Sin que nadie se lo preguntara y de la nada, Trump comentó frente a cámaras, que México ‘tenía que hacer un mejor trabajo’ para detener a la MS-13 (o, como la conocemos acá, la Mara), porque están reingresando ‘como agua’ a los Estados Unidos. (Vía: Time)
Por décadas, después de una oleada de medidas anti-migración establecidas por el gobierno de Bill Clinton, había una especie de acuerdo implícito entre los Estados Unidos y México: la negociación de políticas migratorias y la ayuda internacional que el vecino del norte daba a México era, principalmente, para ‘estabilizar’ un Estado crítico para los EE.UU., pero, también, para que sirviera de contención frente a las crisis humanitarias y guerras sin cuartel que la intervención estadounidense provocó en América Central.
Este acuerdo quedó prácticamente por escrito cuando Felipe Calderón y George Bush firmaron y concordaron la Iniciativa Mérida en el 2008: entonces, México estaba ya de lleno en la “guerra contra el narco” (que no fue guerra) y, parte del acuerdo, fue reforzar las fronteras en el sur de México, supuestamente, para detener el tráfico de drogas.

Han pasado 10 años desde entonces y el tráfico de drogas, quedó claro, no se frenó; como tampoco lo hizo el tráfico de personas desde países como Guatemala, Honduras y El Salvador (el “triángulo del norte” centroamericano). Sin embargo, como señala Óscar Martínez, en La Bestia, lo que sí ha crecido es el número de personas que huyen de sus casas no por una vida mejor, sino, simplemente, para salvar la que ya tienen.
Esas mismas pandillas contra las que Trump dice luchar fueron formadas en Estados Unidos, en cárceles para migrantes indocumentados, fueron deportadas a sus países de origen y, ahí, en Estados débiles, se multiplicaron.
MS-13 gang members are being removed by our Great ICE and Border Patrol Agents by the thousands, but these killers come back in from El Salvador, and through Mexico, like water. El Salvador just takes our money, and Mexico must help MORE with this problem. We need The Wall!
— Donald J. Trump (@realDonaldTrump) February 23, 2018
Como ya ha quedado claro en múltiples ocasiones, la gran mayoría de los migrantes centroamericanos buscan asilo en los Estados Unidos: al contrario de los mexicanos, no huyen de la patrulla fronteriza, sino que se entregan, ya que es el primer paso para solicitar asilo político.
Trump, lo sabemos todos, es un reverendo idiota… hasta cierto punto, pues es, quizá, el mejor para vender escándalo y su nombre y construir toda una mascarada para distraer la atención de los múltiples casos de corrupción, la evidente incapacidad y la crítica a su reacción tras la masacre en Parkland, Florida.
Su comentario, incendiario como el de cualquier troll, no sólo desconoce de los graves efectos diplomáticos que le trae a México y su (ya estresada) relación con Centroamérica, sino que evidencia que la lucha contra las drogas, el conflicto migratorio, no es más que una consideración racial: Trump no quiere cierto tipo de migrantes, el tipo que no se parecen a él.
