Trump le está costando votos al Partido Republicano: ¿se separarán o lo seguirán hasta desaparecer?

El martes pasado, una votación extraordinaria en Pennsylvania le dio la victoria a un joven demócrata, Conor Lamb, en un estado que, en 2016, Trump arrasó con 20 puntos de ventaja.

Esta no es la primera carrera electoral que le resulta cara al partido republicano y, quizá, pueda significar un punto de quiebre de apoyo para Donald Trump.

La presidencia de Trump parece que está siempre en el filo de la navaja. Por un lado están las noticias de la ineptitud, caos y crisis constantes dentro de la Casa Blanca y, por el otro, los retrocesos graves que el gabinete de Trump ha logrado en legislación y regulaciones ambientales, de derechos civiles y financieros.

El apoyo del partido republicano parecía, hasta las últimas derrotas electorales, existir sólo por la gran fuerza de campaña de Trump (que, aceptémoslo: es un genio para venderse a sí mismo, por lo tanto brilla en campañas); pero, también, porque en medio de todo el ruido han podido impulsar un presupuesto y una reforma fiscal agresiva y radicalmente conservadora.

Estos cambios habían podido ser ‘vendidos’  al público general gracias a dos cosas: demagogia y una alta votación por los candidatos republicanos. Pero, en la presidencia de Trump ninguna de las dos estrategias puede lograrse.

https://youtu.be/1lPvUKtHBJA

Esto no es sólo un fenómeno de Trump, sino que, más bien, él es un síntoma de un problema más grave dentro del GOP (Grand Old Party: el gran partido viejo, forma coloquial con la que se nombra, también, al partido republicano).

Desde 2010, y en respuesta a la victoria de Obama, el Tea Party comenzó a colocar a candidatos extremistas en elecciones primarias contra el ‘stablishment’ republicano, al que derrotaron fácilmente; sin embargo, frecuentemente no lograban vencer al candidato demócrata.

Trump es un ejemplo claro de esto: el más radical, el más demagogo y quien mejor manejaba los “guiños” racistas y misóginos venció a candidatos mucho mejor preparados del ‘stablishment’ como Jeb Bush o Marco Rubio, incluso a quienes dentro del status quo eran considerados radiales (como Ted Cruz).

Desde que Trump está en la presidencia, el GOP ha estado perdiendo elecciones por todo Estados Unidos: ya van dos asientos en el Senado y tres en la Cámara de Representantes, lo que ha dificultado las negociaciones dentro del poder legislativo.

Votación en el Senado estadounidense por presupuesto 2018

Con un Trump que parece cada vez más cercano a perder la razón y el piso; con cada elección perdida y ninguna legislación mayor aprobada (a pesar de que controlan cada una de las ramas del gobierno y hasta impusieron un juez en la Suprema Corte), al Partido Republicano se le acaban los días para decidir si apoyan a Trump, aún cuando ello les cueste la vida, o lo traicionan y buscan tumbarlo para salvar lo que queda de su partido.