En Nigeria, grupo extremista libera a 82 jóvenes secuestradas desde 2014

Cada que ocurre una tragedia en el “primer mundo” muchos lanzan el grito al aire: “¿Pero por qué nadie dice nada cuando pasan cosas terribles en Nigeria?”, pero, ¿de verdad sabemos que ocurre en países como Nigeria?

Hace poco más de 3 años, en abril del 2014, casi 300 jóvenes estudiantes fueron raptadas de Chibok, un pueblo al norte de Nigeria, por el grupo terrorista Boko Haram. Las historias que han contado las pocas que han logrado escapar incluyen desde matrimonios forzados hasta torturas, violaciones y la amenaza constante de muerte -aún cuando ya lograron escapar, el grupo prometió “retribución” contra quienes se han librado de ellos.

Cuando la noticia llegó a las redes, ocurrió un movimiento que, al mismo tiempo, fue esperanzador y peligroso: #BringBackOutGirls se convirtió en un hashtag promovido por millones de personas, personalidades y celebridades, como Michelle Obama, buscaron visibilizar la terrible violencia que, seguramente, vivían esas jóvenes en esos mismos momentos; el problema fue que los comandantes de Boko Haram, al darse cuenta de la importancia de sus rehenes, se dificultaron las negociaciones, las niñas desaparecieron del mapa y su localización se hizo prácticamente imposible, al mismo tiempo que las demandas del grupo terrorista crecían.

En octubre del año pasado, el gobierno de Nigeria logró llegar a negociaciones con Boko Haram, con la participación de Chad y la Cruz Roja Internacional (CRI), se logró acordar la liberación de 21 jóvenes, que se sumaron a las cerca de 30 que, desde el secuestro, lograron escapar del grupo extremista.

La semana pasada se logró algo importante (a cambio de algo que genera, cuando menos, intranquilidad para muchos): 82 jóvenes fueron entregadas a la CRI a cambio de cinco comandantes. Las jóvenes fueron transportadas a Abuja, la capital de Nigeria, para encontrarse con el presidente, Muhammadu Buhari. Una sesión de fotos, al parecer, no podía negársele al presidente (no es que, como ellas, haya pasado más de tres años en terror constante). Grupos como Amnistía Internacional exigieron que las víctimas no fueran utilizadas de esa forma ni convertidas en personalidades mediáticas a costa de su recuperación y regreso a sus comunidades:

“[las chicas] no merecen ser sometidas a un ardid publicitario… El gobierno debería de respetar su privacidad y asegurarse de que las las jóvenes liberadas sean reunidas lo antes posible con sus familias y que no sean puestas en una detención larga ni a largas e innecesarias revisiones de seguridad, pues eso sólo podría añadir a su sufrimiento” (Vía: The Guardian)

Ésta sin duda es una muy buena noticia, en un país que lleva luchando años con un grupo extremista que, horizontalizado y regado por casi todo su territorio, hace de la violencia una moneda de cambio para lograr su cometido; a esta buena noticia, empero, habría que agregar que todavía quedan cientos (si no miles) de rehenes en sus manos.

A pesar de que, hoy, Nigeria es uno de los países con más rápido y amplio crecimiento económico en África (y, en general, dentro de los países subdesarrollados), sin embargo está luchando contra la violencia interna, enfermedades y hambrunas que sufre la mayoría de la población.

https://twitter.com/Naijaside/status/861537921454755840

Hagamos a un lado nuestras limpias de consciencia cuando decimos que “la están pasando peor en África”, cuando una mujer en México denuncia acoso, hostigamiento o un ataque sexual (si es que podemos), como si hubieran víctimas que “sí valen” porque “sí son víctimas”. ¿De verdad sabemos qué ocurre en esos países que tanto mentamos cuando nos ofende que se nombre feminicidio un crimen?

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