahí. Tras muchas decepciones de esa naturaleza, decidí que las calificaciones, los diplomas y los reconocimientos los obtendría para mí y sólo para mí. Sin embargo, era doloroso darse cuenta que no me darían la misma respuesta que a Ricardo, aún cuando lo hiciese mejor que él.

(Imagen: Plumas Atómicas / @esepe1)

Nunca es suficiente

Si bien en lo académico nunca pude destacar más que mi hermano, en los deportes era la verdadera estrella de la familia. No importaba que fuera, era la mejor. Incluso llegaba ganarle a Ricardo cuando se trataba de deportes como beisbol o basquetbol; sin embargo, en ese momento encontré con  el primer: “Tú no, porque eres una niña.” 

Cuando mi padre iba al estadio a ver a los Diablos  Rojos, quería siempre llevar a Ricardo con él. Pero a mi hermano no le gustaba el beisbol. Lo de él siempre ha sido el fútbol americano. Entonces, siempre esperaba que me llevara a mí al parque, que se diera cuenta que, aunque fuera niña, podía ser una gran compañía, al ser muy entendida en el deporte. Sin embargo, su respuesta para eran: “Es que esto es cosa de hombres y tú eres una niña” y se marchaba sólo.

A pesar de ello, seguí brillando en los deportes, incluso me dijeron que podía intentar convertir mi talento en mi profesión . Pero mis padres no me  dejaron. Ser deportista no es cosa de niñas, me dijeron. Mejor ponte a estudiar, ir a la universidad y ser profesionista. Mientras tanto, a Ricardo lo apoyaron siempre en su práctica deportiva. Sí él lo hubiera querido, seguramente no le hubieran puesto trabas para ser atleta profesional.

“Porque él va a ser jefe de familia”

Pero cuando vi a la brecha de género a la cara, fue cuando ambos estábamos por entrar a la universidad. Ricardo quería ser Ingeniero en Sistemas y aplicó para una universidad particular. Pensé que cuando fuera mi turno las oportunidades que me brindarían iban a ser las mismas. Me equivoqué.

Quería estudiar Diseño Industrial; revisé los programas de diversas universidades e hice mi elección. Le expresé a mi padres mi deseo, la respuesta que recibí me demostró lo que era la brecha de género en todo su esplendor.  Mi padre, muy serio, me dijo que no era posible para él asumir el costo de la colegiatura, al pagar la de  Ricardo y la de mi otra hermana que estaba en la primaria.  Y añadió: “Además, Ricardo va a ser la cabeza, el jefe de familia. Él va a mantener a una esposa y a sus hijos. Tú, pues tú te vas a casar y tu esposo se va a hacer cargo de ti.”

Esas palabras me hicieron ver que en México aún se cree que las mujeres sólo servimos para reproducirnos. Mi padre no creía que fuera capaz de equiparar los logros profesionales de mi hermano. Muchos hombres aún creen que las mujeres no somos capaces de superarnos y  salir adelante sin  depender de nadie más que de nosotras mismas. A lo largo de mi vida les he demostrado que tengo las mismas capacidades que los hombres, que cualquier persona. Sí, tener un hermano me hizo entender la brecha de género, y sí, ésta trasciende el ámbito laboral. Es hora de reconocerlo.