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El ‘pack’ de Tamaulipas y los cómplices de la violencia en línea

Un archivo con imágenes privadas de cientos de mujeres del estado de Tamaulipas empezó a difundirse y viralizarse esta semana, contra la voluntad y sin conocimiento de quienes aparecen en las fotografías, en su mayoría menores de edad.

Se trata de un archivo de Megaupload con nombres y apellidos en orden alfabético e información de las redes sociales de cada una. El documento masivo sigue disponible y transmitiéndose a través de redes sociales, a pesar de que la difusión de ese tipo de imágenes, sobre todo cuando se trata de menores de edad, es un delito.

Difundir imágenes de menores de edad se castiga con cárcel

En el Código Penal del Estado de Tamaulipas se especifica que incurre en un delito quien difunda ese tipo de imágenes cuando hay menores de 18 años o personas incapaces de consentir.

En la fracción IV del artículo 194-Bis, el Código especifica que comete un delito “quien con fin de lucro o sin él elabore, reproduzca, venda, arriende, exponga, exhiba, publicite o transmita” material con contenido sexual o pornográfico de menores de edad a través de cualquier medio de comunicación, ya sea digital, análogo o tradicional.

A los responsables de ese delito, señala el Código Penal, se les impondrá “de ocho a doce años de prisión y una multa de mil quinientas a dos mil quinientas veces el valor diario de la Unidad de Medida y Actualización“.

O sea que, si alguien difunde las fotos de una menor de edad por cualquier medio, según el Código Penal, se le pueden imponer hasta doce años de prisión con su respectiva multa; como hicieron todos y cada uno de los que transmitieron el link en redes sociales: sí, eso incluye dar un retuit, mandar un DM, tomar una captura de pantalla o enviarlo por Whatsapp.

Respuesta de las autoridades

La difusión de imágenes pornográficas de menores de edad es un delito tipificado en el estado. También lo son el chantaje y la extorsión, como amenazar a las víctimas con publicar sus fotos privadas si ellas no hacen algo a cambio. No obstante, aún no hay protocolos definidos de actuación ante estos casos, como el rastreo de IP o la colaboración de las redes donde se difunden las fotos.

El académico de la UNAM Rubén Vázquez, experto en tecnología y redes sociales, dijo a Plumas Atómicas que aún falta sensibilización por parte de las autoridades. En muchos casos, son éstas las que culpan a las víctimas al mencionar o sugerir que es su culpa por haberse tomado las fotos o haberlas compartido con alguien de confianza.

En Plumas Atómicas nos comunicamos con la Procuraduría de Justicia de Tamaulipas para conocer las acciones que están llevando a cabo en este caso. Se comprometieron a enviarnos la información, pero al cierre de esta nota, a pesar de una segunda llamada de nuestra parte, no hemos recibido respuesta.

Olimpia Coral Melo, del Frente Nacional para la Sororidad, señaló en entrevista con Plumas Atómicas que no existe visibilización de la violencia en línea ni legislación adecuada para la violencia en línea.

Ante la inacción de las autoridades y falta de protocolos ante la violencia en línea, el Frente Nacional por la Sororidad han logrado identificar a acosadores en línea y evidenciarlos:

Las víctimas no tienen la culpa

Las víctimas suelen ser jóvenes que temen, y con razón, a la reacción de las personas de su entorno. La sociedad aún condena más a las mujeres que se fotografían libremente que a quienes traicionan su confianza y las difunden sin su permiso.

Daniela (quien narró su experiencia a Plumas Atómicas y cambiamos su nombre para proteger su identidad) vivió una situación similar hace cinco años, cuando estudiaba primero de preparatoria en la Ciudad de México. Tuvo una relación con un joven de su edad, con quien compartió fotos privadas. Sin embargo, meses después, cuando terminaron, se enteró a través de sus amigos de que circulaba un documento con fotografías de mujeres de su escuela y aledañas. Estaban incluidas las suyas.

No solo fueron las fotografías las que se compartieron, sino datos para contactarla. La añadieron a un grupo de Whatsapp donde aproximadamente 50 hombres la llamaron “putita” y “zorra”. Empezó a recibir solicitudes de amistad en Facebook de hombres desconocidos, mensajes obscenos y fotografías de penes, lo que la llevó a eliminar su propia cuenta.

Daniela tenía miedo de decírselo a sus papás, pues sabía que era muy poco probable que comprendieran. Sabía, también, que sus amigas la culparían y que las autoridades su escuela, religiosa, le reclamarían por tomarse esas fotos en primer lugar. Durante muchos años se mantuvo callada. Tiempo después, contó a Plumas Atómicas, se dio cuenta de que no tenía por qué sentirse culpable.

“Muchos años sentí mucha tristeza por lo que me había pasado, ahora solo siento rabia. Ahora sé que no hice nada malo”

Ella aconseja a las jóvenes que están pasando ahora por esa situación “que no tengan miedo, no tienen la culpa y no están solas”.

Victim-blaming

Medios como Milenio reportaron un comunicado de la Dirección de Educación de Ciudad Madero, Tamaulipas, al cual Plumas Atómicas no tuvo acceso, en el que recomendaban a los padres de familia “advertir a sus hijas sobre enviar fotografías a desconocidos en redes sociales”.

“Como instituciones educativas podemos prohibir al alumno lo que sea, pero las medidas preventivas deben venir desde casa, no deben tomarse este tipo de fotografías, porque al hacerlo se ponen en riesgo”, dijo su titular David Hernández Muñiz.

Antes de prohibir a los jóvenes tomarse fotografías y compartirlas, sería necesario enseñarles a hacerlo de forma segura, pues están en todo su derecho. Y una decisión informada siempre es conlleva menos riesgos. “El sexting no es un delito, es una práctica consensuada que se vuelve delito cuando una de las partes hace públicas las fotos contra la voluntad de la otra”, dice Olimpia Coral Melo.

El diario Express Tamaulipas, de Grupo Multimedios, contribuyó a la revictimización de las cientos de mujeres al no solo reportar el hecho, sino publicar algunas de las imágenes con todo y nombres e incluso compartir el enlace al archivo:

Foto: Twitter

Ninguna de las mujeres, muchas de ellas menores, que aparecen en ese archivo son responsables. Este caso no solo es una historia más de un exnovio despechado, se trata de un crimen sistemático que involucra la organización de decenas de personas que fueron conscientes de que estaban violando la privacidad y los derechos humanos de cientos de víctimas. Ninguna de ellas es responsable de la situación en la que se encuentran y ni una más debería atravesar por una circunstancia semejante.

Las autoridades, en lugar de tomar acciones concretas, una vez más se busca responsabilizar a las víctimas de los delitos cometidos en su contra. Aquí no se trata de educar a las mujeres para que no se tomen fotografías, se trata de castigar a quienes sí están cometiendo un delito.

Si fuiste víctima de la difusión de estas imágenes, existen organizaciones que pueden ayudarte. Una de ellas es el Frente Nacional por la Sororidad, que tiene una línea 24 horas en la que ofrecen asesoría jurídica y psicológica a quienes han sufrido violencia en línea: 6182725352. También puedes encontrarlas en @frentesororidad.