¿En qué va el muro fronterizo de Donald Trump?

¿En qué va el muro entre estados Unidos y México?

¿Qué pasa cuando un muro, lejos de dividir, conecta a la gente? En Ciudad Juárez un grupo de trabajadores extrae del viejo muro fronterizo materia prima: lo reutilizan, lo pepenan, usan sus restos como lámina para sus propias casas. Pareciera que el viejo muro que Barack Obama mando a reemplazar antes de irse solo ha beneficiado a un sector específico: los mexicanos. 

El viejo muro de malla y lámina fue reemplazado por una construcción con tubos de veinte centímetros de diámetro por cinco metros de alto. En un lugar del país donde ven más seguido a la patrulla fronteriza que a la policía local mexicana, a nadie le parece en exceso irónico que hayan sido los mismos mexicanos quienes construyeron el nuevo muro. (Vía: El Universal)

Desde que Donald Trump empezó su campaña de descalificaciones contra México se ha visto toda clase de actos discriminatorios y oportunidades para el encono. Pero la promesa de un muro también ha permitido que aflore una comunicación distinta entre personas en ambos lados de la frontera.

El muro no necesita tener un metro construido para parecer amenazante. En cambio, hacen falta pocas muestras de comunicación para que su función divisoria caiga por el suelo. Según estimaciones, la mano de obra mexicana representa la mitad de la fuerza de trabajo en la agricultura norteamericana. Legales o no legales, trabajan y contribuyen a cambio de las oportunidades que no consiguieron en México.

De ahí que no sea sorpresa que un granjero de Kansas mande un sentido mensaje a Trump: “necesitamos más mexicanos”. Su mensaje ha dado la vuelta al mundo pero sigue sin llegar a La Casa Blanca, aun cuando Kansas fue uno de los estados clave para la victoria republicana en las pasadas elecciones presidenciales. (Vía: Bloomberg)

Pero, mientras los mexicanos pepenan los restos de un viejo muro y los granjeros que votaron por Trump cabildean para favorecer a sus trabajadores mexicanos, entre Estados Unidos y México hay conexiones profundas que ningún gobierno puede eliminar. Y no es una metáfora de la comunicación entre personas en la era Trump: ambos países comparten, por ejemplo, mantos acuíferos que son indispensables para la subsistencia de las ciudades en la frontera. (Vía: Albuquerque Journal)

Directamente abajo del antiguo muro que los mexicanos reciclan a escala hormiga, yace una de las puntas del acuífero que pertenece a ambos países y que puede otorgar agua potable a una de las zonas más golpeadas por el desierto. El agua de este manto acuífero no distingue fronteras; y varias poblados adyacentes al muro y el manto acuífero sí conocen la carencia de agua potable.

Mientras la gente sobrelleva o revierte sus decisiones, Trump parece no enterarse de lo que opinan o sienten sus gobernados. Su última propuesta fronteriza es un muro que provea energía solar y que, aunque pueda sonar muy bien, está lejos de ser una idea rentable. Transmitir esa energía a donde habrá de usarse encarece y vuelve poco atractivo el proyecto. (Vía: El Financiero)

El muro de Trump se está cayendo sin que le hayan construido el primer metro.

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