¿La liberación de Elba Esther es o no amnistía?

No han pasado ni 12 horas de la liberación de Elba Esther Gordillo y las teorías sobre qué fue lo que permitió que saliera de prisión domiciliaria no se han hecho esperar: desde acuerdos con EPN hasta pactos con AMLO y el gobierno de transición. Ojalá que la política nacional fuera tan simple, pero nunca ha sido así.

La captura de Elba Esther Gordillo, el 26 de febrero del 2013, dio inicio a un proceso judicial repleto de errores: en tres ocasiones, distintos jueces la absolvieron de cargos de defraudación fiscal y, técnicamente, este último fallo no fue una absolución sino un sobreseimiento de causa: la defensa de Gordillo comprobó que su dinero no fue lavado y, por tanto, el último cargo perdió sustento legal.

Para algunos, el proceso judicial completo contra Elba Esther no fue más que un ejercicio político similar al que en 1989 hiciera Salinas contra Joaquín Hernández Galicia, ‘La Quina’, el entonces líder de los petroleros.

Y es que los líderes sindicales no se construyen solos ni refuerzan su poder autónomamente, alejados del poder político y partidista. En México, desde principios del siglo XX, ese poder tiene costos y se solidifica con acuerdos políticos y de impunidad. ¿Quién construyó a Elba Esther? La respuesta sencilla sería la Presidencia de la República, esa misma institución que no supo (o no quiso) procesar su caso.

El (disque) viejo PRI y Elba Esther

El 22 de abril de 1989, de la noche a la mañana y prácticamente sin ninguna advertencia, Elba Esther Gordillo sustituyó a Carlos Jongitud Barrios como líder del Sindicato Nacional de los Trabajadores de la Educación (SNTE), presuntamente por órdenes directas de Carlos Salinas de Gortari. Luego de 13 años al mando y a unos meses del ‘quinazo’, no hubo oposición por el que fuera padrino político de Gordillo.

La cooperación entre el SNTE y la SEP, a cargo entonces de Manuel Bartlett Díaz, se reforzó tras ‘la caída’ del líder sindical que parecía que había pagado el error de apoyar a Cuauhtémoc Cárdenas (aunque, en realidad, se trató de un relevo generacional). (Vía: Nexos)

En abierta confrontación con la organización magisterial disidente, la CNTE (Coordinadora Nacional de los Trabajadores de la Educación) y no tan cercana al siguiente presidente, Ernesto Zedillo, el sexenio de 1994 al 2000 fueron tiempos de riesgo para la maestra, sin embargo, su control férreo del sindicato y la capacidad de convertirlo en una máquina de votos para el partido en el gobierno (hasta 1997, cuando inició la transición), le aseguraron el puesto.

(Fotografía: Cuartoscuro)

Las presidencias panistas y la SNTE

La transición democrática del 2000 no inició ese año: se fue fraguando desde 1997 cuando, sorpresivamente, el PRI perdió la mayoría en el Congreso y varias gubernaturas, fracturando de facto el sistema de un solo partido.

La victoria del 97 dejó claro al PAN que, para llegar a la presidencia, se tendrían que construir alianzas oscuras, firmar pactos y concretar acuerdos con fuerzas que, antes, les eran opuestas. Una de esas fuerzas era, claramente, el SNTE a manos de Elba Esther.

El PAN, como partido, se acercó al SNTE y se concretó así una alianza que no fue del todo pública sino hasta el 2003, cuando nombramientos y pactos con el sindicato y con aliados de la maestra comenzaron a hacerse innegables. Y, desde ese año, los acuerdos con la facción calderonista comenzaron a fortalecerse, de la mano de Miguel Ángel Yunes, recién separado del PRI.

Para muchos analistas, como el periodista Ricardo Raphael, los lazos y los pactos entre Gordillo y Calderón fueron los determinantes para la victoria del panista con una diferencia de menos de 250 mil votos (el 0.62% de los votos realizados).

Ya en el poder, Elba Esther cobró sus deudas: aliados cercanos a ella ocuparon cargos centrales: ISSSTE, IMSS, incluso la SEP, dirigida por Josefina Vázquez Mota, fueron piezas dentro de su juego político, y en el congreso, Nueva Alianza se convirtió en una cuña para votaciones torales.

Mientras, el PRI cayó a la tercera posición, algo que nunca había ocurrido. La ‘guerra abierta’ entre el candidato Roberto Madrazo y la maestra llevaron la agenda periodística por meses y fue tal el desgaste de la figura del tabasqueño (el príista, no el perredista) que llegó desinflado y medio odiado por muchos de quienes lo había colocado en la candidatura. (Vía: El Universal)

Elba Esther y Enrique

El regreso al poder del PRI en 2012 fue una luz roja para el SNTE. Para entonces, el partido Nueva Alianza ya no estaba del todo bajo su control y el choque con la CNTE había aumentado. A eso, habría que añadir el primer borrador de la Reforma Educativa, redactada por el Pacto por México, del que fue crítica desde el comienzo.

La detención de Elba Esther se anunció como parte de un ataque frontal contra la corrupción en los principales sindicatos mexicanos. Sin embargo, pasaron los años y los demás líderes sindicales, como Carlos Romero Deschamps  o el finado Joaquín Gamboa Pascoe (de la CTM), dejaron claro que, más que una lucha contra la corrupción, fue una demostración de fuerza: un nuevo ‘quinazo’. (Vía: Proceso)

Los fallos, los errores en el proceso de la PGR y la última decisión judicial no sólo dejan mal parados a la máxima instancia judicial del país, sino al gobierno de Peña Nieto, que no supo o no quiso (o no supo cómo ocultar) la incapacidad de su PGR y lo utilitario de su detención.

Entonces… ¿amnistía?

Elba Esther Gordillo fue puesta en libertad el mismo día en el que López Obrador recibirá su constancia de mayoría por el TEPJF. Si es una ‘coincidencia histórica’, como mencionó Olga Sánchez Cordero para El Universal, la historia tiene un muy raro sentido del humor.

Para muchos, incluido Raphael, la liberación de Gordillo responde a presiones del gobierno entrante. Más cuando hay antecedentes de la misma familia de Elba Esther en los círculos de poder de Morena y declaraciones, cuando menos, crípticas, de López Obrador.

La posición de los dos frente a la reforma educativa (por razones completamente diferentes , dejémoslo claro) los vincula frente al magisterio, y el músculo corporativo del SNTE y de la CNTE fueron centrales, para muchos, para la victoria de López Obrador. (Vía: W Radio)

Sin duda quedan muchas preguntas, pero, también es cierto, falta mucho camino por entender qué ocurrió, a qué respondió la liberación de Gordillo y, sobre todo, quién (o quiénes) son los responsables de una PGR que, aún frente a investigaciones de alto perfil, pueden hacer poco o nada para realizar investigaciones certeras.