Último ciudadano de la Unión Soviética se aisló del mundo durante 25 años

¿Qué le llevaría a este hombre a encerrarse y aislarse del mundo por 25 años? Quizá algunos podamos responder que tampoco que no se pierde de mucho, destrucción, destrucción y ¡ah! claro, el triunfo del capitalismo.

Medios rusos reportaron el rescate del último soviético; sí, del último de nacionalidad soviética. Un comunicado de autoridades judiciales rusas expresa que dentro de una vivienda, desahuciada debido a las precarias condiciones de la construcción, encontraron a un anciano que, al parecer, no habría abandonado su casa desde 1991.

El único documento oficial que acreditaba la identidad del hombre era un pasaporte de ciudadano de la URSS. Al parecer quien se encargaba de él era su esposa, aún así, el anciano, porque seguramente es un anciano, presentaba un cuadro de desnutrición extrema y según los medios locales desde no había puesto un pie en la calle desde hace 25 años. Se cree que quizá padece el síndrome de Diógenes. (Vía: Excelsior)

Tras recibir, una orden judicial el hombre fue trasladado a un hospital y la mujer a una institución psiquiátrica.

De alguna manera, el hombre dejó colapsar su mente tras la desintegración de la Unión Soviética o desintegró su mente tras el colapso de la URSS. No sabemos qué fue primero o qué terminó por darle un condición diogenesca, esa que padecen todos los personajes de Beckett. Hombres misántropos encerrados en lugares precarios, personajes de los cuales no se sabe si están vivos o muertos. Si bien, a quien se le ha llamado el último hombre soviético, fue encontrado con vida, pero probablemente sus ideales fueron más que enterrados.

El síndrome de Diógenes se caracteriza por aislarse del mundo social y por dejar de lado el cuidado físico. Se le puso ese nombre por el “filósofo que vivía con los perros”, Diógenes de Sinope o Diógenes el cínico.

Diógenes vivía en una tinaja y siempre se le veía rodeado por una jauría de perros. El filósofo buscaba alcanzar la felicidad deshaciéndose de todo lo superfluo se entregó a un vida de extrema austeridad.

El «Sócrates delirante», como le llamaba Platón, era respetado por su crítica a las diferencias de clase y su desdén por las normas de conducta social. (Vía: ABC)

Quizá después de Diógenes de Sinope y de los personajes de Beckett se hable de el último soviético.

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