Marta Lamas: ¿un feminismo que no entretiene?

En 2017 la feminista mexicana Marta Lamas cumplió 70 años de edad y casi medio siglo de trabajo por los derechos de las mujeres. Para celebrarlo, en la UNAM se organizó un coloquio multidisciplinario sobre la obra de la antropóloga, quien es egresada, profesora e investigadora de esa misma casa de estudios.

Los motivos para festejar abundan: Lamas es una de las pioneras en traer al debate público asuntos urgentes sobre la comprensión social, política y legal de la diferencia de géneros. Ha dedicado su carrera a nombrar y volver visibles los modos de la violencia contra el género femenino.

“Lamas fue una de las pioneras en llevar las discusiones de género al plano público”

En el marco de la celebración, el Seminario Universitario de Modernidad, en el que ella participa activamente, convocó a unas mesas de diálogo a once hombres a discutir la obra de la festejada.

A partir de que empezó a circular el cartel de promoción del “Coloquio Marta Lamas en diálogo con XY”, se levantó en redes sociales una respuesta adversa ante dos decisiones implícitas: 1. Otorgar la palabra a puros hombres y 2. Definir “hombre” con el cromosoma XY.

¿Quién es Marta Lamas? Algunos hitos de su carrera

Desde que en 1971 Marta Lamas escuchó a Susan Sontag en una conferencia dentro de la entonces llamada Escuela de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, comenzó su identificación como feminista.

A partir de ese momento, la joven estudiante se dio cuenta de que había que hablar de las dificultades específicas que atraviesan las mujeres en su vida pública y privada por el simple hecho de serlo, tales como discriminación laboral, violencia doméstica, acoso callejero y reproducción forzada.

“Lamas colaboró en la fundación de la revista Fem y de la organización GIRE”

En 1976 Lamas colaboró en la fundación de la revista Fem, referencia obligada para los estudios de género en el país. Según cuenta Alejandra Parra Toledo:

“Fem fue concebida un año antes, en 1975, por Alaíde Foppa y Margarita García Flores […] llegaron a la conclusión de que hacía falta un medio que hablara de los asuntos de las mujeres, aunque en ese entonces varias feministas escribían en periódicos nacionales. […] Por ello se dieron a la tarea de fundar un proyecto editorial de corte feminista.

La revista Fem se proponía hablar de la condición social de las mujeres desde una perspectiva basada en la investigación académica que, al mismo tiempo, se vinculara con la creación literaria. Además de sus abundantes publicaciones en periódicos y revistas especializadas, Lamas fundó otro espacio relevante para la conversación pública sobre el feminismo: la revista Debate Feminista en 1990.

En los noventa, junto con Patricia Mercado, Lucero González, Sara Sefchovich y María Consuelo Mejía fundó el Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE), una asociación civil sin fines de lucro que se dedica a “promover y defender los derechos reproductivos de las mujeres en el marco de los derechos humanos”.

Con el tiempo, esta organización se convirtió en una plataforma de investigación y difusión de problemas como la legalidad del aborto y la violencia obstétrica, que ha permitido encontrar argumentos para exigir reformas legales en estos campos.

 

Contra la flojera: feminismos que no entretienen

Cuando Verne entrevistó a Marta Lamas para pedirle una explicación sobre el polémico coloquio en torno a su persona ella respondió que:

Es absurdo que se piense que en todos los eventos debe de haber una cuota de mujeres, así como en los bares debe de haber mixtos o solo para hombres o mujeres […] Si se hubiera anunciado Marta Lamas con otras feministas, todo mundo habría dicho qué hueva, lo mismo de siempre, digamos que la parte creativa la da la dimensión que se ha organizado en redes sociales.

A pesar de la inmensa trayectoria que la respalda, aquí Lamas en dos palabras erró los criterios para decidir cómo presentar este coloquio: “qué hueva” hace referencia a una lógica del espectáculo; donde solo lo que entretiene o divierte es llamativo para el ‘público’.

