¿Hay una correlación entre el libre comercio y la obesidad en México?

El diario estadounidense The New York Times publicó un artículo titulado “El TLCAN y su papel en la obesidad en México”  que sostiene que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) es el principal causante de que México sea uno de los países con mayor obesidad en el mundo, dicho de otra forma, establecen una correlación causal entre el libre comercio y la obesidad.

La hipótesis central de la publicación afirma que Estados Unidos y México son los países más obesos del mundo debido a la irrupción de alimentos de todo tipo a causa del acuerdo comercial entre los países. En el caso particular de México, el reportaje sostiene que el flujo de mercancías e inversiones cambiaron radicalmente la dieta de los mexicanos ya que se tuvo acceso a comida chatarra con alto contenido calórico proveniente de Estados Unidos.

“¿Todo se echó a perder cuando llegaron las hamburguesas?”

También señalan que la transformación alimenticia de los mexicanos responde a la llegada de comida rápida y distintas cadenas de venta al menudeo (supermercados), además de la oferta de cada vez más productos típicos de la dieta norteamericana; todo esto a un bajo costo debido a la eliminación de los aranceles.

Para sostener que el libre comercio es causante de la obesidad, el reportaje señala que los índices de obesidad en México se dispararon a niveles exponenciales desde 1980, pasando del 7% al 20.3% en 2016, según datos del Instituto de Evaluación y Mediciones de Salud de la Universidad de Washington. Es decir, sostienen que la apertura comercial trajo consigo una disminución de los precios de los alimentos y al mismo una mayor oferta no solo una mayor oferta alimentaria, sino también precios mucho más bajos en estos.

“Desde 1980, la obesidad ha crecido exponencialmente; pero sus causantes son múltiples”.

Según la investigación de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, países como China e India han aumentado sus índices de obesidad desde su apertura al libre comercio. Esto se debe a que la oferta de alimentos chatarra no solo es mayor, sino que se venden a precios mucho más accesibles para la población.

Estos bajos precios en la oferta alimentaria bajaron los índices de desnutrición, pero aumentaron las cifras de obesidad, es decir, solo pasamos de un problema alimenticio a otro. Para el reportaje la causa principal se debe a la invasión de la comida rápida encarnada en compañías como McDonald’s, Pizza Hut y Coca Cola y a la expansión de cadenas de minoristas y tiendas de conveniencia como Oxxo (aunque esta es mexicana) y Walmart.

“¿De verdad estamos gordos nomás por ir a McDonalds?”

Para tratar de sostener su hipótesis, el NYT recurre a inducciones, es decir a ejemplos particulares que sirven comprobar los supuestos generales. Ahí menciona ejemplos de familias mexicanas que tienen problemas de obesidad debido a que consumen cotidianamente comida rápida, asimismo, describen los cambios en los hábitos alimenticios de la economía de autoconsumo de la granja frente a la industrializada y comercial.

Aunque el artículo pone en la mesa una reflexión interesante y bien argumentada, es posible establecer algunos cuestionamientos al respecto. El primero y más importante tiene que ver con el punto de partida que sostiene que hay algo así como una explicación causal ante fenómenos de alta complejidad tales como la obesidad y el sistema económico.

El segundo tiene que ver con cuestiones de tipo metodológico, ya que buscan comprobar su hipótesis a través de inducciones, es decir, creen que los ejemplos particulares confirman sus planteamientos generales, lo cual resulta problemático.

“Sí, México es obeso, pero no sólo por las hamburguesas; también por los tacos y las quesadillas”.

Finalmente hay algunos problemas en términos analíticos. El principal tiene que ver con afirmar que solo son los productos estadounidenses los que causaron el incremento de la obesidad en México. Esto en realidad no es sostenible, ya que la dieta típicamente mexicana también tiene productos de alto contenido calórico -piensen en tacos, quesadillas, gorditas, etcétera-.

En ese sentido, el problema es mucho más complejo, ya que si bien el libre comercio abarató los precios de los alimentos, no fueron exclusivamente los productos estadounidenses los que generaron precios más competitivos, sino que este fenómeno sucedió también con los productos mexicanos.

“La solución a nuestros problemas de obesidad están en las políticas públicas, no en los aranceles”.

Para decirlo de otra forma, la instauración del libre comercio aumentó radicalmente la oferta de productos alimenticios, por tanto,  transformó los hábitos alimenticios de gran parte de la sociedad, sin embargo, el problema de la obesidad no solo se explica por este proceso.

Por ejemplo, ¿dónde dejamos los niveles de ingreso en relación a la alimentación o la transformación de las dinámicas laborales en términos de la administración del tiempo? O ¿por qué en otros países abiertos al libre comercio no suceden estos fenómenos, piénsese en países como Canadá (miembro del TLCAN), Japón o Alemania? ¿Dónde se deja la política pública y de salud en el país?

“Achacarle el problema al sistema económico al final le quita responsabilidad a las instituciones sobre un tema de salud pública”.

Finalmente, el foco de su crítica resulta problemático ya que parecería que el sistema de libre comercio se limita al mercado de comida chatarra. Si bien, la obesidad tiene una dimensión económica, esta no tiene que ver con la oferta de productos en sí, sino con cuestiones como el nivel de ingreso y su actividad económica.

Por otro lado habría que tomar en cuenta variables como el nivel de educación, el entorno socio cultural y el acceso a la salud. Achacarle el problema al sistema económico al final le quita responsabilidad a las instituciones sobre un tema de salud pública.

Por ejemplo, paradójicamente los estados con más obesidad son los del sureste mexicano, que son aquellos que tienen mayores problemas económicos, educativos y de salud; además que son los menos impactados por el sistema económico global. (Vía: ENASUT 2016)

La solución no son los aranceles o el proteccionismo económico, sino políticas públicas tales como las cargas fiscales a productos chatarra, el acceso a la salud, a la educación y a un mejor ingreso para acceder a una dieta más saludable.

 

 

 

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