¿Y si dejamos de ver Macrones donde sólo hay Ríos Piter?

El senador Armando Ríos Piter ha decidido (para sorpresa de nadie) lanzarse como candidato independiente para la carrera presidencial del 2018. Recientemente renunció a su filiación perredista y, pareciera, su nombre empieza a cobrar fuerza… aunque falta poco menos de un año para las elecciones y es probable que en ese tiempo se olvide su nombre.

Desde que Emmanuel Macron ganara la presidencia de Francia hace un mes, muchos comentaristas en México no han dejado de buscar su símil dentro de los políticos “alternativos”. Si Macron pasó de ser un funcionario económico gris dentro de la burocracia francesa, fácilmente cualquiera de los miles de funcionarios grises mexicanos podría arrebatarle la presidencia al… ¿PRI, a AMLO?

El caso Macron es sumamente interesante, más dentro del contexto francés: sin el apoyo de los dos partidos principales (Francia fue, hasta las elecciones pasadas, una democracia bipartidista como  Estados Unidos), sin reconocimiento ni tradición familiar, logró reunir el miedo a las políticas ultraderechistas y xenófobas de Marine Le Pen y el Frente Nacional; ganó por poco las elecciones en la primera vuelta, y derrotó a Le Pen en la segunda con una diferencia de casi 40 puntos.

Su victoria no ha venido sin controversia: Macron no es un político creativo, radical ni propositivo, forma parte de una vieja guardia del neoliberalismo formada en las universidades francesas y europeas y, aunque ha incorporado en su discurso la inclusión y “la ecología”, sus acciones están lejos de apoyarlas en lo pragmático. Pero, en las pasadas elecciones, simplemente no ser Marine Le Pen fue suficiente para ganar.

En México las condiciones políticas, económicas y sociales simplemente cancelan (o deberían de cancelar) cualquier búsqueda de un “Macron mexicano” -muy a pesar de Guadalupe Loaeza- resulta infructuosa.

El discurso de Armando Ríos Piter no deja de ser el de un político partidista: todos menos yo son corruptos, yo, al contrario de todos sé cómo gobernar, a lo que le añade la fórmula ganadora del “voto ciudadano”. Una larga entrevista con Sin Embargo deja desnuda una estrategia clara: como Teresa Castell en estas elecciones mexiquenses, tal como Pedro Kumamoto en Jalisco, Ríos Piter hace una lista de los problemas graves de corrupción y prácticas antidemocráticas (leídas siempre desde su clase y sus privilegios), para luego no ofrecer nada más que “ser diferente”. (Vía: Sin Embargo)

 

Para darle un punto de razón a Loaeza, tanto Macron como Ríos Piter tienen una breve historia con gobiernos y partidos de izquierda y, tal como Macron, encontró problemas “de siempre” con esas organizaciones; quizá, también, habría que señalar la carrera gris como senador y diputado plurinominal del PRD, que empata con la carrera mediocre de Macron en la administración de Nicolas Sarkozy. (Vía: Animal Político)

En México, es cierto, hay un sentimiento vivo antipriísta que se demostró en las pasadas elecciones del Estado de México y Coahuila (que sigue vivo en el conflicto poselectoral del Estado de México y Coahuila), pero también -y esto no es suficiente remarcarlo mil veces- hay un miedo clasista latente contra Andrés Manuel López Obrador y su partido, el Movimiento de Regeneración Nacional.

Sin duda, la figura de los candidatos independientes será parte central dentro de la campaña presidencial que se avecina, y no tanto por el experredista, sino por el desbalance que ha provocado y seguirá provocando la candidatura del Concejo Nacional Indígena y las probables candidaturas de más y más personas que, envalentonadas por Donald Trump o por Emmanuel Macron querrán lanzarse al ruedo electoral (y sí, hablamos de “El Bronco” y Ríos Piter).Algo apunta correctamente Ríos Piter: la sociedad está cansada y harta de juegos electorales, ¿cuál es el plan desde “la ciudadanía” para contrarrestarlo?, ¿acaso el ejercicio como “independiente” del experredista es, como con el CNI, un ejercicio performativo y de protesta que no busca votos sino sacudir el panorama? ¿O seguiremos buscando Macrones sin preocuparnos, en realidad, por la situación real de la política nacional?

Raúl Cruz Villanueva