¿Por qué cuesta tanto el arte?

“Niña con globo rojo”, uno de los graffitis más famosos de Banksy, estaba siendo subastado en la casa de subasta Sotheby’s, en Londres el pasado viernes 5 de octubre. La subasta llegó hasta 1.4 millones de dólares cuando, para sorpresa de todos, el cuadro se ‘deslizó’ por una trituradora preinstalada en el marco, destruyéndola.

La casa de subastas simplemente declaró a medios internacionales que “Habían sido Bankseados” (“We’ve been Banksy’ed”), luego de lo ocurrido. El nombre del comprador no ha sido publicado ni las acciones que Sotheby’s tomará luego del acto de Banksy: ¿devolverán el dinero?, ¿se declarara irreparablemente destruida?, ¿costará más por ser el centro de atención y un caso único en la historia del arte?

La pieza vendida y luego destruida es una de las más reconocibles del artista inglés, ha sido reintepretada, adaptada y modificada múltiples ocasiones pero hasta el viernes no había sido subastada. Eso no significa que obras del graffitero no hayan pasado por procesos semejantes: desde el 2007, Sotheby’s y otras casas de subasta han vendido sus piezas. (Vía: New York Times)

Bansky destruyó una obra suya en una subasta

En múltiples ocasiones, Banksy ha retado su propia posición de un artista “establecido”; podrá ser subastado en Sotheby’s, tener exposiciones en museos tan importantes como Moma y Tate, pero su anonimato y su propia condición de graffitero lo colocan en una situación extraña: está en el centro del campo artístico pero lo ve desde fuera y, por ello, puede hacer muchas cosas que no se le “permitirían” a otros artistas, como vender su arte en Central Park por 60 dólares cuando en una casa de subasta alcanza más de un millón de dólares.

Estos ejercicios de Banksy se convierten en un reto directo al sistema y el mercado tradicional del arte: las casas de subastas y las galerías, pero también los museos y los críticos de arte (sí, también Avelina Lésper) son los que construyen el valor de una obra, no la obra en sí misma: la especulación, las expectativas y el intercambio simbólico operan dentro del arte como lo hacen también con las acciones en una bolsa.

No depende del talento del artista, de su trabajo teórico o el momento en el que se produce, o no del todo, sino todo un sistema que determina arbitraria y (nada) desinteresadamente, el valor de la obra. La carrera de Banksy siempre ha corrido en paralelo: utilizar ese mismo sistema para posicionarse mientras, al mismo tiempo, lo pone en duda y en crisis constante.

El problema es que… no necesariamente las acciones de Banksy (o las de Avelina Lésper) ponen en crisis real el sistema del mercado del arte, probablemente la pieza que obtuvo el vendedor anónimo incrementó enormemente su valor luego de la “destrucción”: ¿nadie se dio cuenta que, en realidad, la obra no se destruyó del todo y quedó colgando del marco?

Por: Redacción PA.