La complicada (y no tan novedosa) historia de la ceremonia del Bastón de Mando

Uno de los momentos más comentados de la toma de protesta de Andrés Manuel López Obrador fue la ceremonia de entrega del Bastón de Mando que un colectivo de organizaciones indígenas le dieron en la plancha del Zócalo de la Ciudad de México. En múltiples ocasiones se mencionó que esta era la primera vez que se le otorgaba a un presidente en funciones y que, quienes lo hacían, hablaban por toda la comunidad indígena de México… sin embargo, no es tan sencillo y tampoco hablaban por “todos los indígenas de México” cuando realizaron la ceremonia.

Todo evento público es un evento político. Y un evento tan público con el político más importante de México (o que, al menos está hasta arriba en la jerarquía política) en el primer día de su administración está tan cargado de peso simbólico y político que parecía acorde valerse de otro elemento tan cargado de símbolos e historia como era ese momento.

La entrega del Bastón de Mando, incluso más que el juramento en San Lázaro, fue el momento central del 1 de diciembre. Porque la ceremonia política y civil es una cosa: la hemos visto decenas de ocasiones y, fuera de algún “Me canso, ganso”, u otro presidente que tuvo que entrar por la puerta de atrás, pero es siempre lo mismo. Lo que pasó en el Zócalo es otra cosa. Otra que necesita ser explicada.

Vamos por partes: primero que nada, no hay “una voz” ni “un solo representante” de las múltiples naciones indígenas de México. No lo es el EZLN, no lo es el CGI, no lo fueron Carmelina Santiago Alonso ni Longino Hernández, quienes le dieron el Bastón de Mando a López Obrador.

Y es que es imposible que múltiples comunidades, con múltiples culturas, lenguas y cosmovisiones sean representadas por una sola organización; finalmente, la democracia representativa es más una construcción europea impuesta y no tanto un acuerdo colectivo entre las naciones originarias y los criollos.

¿Importa la autenticidad?

Ahora bien, ¿es “auténtica” la ceremonia que vimos el sábado? Bueno, depende de qué entendamos por “auténtica”: si decimos que se trata de una ceremonia realizada por diversas organizaciones para concretar un traspaso de poder o para envestir un poder legítimo, sí: es auténtica.

Ahora, si decimos que algo es “auténtico” porque se hacía antes de la llegada de los españoles y sobrevivió 300 años de colonia y doscientos de México independiente… pues en ese caso la situación se complica mucho, pero mucho más.

Como escribió Yásnaya Aguilar en respuesta a tuits que denostaban la ceremonia al llamarla meramente un trasvase de una ceremonia europea, hay evidencia antropológica de una ceremonia semejante en la cultura olmeca. Sin embargo, la “legitimidad” de una tradición no se dictamina por su historia, sino por su realización constante desde el presente, como el Día de Muertos o la Navidad.

El origen es lo de menos, sino la utilización política de un sistema de símbolos. Así como, de nuevo, el Día de Muertos tuvo una función ideológica durante la posrevolución y se normalizó con el paso de los años, el paso del Bastón de Mando y su “origen” no importan tanto como su resignificación constante en el México independiente, durante el priísmo y este 1 de diciembre.

Si no importa el origen: ¿qué significa en México?

Mientras se transmitía la ceremonia del Bastón de Mando, comenzó a comentarse en redes sociales que López Obrador no era el primer presidente en recibirlo, que durante el sexenio de Luis Echeverría (sí, ese presidente con el que no se le deja de comparar).

Sin embargo, han existido ceremonias así desde la consolidación del priísmo, sólo que no durante la toma de protesta, sino durante las candidaturas, como explica Harim Gutiérrez en un hilo de Twitter. López Mateos, Colosio, incluso Salinas de Gortari recibieron bastones de mando similares durante sus campañas presidenciales.

Vaya, hace pocos meses hasta José Antonio Meade, disfrazado de chamula, recibió un bastón similar:

Entonces, ¿hay alguna diferencia?

Sí, la hay y es grande, al menos en el sentido simbólico de la ceremonia. El priísmo avalaba a sus candidatos a través de un indigenismo vanconcelista durante sus campañas presidenciales; luego, ya en la presidencia, los indígenas que entregaban el bastón volvían a ser lo que siempre fueron: escenografía.

La ceremonia que vimos el sábado fue luego de su investidura constitucional. Los tiempos importan, más cuando se habla de simbolismos. El otro presidente que recibió un bastón de mando fue José López Portillo no en su toma de protesta, sino tras la inauguración de un centro cultural.

Ahora, justamente, sólo habrá que esperar cierto tiempo para ver si esta ceremonia no será solamente una ceremonia.

Por: Redacción PA.