¿Cómo es que estamos hablando de una pornstar y el presidente de los Estados Unidos (y por qué sí es importante)?

Desde hace un par de semanas, el nombre de una estrella pornográfica ha aparecido en todos los grandes medios estadounidenses. Stormy Daniels cobró celebridad por una relación que mantuvo con Donald Trump en 2006 y por la que, 10 años después, en 2016, recibió 130 mil dólares en un acuerdo de confidencialidad.

La Casa Blanca ha negado la relación, sin embargo, la mera existencia de un acuerdo de confidencialidad como el que Daniels firmó con el abogado de cabecera de Trump, Michael Cohen, y el camino de papel que dejó el pago de 130 mil dólares a través de cuentas fantasma con, posiblemente, dinero de campañas (además de la confirmación de muchos otros casos semejantes), hace de éste un caso ejemplar de la presidencia de Donald Trump.

¿Para qué pagar por algo que ‘nunca pasó’?

Lamentablemente, historias como la de Daniels y la de otras mujeres que han hecho pública su intención de romper o revocar acuerdos semejantes con Trump, ponen al frente y al centro al cheto presidencial y no la experiencia de ellas. Trabajadoras sexuales (o sexualizadas, en el caso de las modelos de Playboy), sus testimonios o son “difíciles de creer” o han sido utilizados más como una nota escandalosa.

https://youtu.be/0D5oyxsq6M8

Las fechas en las que Daniels y Karen MacDougal (ex playmate que también ha declarado haber mantenido una relación con Trump en las mismas fechas) firmaron sus acuerdos son casi vecinas: en junio de 2016, justo después de que Trump ganara la candidatura presidencial republicana y poco antes de que se hiciera público el video en el que describía cómo agredió sexualmente a una mujer “porque cuando eres estrella, te dejan hacerlo”. (Vía: Vox)

Más allá del titular de TVNotas, más allá de la foto del Gráfico, ¿por qué es importante este caso, por qué es complejo y por qué no debería de ser tratado como un ‘escándalo sexual más’, sino como lo que es: un ejemplo de corrupción desde la Casa Blanca y de invisibilización de las mujeres que participaron en él?

https://youtu.be/ECsGpjyuiQA

Todo está en los pagos

Imaginemos por un momento que tienes un valor calculado de varios cientos de millones de dólares, que eres de color naranja y que la única forma que puedes vincularte emocionalmente con alguien es a partir de pagos y violencias discretas (pero consistentes).

Hijos de Trump: prueba viviente de que la genética es karma

Al Trump pre-campaña electoral poco le importaba estar en el centro de rumores sobre infidelidad, de hecho en muchas entrevistas lo presumía (aún a lado de alguna de sus tres esposas); sin embargo, si sus asesores querían que ganara el voto cristiano, escándalos como esos no podían salir a la luz.

Según el libro Fire & Fury, Bannon presumía que el abogado personal de Trump, Michael Cohen, había logrado alrededor de 100 acuerdos de confidencialidad con diferentes mujeres a las que Trump acosó, agredió o con quienes tuvo una relación extramarital. (Vía: The Guardian)

Aún si exagerara, la información es suficiente para preguntar qué clase de poder tiene quien maneja esos secretos sobre Trump. Como el dueño de la compañía padre del National Enquirer, American Media Inc., David Pecker. (Vía: The New Yorker)

Evidentemente, al Trump anterior a la presidencia poco le importaba ser el foco de un escándalo sexual (tan poco le importaba que dejó que, por diez años, se publicaran varias entrevistas donde Daniels narra a detalle la relación); es seguro, también, que al Trump presidente tampoco le importe, pero tiene asesores y abogados que ven como un foco rojo el caso, no por el “qué dirán”, sino por la forma como fueron realizados los pagos.

https://youtu.be/tpDK8yiwZNA

Los testimonios y experiencias de las mujeres involucradas importan y tienen que escucharse

Los acuerdos de confidencialidad firmados por Daniels con el abogado de Trump y por MacDougal con American Media Inc. les arrebataron todo poder sobre su propio discurso y sus propias experiencias.

Las penas por romper esos acuerdos son hasta de un millón de dólares “por cada falta”, sin que haya una definición dentro del acuerdo de qué es una “falta” a propósito: ¿una entrevista, cada detalle, un libro sobre la relación cuenta cada uno como falta o se cuentan individualmente? (Vía: Vox)

No es sorpresa que ambas estén buscando salir de ese acuerdo a través de demandas, denuncias y presión mediática, como la entrevista que Daniels ya grabó para el programa 60 Minutes y está, simplemente, esperando la luz verde legal para ser transmitida.

Tal como relató MacDougal para la revista The New Yorker:

“En estos momentos, siento que no puedo hablar de nada sin meterme en problemas, porque no sé qué está permitido que diga y qué no. Tengo miedo hasta de mencionar su nombre”

Con el poder en manos ni siquiera de Trump, sino de sus colaboradores (y ese es un detalle importante sobre quién tiene, de verdad, el poder… y no es Trump), dos mujeres y las que se sumen, se enfrentan a una maquinaria legal, mediática y digital que ha buscado silenciarlas siempre.

Con filtraciones que confirman que el caso está siendo absorbido por la investigación especial sobre los posibles crímenes de Trump, sería la mejor historia de la Historia que este caso sea el que derrumbe al presidente.