Trump saca a Estados Unidos del Acuerdo de París

Estados Unidos es el segundo mayor emisor de gases de efecto invernadero y uno de los primeros en producción de desechos tóxicos. Con esto en mente y a pesar de esto, su presidente, Donald J. Trump, ha anunciado esta tarde que su país saldrá del Acuerdo de París, un tratado internacional que buscaba enfrentar de forma coordinada y transversal el cambio climático y la contaminación a nivel global. (Vía: New York Times)

Esta decisión forma parte de sus amenazas de campaña: en diversos rallies, una y otra vez comentó con sorna los objetivos del acuerdo, tachándolo de ser “malo para la economía estadounidense” y de que costaría alrededor de 2.5 millones de trabajos en los Estados Unidos, a partir de un estudio que ha sido desmentido una y otra vez por agencias internacionales, organizaciones ambientalistas e, incluso, comisiones especiales en el Senado y la Casa de Representantes.

Los rumores de la salida de EE.UU. del acuerdo comenzaron a correr desde el fiasco diplomático que fue el primer viaje internacional de Donald Trump, en el que logró alienar a aliados cercanos e históricos de Estados Unidos como Alemania y la Unión Europea completa, buena parte de la clase política de Israel y otros grupos de interés en el Medio Oriente. (Vía: LA Times)

En los cuatro meses y medio que lleva su administración han ocurrido muchas más cosas que escándalos y sospechas de colusión con Rusia: la Casa Blanca ha cancelado leyes de protección ambiental que existían desde el gobierno de Richard Nixon, canceló el veto presidencial de Barack Obama sobre la construcción de varios oleoductos -que ya han sufrido filtraciones y fracturas en ríos y mantos friáticos del medio oeste- y ha relajado muchas de las regulaciones de la Agencia de Protección Ambiental (EPA) en pos, siempre, de “beneficiar la industria estadounidense y ‘Hacer a América grande otra vez'”.

En su discurso, Trump parece dejar en claro dos cosas: que no hay forma en la que los Estados Unidos colaboren con otros países si eso no implica una “ganancia” para el país, y que, más que estar preocupado por destruir el planeta, busca defender a costa del planeta mismo a la industria y, con ello, al sector más privilegiado de la sociedad estadounidense: ese 1% para el que las reformas al “Obamacare” significan un recorte de 3 billones de dólares a sus impuestos; ese 1% que controla bancos y espera que, también, los bloqueos de la era Obama (en respuesta a la crisis del 2008 generada por ellos mismos) sean cancelados. (Vía: The Guardian)

Esta decisión es una victoria para el ala más radical de la Casa Blanca, en específico para Stephen Bannon, Estratega en Jefe y uno de los defensores más aguerridos de la política aislacionista del gobierno de Trump; por otro lado, es una derrota para el secretario de Estado, Rex Tillerson, para Jared Kushner e Ivanka Trump, quienes, indicaban los reportes, insistían en convencer al presidente de que se quedara en el acuerdo.

Ministros de China y de la Unión Europea se encontraban reunidos en Bruselas para negociar los siguientes pasos a seguir del acuerdo, por lo que el momento que escogió el equipo de Trump para tomar esta decisión, parece ser, fue premeditada para lograr el mayor impacto. Varios líderes mundiales ya han hecho declaraciones sobre lo difícil que será para el acuerdo mantenerse, pero, también, de la urgencia de que medidas como las que se propone se lleven a cabo. (Vía: The Guardian)

En su discurso, Trump mencionó en varias ocasiones que “llegó el momento de gobernar para Pittsburgh, no París”, en respuesta, miles de habitantes de una de las ciudades que más votos reunió para Hillary Clinton le han respondido en redes sociales.

La relación de Estados Unidos con el cuidado del medio ambiente siempre ha sido controversial: por un lado, mucho del discurso liberal insiste en “volverse verde”, en el uso de materiales orgánicos y biodegradables, reducir el consumo de agua y la producción de energías renovables; por otro lado, el impacto que esas mismas industrias “verdes” tienen en el medio ambiente mundial, particularmente en el “Gran Sur” es incalculable: minas a cielo abierto, deforestación masiva, desvío de ríos y desecación de lagos para alimentar el mercado estadounidense… Con la decisión tomada por Donald Trump esta tarde, se ha dado un paso, y uno grande, para que todo el mundo sea el “Gran Sur”.

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