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No. La salud mental no es una explicación válida tras la masacre en Florida

La masacre de 17 personas el día de ayer en una preparatoria de Florida reavivó, otra vez, la discusión de la regulación de la venta de armas en los Estados Unidos. Nikolas Cruz, el atacante, era blanco de ascendencia latina (pero blanco a la vista), por lo que nadie habló de terrorismo, migración o ‘violencia en las calles’, sino de enfermedad mental.

Alumnos siendo escoltados fuera de la escuela tras masacre en Florida

Desde el terrorista de Chalottesville, Carolina del Norte hasta bombarderos de clínicas de cuidado de la mujer, iglesias bautistas, Columbine hasta Cruz, para los políticos conservadores (generalmente republicanos), la justificación, explicación y contención del problema está en señalar a la “salud mental” como el único problema.

Todo porque este tipo de ‘explicaciones’ convierten problemas estructurales y sistémicos en algo individual. No se trata de algo legal, legislativo o de políticas públicas cuando el atacante era “un loquito”.

Esta individualización de los problemas nacionales (van 30 ‘mass shooting’ -término de difícil traducción al español- tan sólo en 2018) también se refleja, de hecho, en la justificación que dan: la salud mental en los Estados Unidos está completamente abandonada. (Vía: Gun Violence Archive)

Cada año, Estados Unidos tiene más ‘mass shootings’ que días. En 2017 fueron más de 500 y, si bien muy pocas cobraron la vida de tantas víctimas como la de Parkland, Florida, todas tienen respuestas semejantes: los políticos que han frenado una y otra y otra vez cualquier resolución para el control de armas envían sus “pensamientos y oraciones” a las víctimas, pero nunca una respuesta efectiva o la promesa de enviar al Congreso o convertir en orden ejecutiva una legislación.

Es una estrategia tan utilizada, que los estudiantes de la preparatoria Marjory Stoneman Douglas, donde ocurrió el último ‘incidente’ (sí, así le llaman los políticos pro-armas) respondieron frustrados y en medio de sus propios duelos a los políticos y comentólogos que enviaban “pensamientos y oraciones”, que justificaban la falta de regulación o que, simplemente, se aprovecharon políticamente de la tragedia, de su tragedia.

Donald Trump, con todo y su tuit sobre “salud mental” y “los problemas” de no vigilarla, autorizó hace un par de meses el recorte de regulaciones que impedían a personas con historial de problemas mentales comprar armas.

Tragedias como esta seguirán pasando en los Estados Unidos, no importa cuántas oraciones, cuántos pensamientos y cuántos tuits se envíen.