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La pregunta que Zuckerberg no quiso responder pero tú revelas todo el tiempo

Mark Zuckerberg se presentó ante el Congreso de los Estados Unidos y fue interrogado por más de cinco horas, probablemente las cinco horas más largas de su vida. Mañana tendrá que comparecer nuevamente ante el Congreso, pero, entre tantas revelaciones ocurridas hoy, hubo una pregunta que llamó poderosamente nuestra atención, no porque fuera una clave política, sino porque revela cómo el mismo Zuckerberg es temeroso de lo que puede hacer su compañía:

¿Se sentiría cómodo de compartir con nosotros el nombre del hotel en el que durmió esta noche?

Zuckerberg se negó rotundamente.

 

“Creo que de eso se trata todo esto”, le respondió el congresista. Aunque el fundador y CEO de Facebook ofreció muchas disculpas sobre los errores que ha cometido su empresa, habló poco sobre las medidas que tomará para que Facebook no sea una herramineta de espionaje, de intervención política y, sobre todo, para quebrantar la intimidad de las personas.

A lo largo de su comparecencia, se tocaron temas sumamente sensibles sobre la seguridad de Facebook, la información que comparte con terceros, la intervención rusa en las elecciones estadounidenses y la privacidad de los usuarios, pero pocas preguntas como esa revelaron la magnitud del problema.

Daría la impresión de que Zuckerberg mismo ignora el auténtico alcance que puede tener su aplicación en nuestra vida privada. La intervención de Facebook no se mide en likes ni en comentarios recibidos, no se mide por la frivolidad ganada, sino por el terreno perdido. El terreno que peligra es el derecho a la intimidad, un bien muy preciado que antes solo veían vulnerado aquellos que eran espiados directamente por un gobierno.

En la antigua URSS se creía que Stalin y su gobierno espiaban por los teléfonos; la gente, como medida paranoica de prevención, empezó a tapar sus aparatos con almohadas. Hay quien refuta esta anécdota, pero sea cierta o no engloba a la perfección el peligro de que alguien sepa más de tu propia vida que tú.

Antes de que el internet existiera siquiera como un mal pensamiento, Isaac Asimov escribió un cuento llamado “El pasado muerto”, donde un profesor de historia lleno de tormentos y buenas intenciones participa de un invento que pone la vida privada en peligro. Quien lo lea esta noche verá en él, inequívocamente, un símil atroz con nuestra realidad.

Algo tienen en común Zuckerberg y los personajes de Asimov: tenían buenas intenciones, algo de codicia inocente y, sin saberlo ni desearlo, crearon algo más grande que ellos mismos. Eso no significa que nuestro devenir en las redes sociales será como el de un cuento distópico. Esta no es un invitación para alarmarse, pero sí para prestar mayor atención a lo que Zuckerberg piensa de su propia empresa.

Él se rehusó a compartir dónde durmió aquella noche con perfectos desconocidos en público, ¿por qué deberíamos hacerlo nosotros? Por momentos, Zuckerberg parece más inocente que precavido; y eso no aminora los peligros que puede causar un mal uso de Facebook; de hecho, solo los empeora.

La diferencia crucial entre el cuento de Asimov y Facebook es que la historia de Asimov está cerrada y este capítulo de nuestra vida en Internet aún no.

Aquí pueden leer el cuento de Asimov.

 

Por @edegortari