¿Qué hará AMLO con todas las peticiones que llegan a su casa de transición?

En la casa de transición de Andrés Manuel López Obrador, ubicada en Chihuahua 216 en la colonia Roma, día con día llega gente a pedir de todo: desde reparación del daño de autoridades federales, estatales y locales, empleo, servicios básicos, hasta exorcismos y 20 mil pesos.

Afuera, en la banqueta, incluso se montó un altar para ‘proteger’ al próximo presidente, quien ya ha dicho que reincorporará al Estado Mayor Presidencial al Ejército y reducirá su seguridad personal.

Cadena de favores (para el presidente entrante)

Desde el 2 de julio, mexicanos de todo el país se reúnen frente a las oficinas nacionales de Morena, en Chihuahua 216. Sindicatos, grupos de trabajadores organizados, damnificados del 19S, desempleados, familiares en búsqueda de sus desaparecidos… Todos tienen una petición personal o una exigencia jurídica para el próximo presidente.

La forma como AMLO ha llevado su comunicación no ‘con la población’, sino hacia la gente genera la sensación de cercanía que hoy vemos afuera de Chihuahua 216: López Obrador no es, en un sentido estricto, un político ‘tradicional’ de los que buscan la lejanía y el trato con ellos se hace por medio de un departamento de Comunicación Social, sino que se acerca (o, muy bíblicamente, deja que se acerquen a él), saluda, responde, escucha.

Por lo mismo, no es raro que la gente lleve hasta él sus casos. Frente a un sistema político y burocrático que, sienten, les falla, la respuesta lógica es saltar ‘intermediarios’ y llevar el problema con la máxima autoridad: el presidente.

Los presidentes y la gente

La cosa es que, de hecho, López Obrador no es un caso único: en la historia de México cuando menos dos presidentes se han logrado acercar tanto como él a la gente: Lázaro Cárdenas y Adolfo López Mateos.

En una época donde la campaña presidencia no importaba, la cercanía de Cárdenas con la población, nacida de su misma forma de entender el poder presidencial, no sólo fue extraño sino que fue tomado como un pago a los agravios de la lucha campesina y obrera durante la Revolución.

‘Tata’ Cárdenas se consolidó en el imaginario colectivo como uno de los mejores presidentes de México, al menos para los millones que resultaron beneficiados de las reformas agraria y petrolera, la fundación de instituciones públicas, académicas y culturales durante su sexenio.

Lázaro Cárdenas en sus múltiples giras por México

López Mateos, vasconcelista y cardenista convencido (que, de hecho, tuvo que exiliarse por un tiempo tras las elecciones del 29), repitió la fórmula del acercamiento. Se montó en un camión y recorrió los caminos de México durante su campaña presidencial. Aún cuando era el candidato del PRI y no había riesgo de perder.

Igual que Cárdenas, la impronta de López Mateos es amplia en temas sociales y de justicia laboral: desde la creación del IMSS hasta la consolidación de muchos sindicatos que, entonces, eran no sólo necesarios sino urgentes.

Gira presidencial de López Mateos

El paternalismo y los sindicatos

El grave problema de ese acercamiento fue que formó una imagen del presidente como un ser todopoderoso que podía dar sus dones y regalos a la gente no que lo necesitara sino que lo supiera pedir. El paternalismo como política social dentro del régimen presidencialista del PRI se replicó en los sindicatos, en las oficinas menores de gobierno y, también, en la iniciativa privada.

Los lujos y pleitesías, las peticiones de ‘favores’ (que son más exigencias de derechos básicos) de los líderes sindicalistas como Carlos Romero Deschamps (petroleros), Víctor Fuentes del Villas (electricistas) y Francisco Hernández (telefonistas) se han replicado hasta la caricatura: sus agremiados saben que tienen que hacer hasta lo imposible para llamar la atención de su líder y pedirle lo que, por derecho, les corresponde.

https://youtu.be/hPqq-tyF7LU

¿Y qué hará AMLO con esta cercanía?

La verdad es que no queda claro si López Obrador hará algo para desarticular ese sistema de patronazgo y pleitesía. Si bien su cercanía con la gente (a la usanza de Cárdenas) cambió cómo se piensa al “político”, esa misma cercanía pudiera convertirse en una crisis de poderes constitucionales o en una profunda decepción cuando esa misma gente no vea que sus peticiones se convierten en realidad.

En México, por mucho que lo viviéramos hasta 1997, el presidencialismo absolutista nunca existió constitucionalmente: hay poderes y contramedidas para limitar al presidente.

La gente está decepcionada de la figura presidencial, del actual presidente y de quienes hoy gobiernan: ¿pero no hay mucho peligro en poner tanta fe sobre los que vienen?

 

Raúl Cruz V. ⎢ @rcteseida