Así fue el debate de acoso y ‘galantería’ en redes y foros

La violación es un crimen. Pero el coqueteo insistente o torpe no es un crimen, ni la galantería es una agresión machista.” Así empieza el texto publicado por la actriz francesa Catherine Deneuve en el diario Le Monde donde acusa al feminismo de crear una paranoia puritana alrededor del acoso que impide “el libre ejercicio de la sexualidad”.

¿De verdad el feminismo busca un nuevo puritanismo? Catherine Deneuve y las demás firmantes están rotundamente equivocadas o, por lo menos, gravemente confundidas.

En su alegato en contra del supuesto nuevo puritanismo, las firmantes sostienen que campañas como #MeToo han provocado una cacería de brujas. Incluso se atreven a afirmar que ahora las mujeres son obligadas a ser partícipes de las denuncias:

¡Nos ordenan hablar, a silenciar lo que enoja, y aquellos que se niegan a cumplir con tales órdenes se consideran traidoras, cómplices! (Vía: Infobae)

El debate en México sobre el acoso y el texto de Deneuve

Esta mañana, en el programa matutino de Carlos Loret de Mola, ocurrió un ejercicio interesante: el debate entre dos feministas alrededor del texto Deneuve: del lado de Deneuve, Marta Lamas; del otro, Catalina Ruiz.

https://twitter.com/duraznitobeibi/status/951488275029540865

Representante de una escuela histórica del feminismo, Marta Lamas y un grupo grande de activistas y teóricas feministas, tuvieron logros institucionales y culturales tan importantes como la fundación del Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE) y espacios académicos como el Centro de Investigaciones y Estudios de Género (CIEG) de la UNAM. Sin embargo, pareciera que su escuela se quedó, justamente, en sus mejores momentos.

Catalina Ruiz Navarro es reconocida, principalmente, como miembro fundadora del colectivo Estereotipas, un grupo que ha puesto en el centro de la discusión en redes sociales cuestiones como la violencia de género, el machismo y los elementos más sutiles del feminismo que cuestan abordar desde los públicos masivos de las redes sociales.

En el debate televisivo, las posturas de Lamas y Ruiz Navarro fueron claras: Lamas defendió la carta de las intelectuales francesas, señalando que el movimiento #MeToo nace del puritanismo estadounidense, que el “coqueteo torpe o erróneo” no es un crimen y que hay una oleada que busca “deslindar de responsabilidad” a las mujeres de sus actos.

Los argumentos de Lamas, como los de Deneuve, se caen cuando se ponen en el contexto de la violencia de género constante que viven las mujeres en todo el mundo, no sólo en Hollywood, sino también en México (particularmente en México). Los señalamientos de Ruiz Navarro respecto al consentimiento, las relaciones de poder inherentes al acoso y a la violencia de género y, siempre, insistiendo en que invisibilizar la violencia que viven miles de mujeres en sus lugares de trabajo, hogares y en el espacio público es mucho más complejo y más apremiante que preocuparse por los sentimientos de acosadores y agresores que han visto sus carreras medianamente afectadas por las acusaciones en su contra.

¿De verdad las feministas tienen semejante clase de poder totalitario?

Para empezar, el texto de Catherine Deneuve está plagado de reducciones al absurdo. Equipara las denuncias de acoso sexual con las quejas hacia obras de arte calificadas como machistas o el desprecio hacia artistas (que no siempre a su obra) acusados de acoso. Sí: ha habido grandes obras de arte creadas por gente despreciable; y no solamente gente machista: también los asesinos y los ladrones han creado obras de valor.

¿Tienen que ver un cuadro pintado hace dos siglos o una película de hace cincuenta años con las denuncias de acoso que ocurren hoy mismo? No, no tienen nada que ver. Son dos discusiones distintas.

Dejando de lado que esta denuncia mezcla discusiones de distinta índole, podemos centrarnos en su queja principal: la presunta cacería de brujas que está casi prohibiendo la coquetería. Deneuve sostiene que la coquetería no es un crimen; y es completamente cierto. Justamente hay una diferencia entre la seducción y el acoso.

“De lado del acoso hay intimidación e imposición; de lado del flirteo hay consenso y juego: no es difícil diferenciarlo”.

A favor de Deneuve y las demás firmantes habrá quien alegue que no se puede universalizar dicha experiencia y que las diferencias entre seducción agresiva y acoso pueden ser un tanto subjetivas, ajenas a normativas y protocolos jurídicos.

Sin embargo, incluso si concedieran parcialmente esos argumentos, una persona puede saber perfectamente la distinción entre acoso y seducción: de un lado hay intimidación y del otro hay consenso; de un lado hay imposición y del otro hay un acuerdo; de un lado hay agresión y del otro juego. ¿De verdad es tan difícil notar la diferencia?

En el alegato de Deneuve se percibe que pasa por alto un hecho crucial: detrás del acoso están los acosadores, no las víctimas. A su parecer, estos hombres “que perdieron el trabajo” son víctimas de las denunciantes por haber cometido el error de hacer un tocamiento inoportuno “en una rodilla” o enviar un mensaje desafortunado a la persona incorrecta. Como si todas las acusaciones fueran meras exageraciones, en la lógica de Deneuve las denunciantes son culpables.

Por otro lado, en este texto es sumamente llamativo que compare a los movimientos de denuncia con revueltas autoritarias: “¡Nos ordenan hablar!” Por supuesto, eso es simple y llanamente una frívola exageración. Si alguien no desea denunciar, no denuncia; si una persona no se siente acosada, no se siente acosada.

Llega un momento en que la misiva de Deneuve roza los delirios distópicos de Black Mirror. De ahí en adelante el texto se llena de  conjeturas temerosas pero no de argumentos sobre controversias apremiantes. Es una pena que tantas firmantes en un medio del alcance de Le Monde y desde una posición tan beneficiosa usen ese privilegio para ventilar sus temores fantasiosos sin tocar en ningún momento los casos concretos de acoso que han dado la vuelta al mundo. Y, mientras tanto, el mentado ‘nuevo puritanismo’ no es más que un simple dislate. 

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