En otra entrevista, la antropóloga subrayó que no se trataba de un coloquio sobre feminismo, sino sobre ella y desde allí le interesaba dialogar con quienes han sido sus amigos y aliados durante mucho tiempo de trabajo. Según explicó Lamas en el video promocional citado arriba, lo que la diferencia de estos compañeros son sólo sus cromosomas:

“Yo quise que pusieran XY porque lo que me diferencia de esos hombres son los cromosomas. En la cabeza pensamos igual y en nuestras vidas hemos hecho cosas parecidas, nuestras causas son muy similares.”

Por un lado, por tratarse de una mujer de su talla, con una trayectoria que abrió tantos caminos para múltiples luchas feministas, quien lea su nombre en un cartel no lee sólo la referencia a su persona.

“Decir ‘qué hueva’ hace referencia a un espectáculo donde la sociedad es mero público”

Por otro, según ella misma explica en su tesis doctoral sobre  transexualidad, el género se atiene a “una lógica primordial de la cultura que convierte a las hembras y machos de la especie en mujeres y hombres sociales”, es decir, no es una categoría esencialista.

Razón por la cual, lo que la diferencia a ella de los varones invitados al coloquio no es sólo su composición biológica, sino (y sobre todo) la forma en que sus cuerpos han sido leídos y tratados por la sociedad durante toda su vida.

Sus ganas de no provocar “hueva” en el ‘público’ trae a la memoria un caso reciente en que feminismo y aburrimiento coincidieron en un mismo texto. En febrero de 2017, la escritora Valeria Luiselli dedicó su columna en El País a hablar sobre la pertinencia de ciertas luchas feministas. En un párrafo decía:

“Haber tenido que rebobinar al feminismo de la era Sputnik, me produce largos bostezos. Cuando lo oigo venir, me predispongo a una sordera selectiva.”

En aquella ocasión, el detonador de la discusión había sido la Marcha de las Mujeres en Washington que tuvo lugar el 21 de enero del mismo año. Al parecer, Luiselli se refería a que estaba harta de retomar demandas del pasado:

Marta Lamas no quería ahuyentar a una audiencia cansada de escuchar siempre lo mismo y Valeria Luiselli no quería escuchar y apoyar viejas exigencias. ¿Qué lugar será ese en el que los feminismos han llegado a tal punto en que “todo mundo” está tan familiarizado con los derechos que, según se ve, disfrutan todas las mujeres?

Feminismos y neoliberalismo

“En una vuelta cruel del destino, temo que el movimiento por la liberación de las mujeres ha establecido una relación peligrosa con los esfuerzos neoliberales de crear una sociedad de mercado libre”dijo Nancy Fraser en una nota de opinión.

Entre las contribuciones del feminismo al neoliberalismo que ella identifica están: el desprecio del trabajo doméstico, obviado al abrirse campos laborales para mujeres cuya labor se multiplicó; el olvido de la desigualdad económica, eclipsada por la lucha por la equidad de género, y el llamado a la participación activa en la democracia que sirvió como pretexto para impulsar iniciativa empresarial.

Podría añadirse algo más: no sólo es problemático que ciertos feminismos terminaron sirviendo a intereses neoliberales; sino que la lógica del entretenimiento masivo ha primado sobre algunas agendas feministas.

Las industrias de la moda y del espectáculo sacan provecho de nuevas tendencias políticas y filosóficas en torno a la mujer. Aún más: regulan las maneras en que vale la pena hablar de los derechos de las mujeres o de la historia de su lucha.

Un camino que comenzó en espacios académicos y periodísticos ahora llega al encuentro con las exigencias del mercado neoliberal que se expresa en la volatilidad del entretenimiento y la diversión en redes sociales. ¿Cómo continuar la batalla? ¿Qué modos nuevos de escritura y discusión nos ofrece el tiempo presente?

Por Nayeli García Sánchez