Nuestro futuro: el trabajo… ¿será nuestro o de robots? (entrega II de IV)

¿En qué trabajaremos en 20 años?

Es muy probable que en 20 años tu empleo y el mío los haga una máquina. ¿En qué trabajaremos tú y yo? ¿A qué se dedicará la gente que tenga empleo? ¿Las máquinas trabajarán para nosotros o en nuestro lugar?

Esta nota en 30 años la escribirá una máquina

El nombre de esta empresa suena a profecía o a proyecto artístico: Narrative Science. Como muchas otras empresas de la actualidad, su trabajo es encontrar la forma de que miles de personas se queden sin trabajo. Ésta en particular se dedica a introducir robots en un área de la humanidad que considerábamos sagrada: el lenguaje. Narrative Science diseña programas que dan noticias; y no sólo las dan, también las cuentan.

Sus algoritmos no sólo están diseñados para discriminar información y extraer una nota periodística de meros datos: también están programados con las nociones generales que les permitan narrar adecuadamente la nota. Aunque la tecnología de Narrative Science está en pañales sus dueños son contundentes en sus pronósticos: en 20 años los robots darán las noticias. (Vía: The Guardian)

Pero ésta no es la única esfera de la economía que los robots se están apropiando. Por momento, más bien, pareciera que van por todas las esferas del empleo. Con empresas como Narrative Science, ¿qué quedará para nosotros los humanos?

La ciencia ficción del siglo XX se ha vuelto la fuente de pronósticos más acertada para el siglo XXI. Parece no haber un solo campo de nuestra vida que no haya sido invadido por cierta angustia casi apocalíptica. Ante los temores distópicos de cada nota que anuncia el fin del trabajo humano, todos tendemos a pensar en la SkyNet de Terminator en lugar de una utopía donde los robots trabajan mientras los humanos se divierten.

Los robots escribirán best sellers, ¿y nosotros?

El futuro del empleo humano parece un problema de semántica: ¿quién es el sujeto de la oración?: El MIT, por ejemplo, pronostica que dentro de 25 años los robots serán capaces de hacer cirugías y escribir best sellers. Ojo: la oración sugiere que nos quitarán el trabajo a los humanos; no que lo harán en nuestro lugar mientras nosotros disfrutamos otra cosa. (Vía: MIT Technology Review)

El problema es que el sistema económico actual predica que los grandes corporativos reemplacen nuestros trabajos sin dar nada a cambio. Los obreros y profesionistas deberían hacer de los robots sus aliados, no sus enemigos: las máquinas deberían trabajar para nosotros; no en nuestro lugar. El elemento preocupante aquí no son lo robots sino los otros humanos, humanos capaces de decidir que una persona pierda su empleo, como ya sucede todos los días sin que intervenga una máquina de por medio.

El caso mexicano es preocupante por el nivel de dependencia que tenemos de la maquila. Según las estimaciones más realistas, el 53% de los empleos en México serán barridos para quedarse en manos de máquinas: desde administradores hasta constructores, desde médicos hasta choferes, todos esos empleos pueden ser automatizados. (Vía: Ciper)

¿Este trabajo existirá en 20 años?

La regla de oro para saber si tu empleo puede ser hecho por una máquina o no es dilucidar si tiene un alto componente de rutina o si exige poca creatividad: piloto aviador y taxista, por ejemplo, serán empleos que en muy poco tiempo cederán sus puestos a las máquinas. No hay cómo competir: lo harán mejor y a un menor costo. Los cirujanos y los periodistas acaso den más batalla pero cederán eventualmente. No así los jardineros y peluqueros; sus empleos exigen un grado de creatividad que las máquinas aún no pueden reemplazar. Ojo: aún.

Nuestros temores son muy semejantes a los que provocó la Revolución Industrial en el siglo XIX. En más de un sentido, los actuales detractores de las máquinas tienen todo en común con el movimiento luddita del diecinueve, que fundó Ned Ludd, un obrero que rompió el telar que vino a reemplazarlo y se vio motivado por el desempleo a forjar una revuelta en contra de las máquinas que, por supuesto, no prosperó. Sin embargo, 200 años después, el error del luddismo sigue siendo el mismo: ver a la máquina como enemiga y no como aliada. 

Las máquinas se quedarán el 53% de los trabajos humanos

Cada vez se necesitan más economistas y programadores pero cada vez se necesitan menos obreros y abogados. Cada vez se necesitan más médico especialistas pero cada vez menos pilotos, conductores y periodistas. En algunos países, industrias enteras como la minería quedarán barridas; en otros, como el nuestro, la industria petrolera se quedará llena de engranes. (Vía: Forbes)

El problema aledaño a la inminente revolución de las máquinas en el trabajo, es que los empleos restantes tampoco son muy prometedores: ¿Han notado como la edad de quienes atienden en McDonalds se ha incrementado en los últimos quince años? Estos empleos en sector servicios, que antes eran casi exclusivos de adolescentes, ahora son acaparados por gente con estudios de bachiller o profesionales. Y nada indica que eso se vaya a revertir.

En México, el estado no invirtió de forma correcta en formar a profesionistas calificados; y a los que formó no les pudo dar trabajo y estos se vieron obligados a ir al extranjero. Llevamos más de 30 años documentando la “fuga de cerebros” sin revertirla. Incluso, hay quien dice que hay más gente con doctorado fuera de México que en México. La gente que muy probablemente pierda su empleo mañana sin que se abra otro empleo que pueda ocupar, ¿qué hará, a qué se dedicará?

Esta humilde redactora debe hacer una confesión: cuando empecé la investigación para esta nota sobre nuestros empleos, poco o nada tenían que ver los robots en ella. Pareciera que el internet mismo a gritos exige que volteemos a ver cómo nuestro empleo no se puede desligar del desarrollo tecnológico. A mi humilde parecer, estamos ante un cambio civilizatorio ante el cual muchos de los sueños libertarios de nuestros padres al fin son posibles.

Debemos pugnar, desde ahora, porque las máquinas sean nuestras aliadas y no nuestras enemigas. debemos pugnar por un sistema económico que no nos excluya. Para ello debemos pugnar, ante todo, por un sistema educativo que nos imparta la educación que necesitamos ya y que usaremos mañana.