¿Por qué Rusia ve en los spinners un truco de Occidente para dominar a sus jóvenes?

La agencia de protección al consumidor rusa investigará los fidget spinners por “la creciente ansiedad” que han generado en los padres: se teme que sean una estrategia de Occidente y de la oposición para “zombificar” a la juventud.

, en serio.

Los spinners irrumpieron a finales de 2016 y a lo largo de todo el año han cobrado fuerza alrededor del mundo. Son un… llamémosle “juguete” bastante cautivador, aunque haya gente que simplemente “no los entienda”, en todos lados, en.todos.lados, los venden, los juegan y salen nuevos trucos para practicar en lugar de… bueno, cualquier cosa que la gente haga para vivir.

Las modas de juguetes, que cambian año con año y regresan en forma de fichas al siguiente son tan incomprensibles como fugaces, lo son tanto que nunca falta la teoría conspiracionista que explica su origen y sus oscuros designios: controlar mentes, distraernos, alienarnos, “hacernos robots”, siempre es un plan de gente sin rostro y sin nombre pero que tiene “el poder” y que opera tan detrás de cámaras que no hay forma de saber lo que ganarían. (Vía: Gizmodo)

Lo normal es que ese tipo de teorías se comenten en los grupos de Whatsapp de la familia, ese en el que cada mañana la misma tía que te manda un Piolín con bendiciones, te dice que los tazos, los hielocos, los yoyos y los baleros, todos son juguetes del demonio para alejarnos de la iglesia… ¿pero qué pasa cuando tu tía es el gobierno ruso y los medios que controla?

Todo empezó cuando la estación de televisión cuasi oficial rusa, Rossiya 24, lanzó una sección completa (y luego otra más) acerca de los spinners. El presentador y varios invitados hablaron cinco y luego ocho minutos de un juguetito y los riesgos que podría tener para los jóvenes, y no porque les vayan a sacar un ojo o los deje chuecos, sino porque “zombifican” y “apagan el pensamiento crítico, dejándolos expuestos a sugestiones falaces”. (Vía: The Guardian)

Una vez que uno de los principales medios moscovitas lanzó la sección, por todos lados comenzaron a aparecer notas que correlacionaban los spinners con una “oscura agenda” de la oposición anti Putin para hipnotizar y ganarse a la juventud rusa.

Algunas notas hablaban de lo escandaloso que era que los juguetes se vendieran en medio de las manifestaciones de finales del año pasado; otras más bien decían que el  problema era que varias marcas ponían instrucciones sólo en inglés en su embalaje. Y las más conspiracionistas alegaban que Aleksei Navalny, uno de los principales opositores a Putin y a la corrupción oficial del Kremlin, estaba jugando con un spinner a la espera de su juicio número 145644787 por… ¿no lavarse los dientes, quizá? (Vía: NYT).

Para los medios pro Putin, toda la evidencia estaba ahí: son los juguetes los culpables de una crisis política completa.

Según el New York Times, el primer medio del decadente capitalismo occidental en lanzar la nota, la agencia de protección al consumidor, Rospotrebnadzor, respondió a la constante aparición de los spinners en la agenda mediática a través de un comunicado oficial:

“Ha habido una promoción agresiva de estos llamados spinners entre niños y adolescentes en Rusia. Considerando la ansiedad que existe entre padres y maestros, Rospotrebnadzor, en cooperación con las instituciones de salud infantil, estudiará el efecto de los spinners en los niños y su posible impacto negativo.” (Vía: NYT)

Estos juguetitos se suman a una larga, pero muy larga lista de agentes de la decadencia occidental que habían levantado, por décadas, sospechas de parte de las autoridades rusas (entonces soviéticas): bandas como New Kids on the Block, el punk completo, los jeans Levi’s y los Beatles, fueron objeto de censura y bloqueos de parte de las autoridades de la entonces Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (y de varios países satélites, como Irán, por ejemplo), pues se les consideraba parte central de una agenda de desgaste del capitalismo occidental… y, entonces, quizá no estaban taaaan equivocados.

Hoy, que Rusia está más a la derecha que el mismo Trump, que pareciera que está ganando influencia tanto en Estados Unidos, Latinoamérica, África y Europa, que su régimen parece (y remarcamos la palabra: parece) más poderoso que nunca desde la caída del muro de Berlín, echarle la culpa a un triste juguetito que pronto quedará en el abandono no es sino mera condescendencia hacia su juventud.

La oposición rusa está conformada, principalmente, por jóvenes que se han ido sumando a las demandas de libertad y democracia a las que, irónicamente, sus padres se sumaban hace casi 30 años contra el régimen soviético. Si el Kremlin (o tu tía) de verdad creen que una madre que gira rápido es una herramienta de control político y no se fijan, más bien, en quién está haciendo girar el juguete, entonces los que tienen problemas (y graves) viven frente a la Plaza Roja.