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Sandra fue asesinada hace 4 años; hoy, se habla del ‘genio’ de su asesino, no de ella

Después de cuatro años del crimen, el juez Fernando Guerrero Zárate condenó a 50 años de prisión y un pago de poco más de medio millón de pesos por concepto de reparación del daño a herederos al asesino de Sandra Camacho, de quien, lo único que sabemos, es que algo hizo para provocar a su asesino: “no creyó en [sus] logros académicos”. (Vía: Reforma)

Más que enfocarnos en los detalles del crimen (que pueden leerse aquí, aquí o aquí), más que repetir el nombre y los logros del que, a partir de ahora es un asesino condenado, es urgente revisar la forma como normalizamos la violencia contra la mujer, cómo las víctimas quedan convertidas, dentro de la narración periodística de este tipo de notas en meros objetos que “algo han de haber hecho”: son evidencia, son un despojo o “la culpa”, pero nunca fueron personas, como Sandra, de quien sólo sabemos su nombre y su edad.

En este caso, el discurso en medios comenzó con una “crónica” (más cuento de no-ficción como una obra de Truman Capote) publicada en la revista Emeequis en el que se dejaron en claro tres elementos que serán repetidos, hoy, tres años después: el joven es un “genio”, buen muchacho, alumno modelo, y la víctima, una cabrona que se burló de él:

Sandra no para, sigue riendo, como una niña chiquita que no tuviera corazón; se burla y se le acerca. Javier reacciona. Se aleja de ella, quiere acabar con eso, pero no sabe cómo. Sandra lo jode, se le acerca otra vez, lo molesta mucho.Está tan cerca. La quiere alejar, la empuja, ella tropieza y cae. (Vía: Emeequis)

El caso completo es diferente a los “otros” feminicidios: no fue categorizado como tal, aún cuando cumplía con muchos de los protocolos. El asesino no era un”monstruo”, un “enfermo” ni un “desalmado”, como los titulares de hoy han dejado claro: “alumno modelo”, “genio”, “campeón de matemáticas”, “tocaba piano”… Por otro lado, el caso del asesinato de Sandra es ejemplar en algo: la culpa de la víctima y el lenguaje “protector” alrededor de un crimen violento. (Vía: Proceso)

Cuatro años después de su homicidio, se esperaría que hubieran otras formas de reportarlo, otras formas de hablar del asesinato de Sandra y no de su muerte como quien pasa una gripe, no “perdió la vida”, no “le quitó la vida”, se la arrancó y, en el proceso, se arrancó también la propia. (Vía: Sin Embargo)

Están las imágenes del asesino, las fotografías de sus logros y en varios medios se ha narrado cómo el secretario de Educación en 2012 lo felicitó y le auguró un futuro brillante, ¿importan, ahora, sus “logros académicos”, su “genio”, su capacidad en las matemáticas cuando Sandra sigue siendo, solamente quien “no creyó”? Han sido cuatro años y nosotros (porque en este nosotros estamos los medios) seguimos sin hacerle justicia, desde nuestras palabras, a Sandra Camacho.

Raúl Cruz Villanueva