Murió Carlos Slepoy, defensor de la justicia y la memoria contra las dictaduras

“Como todo el mundo, tengo sinsabores en estas historias. Aún así, en la medida en que uno siente que aporta no necesita una especial cuota de energía”. Carlos Slepoy

 

“Carlos, estés donde estés, si ves a mi padre, dile que seguimos peleando”. Este es el mensaje que acompañará el cuerpo de Slepoy por el resto de su búsqueda de justicia.

La nota fue escrita por Ascensión Mendieta, una de las miles de víctimas de la dictadura de Franco que ha conseguido sobrevivir a pesar de sus 91 años de edad. Su padre fue uno de los 150.000 condenados a la pena de muerte por “auxilio a la rebelión”. (Vía: El Diario)

A veces nos cuesta mucho trabajo confiar, nos cuesta imaginar que existen personas capaces de defender nuestra vida. Nos cuesta trabajo imaginar el poder no como un abuso sino como una justicia que puede ser posible, tangible, real. El pasado 17 de abril falleció una persona que tuvo confianza en la justicia y pudo vencer la impunidad: Carlos Slepoy Prada.

Slepoy nació en Buenos Aires Argentina, en 1949. Se licenció en Derecho en la Universidad de Buenos Aires en septiembre de 1975. Fue encarcelado dos semanas antes del golpe de Estado argentino, en marzo de 1976, y pasó por varias prisiones antes de ser condenado al exilio. 

Especializado en derechos humanos residía en España desde 1977 y en la década de los noventa colaboró en los intentos del juez español Baltasar Garzón, para llevar ante la justicia al exdictador Rafael Videla y otros miembros de la dictadura militar argentina por crímenes contra la humanidad. (Vía: La Razón)

Hay una anécdota muy importante que encontrarás al investigar la vida de “Carli”, cómo era llamado por sus amigos, es el accidente en la Plaza Olavide en Madrid,  en 1982. Slepoy fue testigo del maltrato de un policía contra un joven: intentó dialogar con el oficial, que al parecer estaba ebrio, pero cuando Slepoy se dio la vuelta para dirigirse a la comisaría, el oficial le disparó por la espalda. Esta herida le dejó graves secuelas y más tarde tuvo que seguir su camino postrado en una silla de ruedas. 

Baltazar Garzón y  Hernán Hormazabál  lo describen como el “defensor de las víctimas de los crímenes más horrendos”, alguien que tenía el poder de humanizar a los poderosos y hacerlos descender, por una vez, de los estrados de la indiferencia al piso del dolor de los más vulnerables. (Vía: El País)

En 2005, participó en el juicio contra el ex oficial de la Armada argentina, Adolfo Francisco Scilingo, por los delitos de genocidio, terrorismo y tortura. Scilingo también fue acusado de haber lanzado al mar a 30 personas en los llamados “vuelos de la muerte”.

Los últimos años de Slepoy se centraron en recoger testimonios, documentar y trabajar con y para las víctimas del franquismo y sus familiares. En su casa madrileña acumulaba archivos, informes, datos. Tenía el optimismo no del ingenuo, sino del militante que sabe que para recorrer el camino es preciso creer en la posibilidad de un final productivo. (Vía: El Diario)

Paradójicamente, en abril de 2010 viajo a Argentina para reclamar un castigo a los responsables de crímenes en la dictadura de Franco. Tres años después, se emitió una orden de búsqueda y captura a través de Interpol de cuatro antiguos miembros de las fuerzas de seguridad españolas, supuestamente involucradas en delitos de represión durante el franquismo.