Nueve mujeres acusan a Plácido Domingo de acoso sexual

Ocho cantantes y una bailarina han acusado a Plácido Domingo de acoso sexual a lo largo de cincuenta años
Nueve mujeres acusan a Plácido Domingo de acoso sexual perpetuado durante cincuenta años

Ocho cantantes y una bailarina han acusado a Plácido Domingo de acoso sexual ante la agencia de noticias Associated Press. Las mujeres denunciaron que estas agresiones fueron constantes a lo largo de cincuenta años y que, de no ceder ante las agresiones de Domingo, recibían castigos laborales.

Se reportan agresiones desde los años ochenta, entre las que Plácido Domingo en tres ocasiones besó forzadamente a mujeres y, en una ocasión, metió la mano bajo la falda de una de sus compañeras.

Además de las nueve acusaciones en forma, otras seis mujeres han confirmado haber recibido proposiciones incómodas por parte del cantante.

Dos de las denunciantes confesaron haber tenido que acceder a tener relaciones sexuales con Domingo por miedo a las repercusiones laborales que podrían tener. Una de ellas declaró que el cantante le dejó 10 dólares después de que tuvieron relaciones sexuales.

La conducta de Plácido Domingo era un secreto a voces. A las mujeres de la industria se les recomendaba nunca quedarse a solas con él y, si tenían que acompañarlo a una cena, abstenerse de tomar alcohol. Siete de las nueve mujeres confirmaron que la actitud de Domingo afectó directamente su carrera, pues no pudieron volver a trabajar con él o no recibieron los puestos que merecían.

La única denunciante que no se mantuvo en el anonimato fue Patricia Wulf, mezzo-soprano que cantó con Domingo en la Ópera de Washington. Todas las demás temen represalias en su trabajo y en el medio, Wulf lleva años retirada.

Wulf comentó que Domingo la esperaba fuera de su camerino después de cada presentación. Ella llegó a tener tanto miedo, que uno de sus compañeros la acompañaba a su coche para no quedarse sola. Y, aunque llevó a su esposo al estreno de La Flauta Mágica, Domingo le susurró al oído “quiero conocer a mi rival“.

“Eso era acoso totalmente. No tengo ninguna duda de que eso era acoso. Yo estaba siendo acosada. Él quería que yo fuera a su casa, quería que me quedara con él esa noche”.

“Es un secreto muy conocido que pasa, seguido. Él se acercaba a mí, muy cerca, y me decía ‘Patricia, ¿tienes que irte a casa esta noche?’ Fue impactante, fue muy difícil. Las mujeres son siempre tratadas como objetos, esto debe parar”.

Igualmente, cerca de tres docenas de cantantes, bailarines, músicos y trabajadores comentaron haber sido testigos de los avances y agresiones perpetuados por Domingo. Declararon también que él perseguía a mujeres más jóvenes, con total impunidad.

Las acusaciones muestran un patrón de comportamiento de Domingo: las contactaba persistentemente –llamándolas a altas horas de la noche– y, con un falso interés en sus carreras, las invitaba a salir con la excusa de darles consejos profesionales.

Por su parte, Associated Press contactó a Plácido Domingo para una declaración. Aunque se negó a hablar con los periodistas, Domingo publicó una declaración oficial. El cantante nunca negó sus acciones sino que las tachó de imprecisas y aprovechó para justificarse a partir de la “diferente mentalidad” que había en ese tiempo:

“Las acusaciones de estas mujeres anónimas, que se remontan treinta años, son preocupantes y, como se presentan, imprecisas. De cualquier forma, es doloroso escuchar que pude haber lastimado a alguien o hacerlas sentir incómodas –sin importar hace cuánto y a pesar de mis mejores intenciones. Yo creía que todas mis interacciones y relaciones siempre habían sido bienvenidas y consensuales. Las personas que me conocen o que han trabajado conmigo saben que nunca lastimaría, ofendería o humillaría a alguien intencionalmente”.

Reconozco que los baremos por los que hoy nos medimos, y debemos medirnos, son muy distintos de cómo eran en el pasado. Tengo la fortuna y privilegio de tener más de cincuenta años de carrera en la ópera y me comporto conforme a los estándares más altos”.

La violencia de Domingo fue constante y afectó directamente las carreras y vidas de distintas mujeres. Aunque hayan pasado treinta años, las agresiones sexuales no tienen fecha de caducidad, pues sus consecuencias se hacen presentes hasta el día de hoy. Un hombre con poder siempre deberá poder ser juzgado por su abuso, con la finalidad de evitar que éste continúe.

Plácido Domingo con sus dos grammys ganados en 1985. (Imagen: AP)

Por su parte, dos mujeres del medio han salido en su defensa desestimando las acusaciones y comprobaciones de más de veinte personas.

Helga Rabl-Stadler, directora del Festival de Salzburgo, donde Domingo actuaría este mes, salió en su defensa por su “competencia artística” y “trato atento”. (Vía: El Diario)

En su defensa, también salió Pilar Jurado, soprano y presidenta de la SGAE (Sociedad General de Autores y Editores). Jurado declara que con ella “ha sido un perfecto caballero”. (Vía: ABC)

Ante las declaraciones de Rabl-Stadler y Pilar Jurado, habría que recordar que las impresiones personales de una persona no contrarrestan sus actitudes violentas. Que un hombre sea amable con algunas, no lo hace menos violento con otras. La experiencia individual no se debe usar para desestimar un movimiento colectivo.

Ante las acusaciones, la Asociación de Orquestas de Filadelfia retiró la invitación a Plácido Domingo para que aparezca en el concierto de la Noche de Estreno el 18 de Septiembre. (Vía: El País)

¿Demás organizaciones harán responsable a Plácido Domingo? ¿O las acusaciones de nueve mujeres serán echadas en saco roto?