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En el que habría sido el cumpleaños de Lupita, su familia marcha al lugar donde fue asesinada

El 6 de julio de 2017, Verónica Guadalupe Benítez Vega fue apuñalada 17 veces, golpeada con un tabique en la cabeza y degollada, presuntamente por su esposo Luis Ángel, justo afuera de su casa en el Estado de México. Era estudiante de la FES Cuautitlán de la UNAM y madre de un bebé de cuatro meses.

A casi un año del feminicidio, el presunto responsable aún no ha sido sentenciado y las autoridades no han llevado a cabo las investigaciones pertinentes. La familia de Lupita sigue buscando justicia e, incluso, han recibido amenazas de muerte que tampoco han sido atendidas por la policía al no considerarse un delito por las autoridades del estado.

Este 10 de junio, día en que habría cumplido 22 años, se organizó una caminata en la colonia San José El Vidrio, municipio de Nicolás Romero, que pasó por el camino donde fue asesinada y terminó en el panteón San José:

“Pensar que la violencia es ajena y lejana a nosotros, ignorar un hecho no va a hacer que desaparezca. Fingir que las mujeres y la población en general no somos blanco de la delincuencia es por sí sola una falacia. Hoy, de pie, junto al lugar donde mi hermana Lupita de tan solo 21 años fue asesinada, podemos señalar que nadie está exento. Nadie es indestructible en un país sin ley. Un país donde para acceder a la justicia necesitas ser influyente o tener dinero“, dijo Juana Isabel, hermana de la joven.

Al menos dos testigos y evidencia genética incriminan a su pareja, Luis Ángel, con quien se había casado el 7 de enero de 2017. A pesar de que varios vecinos vieron cómo él la golpeaba y la arrastraba a un camino de terracería, nadie la ayudó. Tampoco han hablado, por temor a represalias.

El próximo 18 de junio será la audiencia de desahogo de pruebas ante el Juez del Tribunal de Enjuiciamiento del Distrito Judicial de Tlalnepantla, Estado de México.

“Somos personas, no números rojos en una lista, en una estadística, de una mala política de seguridad. Hoy fue mi hermana Lupita, ayer fue Fátima de 12 años, Serimar de 21, Fernanda, y mañana quién sabe. Y solo son una pequeña fracción de las miles de asesinadas. Ellas no se fueron por una enfermedad, las obligaron a irse y de la peor manera”.